Un pacto: único camino en el Plan para salvar la Educación

Por Luis Alfonso Ramírez Castellón *

Concibo el Plan de Desarrollo como una ruta de trabajo construida colectivamente por todos los actores de la sociedad civil; sin embargo, en el caso de nuestra ciudad, hubo dos hechos que impidieron que ese trabajo de construcción colectiva tuviese el rigor que la ley y la razón demandan.

Por un lado, la situación caótica coómo el alcalde y su equipo de gobierno encontraron a la ciudad. Y, por el otro, el fenómeno traumático originado por la pandemia que azota al mundo, elementos estos que se constituyeron en distractores y obstáculos fuertes que impidieron la participación efectiva de la ciudadanía y de los ciudadanos en la construcción del Plan de Desarrollo como carta de navegación del gobierno para el cuatrienio 2020-2023.

Eso, por supuesto, causa una profunda preocupación, que, a mi juicio, se evidencia a lo largo del texto del Plan que el alcalde Dau después de “hacer las paces” con el Concejo Distrital, en un acto de “mayoría de edad”, presentó a la corporación para su estudio, debate y aprobación.

Si bien es cierto que el plan inicia su presentación con el eslogan de su programa de gobierno ‘Salvemos juntos a Cartagena ¡por una Cartagena libre y resiliente!, no se observa un diagnóstico riguroso del estado actual de la situación que sustente las propuestas de los programas, la asignación de recursos y la coordinación intersectorial en cadena de valor, que la administración debe lograr al 2023, cuando culmine su gestión y al 2030, cuando se cumpla la vigencia de los Objetivos del Desarrollo Sostenible, razón por la cual las líneas estratégicas, como columna vertebral del plan, no encuentran unos sustentos presupuestales fiables, que los hagan viables para la ejecución de los programas, a objeto de posibilitar el desarrollo de la ciudad, en correspondencia con los cuatro pilares de la estructura del plan, a saber: Cartagena Resiliente, Cartagena Incluyente, Cartagena Contingente y Cartagena Transparente.

En ese orden de ideas y a objeto de coadyuvar en el único y buen propósito de contribuir al proceso de la ciudad, me voy a referir a la Línea de Educación, Con la educación para todas y todos salvamos juntos a Cartagena” cuya estructura, en cada uno de sus programas, presenta algunas inconsistencias e imprecisiones, relacionadas con indicadores, líneas de base y metas, en aspectos tales como: tasa de cobertura, número de instituciones educativas oficiales (excluye las privadas) ubicadas en las distintos niveles de la clasificación de la Prueba Saber 11, porcentaje de egresados beneficiados con becas de educación superior anualmente (dejando de lado el porcentaje de alumnos de las I.E oficiales que ingresan a la Universidad de Cartagena), que es un gran referente a tener en cuenta, entre otros aspectos para solo citar esos.

Lo propio ocurre con otros indicadores de los programas del Plan, como los casos de Primera Infancia, Formando con Amor, Desarrollo de Potencialidades, Participación, Democracia y Autonomía, Educación mediada a través de las tecnologías de la información y las TIC, Movilización educativa “Por una gestión educativa transparente, participativa y eficiente y el Fortalecimiento de la oferta de Educación Superior Oficial del Distrito de Cartagena“, cuyos datos requieren ser revisados, actualizados, precisados y sustentado.

Especial atención merecen, igualmente, algunos de los aspectos señalados y recabados constructivamente en la audiencia del día 12 de mayo de 2020 por el presidente del Sudeb, profesor Pedro Herrera, en el sentido de recordarle y reclamarle a la Administración que los cartageneros y cartageneras merecemos una educación de calidad, que nos permita soñar con un mundo mejor, por lo que hizo un llamado a que se señalara con claridad meridiana en el plan el monto de los recursos que el Distrito apropiará para la Educación en el cuatrienio, que se retomen y se tengan en cuenta de manera clara e inequívoca los objetivos de la Ley General de Educación, relacionados con el concepto de formación integral, y se incluyera, de una manera efectiva, más allá, del mero enunciado, lo relativo a la participación, democracia y la autonomía de la escuela, no solo desde el gobierno escolar, sino desde los Foros educativos, las juntas distritales de educación y los planes decenales.

En esa perspectiva, cobra singular importancia en el tema de la educación de la ciudad lo que ha venido siendo el clamor de la academia y de la ciudadanía, en el sentido de hacer una reingeniería moral y ética en el   sector, que solo es posible a través de una cruzada o un pacto ciudadano, donde participen todos los sectores a saber: universidades, maestros, sindicatos de educadores, empresarios y académicos, que nos permita rescatar la esperanza perdida, sacando la educación del ostracismo en que se encuentra, conjugando una suma de esfuerzos, a fin de multiplicar la inversión desde una convergencia de voluntades, que presuponga una verdadera educación para el desarrollo humano, y que lleve implícita la inclusión y la superación de la pobreza.

Caso contrario, la escuela y la educación de Cartagena seguirán transitando por el camino del fracaso, muy lejos de ser una escuela y una educación concebida y cimentada en términos de posibilidades, que concite la atención de los niños y jóvenes, en cuanto se erija y se configure como un espacio de encuentro afectivo para encontrarse desde la ciencia, la valoración del otro, la cultura y el amor; en el cual la pedagogía y el maestro propendan por el desarrollo de un enfoque educativo que logre potenciar las capacidades y los talentos de los estudiantes desde el saber, saber hacer y desde la dignidad en cuanto ser.

Esa es la escuela y la educación que requiere y reclama la ciudad. Una escuela financiada, multicolor en términos de posibilidades y derechos, encaminada a cerrar la brecha en la ciudad más desigual de Colombia, para que pronto, muy pronto, los niños puedan vivir en un mundo mejor, ese que le tenemos prometido, en correspondencia con lo que la ciudadanía espera de quien nos dijo y nos convenció que una mejor ciudad era posible.

¡Salvemos la Escuela!

Rector de la I.E. Soledad Acosta de Samper

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