La huella de Obregón en Cartagena

Por Iván Sanes Pérez *

Aunque nació en Barcelona y vivió sus primeros años en Colombia, y más exactamente en Barranquilla, a Alejandro Obregón casi todo mundo lo identifica con Cartagena de Indias, la ciudad donde murió el 11 de abril de 1992, y donde desplegó sus alas por completo hacia ese torrente colorido que maduró durante muchos años en sus viajes por el mundo.

Su casa, en la esquina de la calle de La Factoría, era donde podía tener al unisono el rumor intenso del mar Caribe galopando sus melodías en las olas y la posibilidad de encontrar en sus tardes veraneras tantos colores como gotas de agua tiene el oceáno.

En esa misma casona fue donde el maestro Obregón encontró, quizás en una de esas tardes mirando a lontananza el Mar Caribe, la funda exacta a su espada llamada pincel, cuando se empapó de la historia y de la gloria de Blas de Lezo, y su furia creativa con el marino español fue tanta que, a juicio de su entrañable amigo Gabriel García Márquez, “terminó por confundirse con él, y pintó numerosos retratos de sí mismo encarnado en don Blas de Lezo: Obregón tuerto, Obregón con un gancho de hierro en vez de mano, Obregón con una pata de palo“.

Uno de esos cuadros originó una disputa entre dos mujeres allegadas al pintor, quien para dirimir la pugna decidió ‘matarlo’ con sus propias manos. La genialidad de García Márquez relató este hecho de una manera magistral.

Sacó un revólver Smith & Wesson, negro, 38 largo, cañón largo, con cachas de madera, y disparó contra el lienzo la carga completa de balas blindadas. El primer tiro dio en el centro del ojo único. El segundo y el tercero, disparados con el pulso firme y una puntería escalofriante de cazador maestro, entraron por el mismo agujero. La fiesta familiar del Año Nuevo se acabó, por supuesto, pero la disputa se acabó también para siempre. Nadie se atrevió a hablar más del cuadro delante de Obregón, aunque de ningún otro se habló tanto a sus espaldas”, escribió el Nobel, quien, por esos avatares del destino, fue quien terminó con el cuadro en su casa, como regalo de su amigo.

Para nadie es un secreto en la ciudad que el trago preferido del maestro era el cartagenerísmo ron Tres Esquinas, por encima de los mejores whiskies, y cuentan sus amigos que le gustaba tomar cada trago en un vaso de ron diferente. Los iba poniendo uno al lado del otro en forma simétrica y terminaba con un hoja y un lápiz pintando lo que se le venía a la mente.

También fue quien ilustró el afiche del primer Festival de Música del Caribe, luego de que Paco de Onis y Antonio ‘Mono’ Escobar le plantearan esa posiblidad en una de las tertulias que con frecuencia hacía en el centro comercial Pierino Gallo, en El Laguito, concretamente en el restaurante Paco’s.

Según Escobar, el pintor colombo-español dijo de inmediato: “yo lo pinto“, pero una de los personajes que también estaba en el grupo inicial de los formadores del festival: Amaury Muñoz, asegura que fueron por lo menos tres semanas que demoraron para convencerlo.

Recuerdo que al principio decía: coño, si yo no se tocar ni un re, pero el mismo ‘Mono’, Paco y Nicolás Beeson le decían que sus cuadros eran como si estuvieran entonando la música caribeña, por los colores, la fuerza y la alegría, hasta que lo convencieron”, señala Muñoz.

La única condición que puso fue que le consiguieran un coco puyao, que es aquel coco que está listo para ser sembrado y que solamente reproduce su primera palmerita en horas de la noche, que fue lo que Obregón plasmó en el papel. El afiche se llamó: ‘Una nueva vida bajo una noche de luna llena’.

Otra de las aventuras de Obregón en Cartagena fue su participación en la película ‘La Quemada’, en donde hizo el papel de un general inglés. Allí conoció a Divo Caviccioli, fotógrafo de la película, y quien se quedó a vivir en Cartagena hasta el día de su muerte.

Con Caviccioli, quien puso un restaurante italiano en Bocagrande, Obregón hizo una buena amistad y juntos crearon algunos proyectos, como la fallida película ‘Nos vamos pa’ La Guajira’, de la cual el pintor era uno de los productores, y ayudó en la escenografía pintando un kilómetro de árboles y piedras a la orilla de la playa.

Varios motivos propiciaron que este proyecto no llegara a concretarse, pero sirvió para que la amistad de Obregón con el fotógrafo italiano se fortaleciera e, incluso, en ese cónclave amistoso también se unió el nobel García Márquez, quien mencionó en varios escritos al italiano que se quedó en La Heroica por siempre.

Hoy, Obregón cumple cien años de nacido, y en Cartagena y Bolívar no podemos dejar pasar por desapercibido esta fecha. Por tal motivo, la Gobernación de Bolívar, a  través del Instituto de Cultura y Turismo, Icultur, realizará un Facebook Live con la curadora de arte María del Pilar Rodríguez y con Humberto Rodríguez Puente, exgobernador de Bolívar y amigo de Obregón, quien compartirá algunas anécdotas nunca contadas y de singular valía para Cartagena. La cita para esta transmisión es las 4 de la tarde de hoy 4 de junio.
Son los 100 años de Obregón y no estará solo. A su lado, viendo cómo Cartagena le rinde honores, con seguridad también estarán otros centenarios en este 2020, como Manuel Zapata Olivella, Nereo López, Cecilia Porras y Enrique Grau, acompañando al pintor de los cóndores, toros, barracudas y de temas sociales, quien dejó una huella tan grande en nuestra tierra que es imposible de borrar.

* Director de Icultur, abogado e ingeniero de sistemas

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