Amor y control

Por Yolanda Wong Baldiris *

Así se titula una de las canciones de Rubén Blades, la cual es una combinación de equilibrio emocional, condición recomendada en las circunstancias que vivimos en tiempos de pandemia.

Más allá de las situaciones que hoy rodean el diario vivir, mantener nuestra salud mental se vuelve un reto, toda vez que nos agobia la incertidumbre por el confinamiento indefinido, además de implementar como costumbre unos protocolos de higiene por temor a contagiarse de esa patología que lleva como nombre coronavirus, y es que esa pandemia llegó para modificar nuestro diario vivir, y me atrevo a decir que será hasta tanto no se desarrolle una vacuna que cree inmunidad contra el Covid en el ser humano. Esas situaciones generadas por el coronavirus están incitando a que en los hogares cartageneros se pierda el amor y el control, afirmación que tiene su sustento en las crecientes cifras de violencia intrafamiliar, violencia de género e intolerancia.

Es un desequilibrio propio de la emocionalidad y el comportamiento frente al estado de estrés y ansiedad que genera la economía doméstica, la estabilidad de los proyectos familiares, el desempleo y en ocasiones el no alcanzar los objetivos trazados en un mundo que parecía, pero ese mismo que hoy te impone una nueva cotidianidad a la cual nos tenemos que acostumbrar.

Es por eso que todo esto se convierte en un reto para las autoridades, ya que se debe fortalecer la hoja de ruta retomando las Casas de Justicia Móvil, programa del Ministerio de Interior, que en buena hora lideré como ejercicio de un Gobierno descentralizado y cercano al ciudadano.

De igual manera, celebrar convenios con la ONU, PNUD, Centros de Conciliación, Facultades de Psicología y Consultorios Jurídicos de las diferentes Universidades, puesto que son herramientas necesarias que despejan el desasosiego que en estos momentos envuelve al dugout, como dijera mi amigo Luis Alberto Payares Villa narrando un partido de beisbol profesional.

Implementar o mantener estrategias de Cultura Ciudadana y Reeducación en casa, ya que son de vital importancia en estos momentos en los que una ciudad se sale de control, echándole la culpa al hambre que arrecia en muchos techos de las zonas vulnerables del corralito de piedra. Es por eso que se tiene que poner en práctica la modalidad que nos caracteriza de ‘mamá pegona’ para que sea atípica una cachetada entre la pareja, corregir con golpes o con frases insultantes a los hijos, nietos y sobrinos, métodos obligatorios a los que tenemos que acudir cuando ya no quedan otros recursos que preserven el orden en la familia.

La convivencia 24/7 ha desnudado un nuevo virus como lo es la violencia intrafamiliar, de género o la intolerancia, afianzando además conductas de desacuerdo, contraposición y sometimiento; también ha permitido que las familias se sigan conociendo y a la vez aceptándose con sus virtudes y defectos.

Dice Rubén Blades en su clásico, sabiamente, que “familia es familia y cariño es cariño“, pero abandera aún más el valor del amor cuando dice: “por más que creas que el amor es causa perdida, ten la seguridad de que ellos te quieren y que ese cariño dura toda la vida“. Es cierto que en una familia normal los valores del amor y la tolerancia son bases para la unidad pero no es menos cierto que hace algún tiempo se perdió el rumbo y se potencializaron más derechos que deberes. Es por ello que la permisividad campea en el espacio de la libertad sin límites.

Por último, es menester afirmar que soy conocedora del profesionalismo del secretario del Interior del Distrito, David Múnera Cavadía; por eso creo que él será garante de una buena ruta de atención de las Casas de Justicia Móvil, del beneficio otorgado por convenios o ayudas, así como también de la puesta en marcha de sus ideales comunitarios y descentralizados de la Administración. No esperaría menos del profe. También quiero decirle que ahí tiene a la Policía Nacional en cabeza del general Sanabria; sé que ellos están trabajando de la mano de una excelente estrategia de prevención porque son conocedores de la idiosincrasia del pueblo cartagenero. Los invito a que articulen; me atrevo a decir que dará buenos frutos, ya que conozco las fortalezas que tiene dicha institución, de las cuales me percaté cuando trabajé mancomunadamente con ellos siendo secretaria del Interior y alcaldesa encargada.

Cuánto amor y cuánto control tiene que haber en una casa, mucho control y mucho amor para enfrentar la desgracia…” Termino con ese tarareo que lo llevo a nivel de educación porque los cartageneros sí aprendemos, pero por asociación, y hoy creo que la salsa nos identifica y son las notas musicales una buena lección de asocio.

* Abogada especialista en Derecho Administrativo y magister en Contratación Pública y Privada

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