Sicariato

Por Enrique del Río González *

Aquel día la notificación del nuevo trabajo fue imprevista, los jefes ordenaron una ejecución sin planeación; la víctima llegaría por la vía al mar, se tenían los datos y características del vehículo; para ser efectivos y al mejor estilo de John Wick, impartieron el mortal encargo por el grupo de WhatsApp ‘Los gatilleros’ y el que lo terminara, cobraría. Muchos acudieron al llamado, varios coincidieron en el punto crítico, pero solo una pareja alcanzó a emitir las ráfagas que finalmente impactaron por error el cuerpo del conductor.

Este hecho no corresponde a la ficción, es la cruel realidad que vivimos sin asombro en Cartagena. En los últimos días aumentaron los homicidios sicariales, lo que puede ser un indicador de que las bandas criminales operan nuevamente con holgura. Las cifras de hoy no son más altas que en otros tiempos, sin embargo, preocupa que ante una custodiada cuarentena que ya supera los tres meses, los facinerosos anden campantes.

El sicariato es una actividad antigua, la denominación está relacionada con la expresión sica, una daga que podía ocultarse fácilmente y era usada para cometer el crimen alevosamente. En la actualidad, esta práctica criminal se ha sofisticado, en ella participan varios actores con roles específicos: el marcador, hace las labores de inteligencia para identificar los lugares y rutas frecuentadas por el objetivo, y lo señala al momento de perpetrar el operativo; los pulmones, apoyan el escape, normalmente en motos para desorientar a las autoridades y testigos.

El arma más utilizada es la pistola 9 mm, esta es entregada al asesino minutos antes del golpe, generalmente desde un carro que además la recibe después del atentado, eso garantiza coartadas ante el evento de una captura. Los lugares donde comúnmente se cometen los homicidios son las vías públicas, casas y bares. El vehículo más usado es la motocicleta pues facilita el escape.

El sicario suele ser un psicópata, impulsivo e irresponsable, desprecia las normas sociales, no siente remordimiento ni vergüenza. Mata sin odio y solo motivado por la utilidad. La etiología está relacionada con factores psicosociales: desigualdad, maltrato infantil, hogares disfuncionales, drogadicción, nula educación y la búsqueda de aceptación en los grupos criminales.

Para combatir el fondo y prevenir es necesario intervenir con un equipo interdisciplinario y con recursos las zonas vulnerables, principalmente; también es indispensable fortalecer la Policía Nacional, en especial su inteligencia y calidad operacional, la limitación al mototaxismo y la colaboración de la comunidad señalando a los responsables.

Por ahora, es muy cierta la sentencia de Michael Corleone: “si hay algo seguro en esta vida, si la historia nos ha enseñado algo, es que se puede matar a cualquiera” ¡Dios nos guarde!

* Abogado, especialista en Derecho Penal y Ciencias Criminológicas; especialista en Derecho Probatorio. Magister en Derecho. Profesor Universitario de pregrado y postgrado. Doctrinante.

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