Una nueva normalidad

Por Felipe Merlano de la Ossa *

El coronavirus transformó al mundo. Y ese cambio, con repercusiones en toda la humanidad, nos ha conducido por un camino de acciones extraordinarias, anormales. El primer semestre de 2020 será recordado en nuestra historia como un período de dislocación, disrupción y desbaratamiento. La vida, como la conocíamos antes de esta calamidad, no volverá a ser la misma. Ante la pandemia, el todo y las partes habremos perdido algo.

??????????El Covid-19 será superado en algún momento, tal como ha sucedido con las otras pestes que han azotado a nuestra civilización en el pasado. Y mientras eso acontece habrá un lapso en el cual empezaremos a explorar el tránsito hacia la próxima forma de vivir y relacionarnos, el advenimiento de otros hábitos y costumbres; es decir, entraremos a una nueva normalidad.

Los esfuerzos de los gobiernos se concentrarán en diseñar e implementar políticas públicas para las personas: naturales y jurídicas. En mi opinión deberemos abrevar nuevamente en las fuentes de John Maynard Keynes, Raúl Prebisch y, el tan de moda en Cartagena de Indias, Amartya Sen.

La intervención del Estado en la economía, la emisión monetaria, la estimulación de la demanda, el incremento del poder adquisitivo de los agentes económicos, el aumento de los ingresos estatales y familiares, el apoyo a las empresas, las subvenciones, el proteccionismo arancelario y algunos controles de precios, seguramente estarán en el menú de opciones de los responsables de las políticas económicas y sociales de nuestro país.

La inversión pública en obras estratégicas que generen empleos para la gente, aún a costa de un eventual y temporal déficit fiscal; la emisión monetaria que impulse el nivel de la actividad económica, sin perder el control de la inflación dentro de los primeros dígitos; el crecimiento económico jalonado por la inversión privada vía tasa de interés; el desarrollo que coloca en el centro de atención a la persona humana; la protección de la producción nacional y el consumo preferencial de bienes y servicios nacionales, son enseñanzas que nos aportan las crisis mundiales precedentes.

En nuestro territorio la sociedad tenderá a mostrar una mayor responsabilidad social y ecológica, orientando a los ciudadanos a elegir mandatarios que privilegien la salud, la educación, la preservación del medio ambiente, la protección de nuestros cuerpos de aguas (bahía, ciénagas, caños, lagos y lagunas) y cerros (La Popa, Loma del Peyé y Cerro de Albornoz), la calidad del aire, y la lucha contra la miseria, pobreza, inequidad, desigualdad y exclusión.

Es hora, entonces, cuando todo apunta hacia el confinamiento inteligente, a construir la estrategia de reordenamiento de nuestra sociedad y economía. Mientras un equipo trabaja en la parte de salud pública, debe haber otro equipo pensando y actuando en materia de política económica de desarrollo equitativo y equilibrado.

Las preguntas obligadas son: ¿se está haciendo esto en Cartagena de Indias? ¿Existe algún grado de estimación del impacto del Covid-19 sobre las economías emergentes (Colombia) y sus consecuencias en las regiones y localidades? Lo que nos corre pierna arriba es un doble choque, interno y externo, de magnitudes pocas veces vistas. Si no avanzamos en la discusión de un Plan de Recuperación, de un Nuevo Contrato Social, corremos el riesgo de que la gran recesión nos sorprenda pendejeando. No nos llamemos a engaños: las previsiones económicas para las regiones emergentes son preocupantes.

La economía de Cartagena se soporta en las actividades portuaria, turística, industrial, servicios y construcción de obras privadas y públicas. En este momento, el desempleo y subempleo cabalgan hacia un despeñadero. La cadena del sector turístico (hoteles, agencias de viajes, restaurantes, bares, joyerías, guías de turismo, transporte, entre otras) clama por medidas de apoyo que le permitan sobrevivir; la construcción de edificios, oficinas y las obras civiles está ralentizada; el comercio en general está afectado. Ni se diga el de los centros comerciales y las grandes superficies; los pequeños negocios, las microempresas, el mismo comercio informal. En fin, todo nuestro aparato productivo está paralizado o semi estancado.

¿Cuál va a ser la respuesta desde la política fiscal territorial? ¿El gobierno estará pensando en una estrategia anticíclica? ¿Eliminará -por fin – la red de exenciones tributarias que no impactan en forma positiva el empleo y los ingresos?, ¿se atreverá a plantear un estatuto tributario progresivo?, ¿cómo se va a recuperar el empleo local?, ¿cómo se va a reactivar el turismo en la ciudad heroica?, ¿hasta cuándo durará la entrega de mercaditos?, ¿se conocerá el Plan de Saneamiento Fiscal y Financiero?, ¿cómo se cruza este plan con el de recuperación económica?

Estas son solo algunas de las preguntas que deberemos responder en los próximos días. Hay colectivos que empiezan a plantearlas. Urge una reflexión plural y previa. Aquí también es válida la supremacía de la inteligencia colectiva sobre la individual. Aquí es donde la concertación desplaza a la imposición. Aquí es donde todos a una, como en Fuenteovejuna, construimos la nueva normalidad. ¡No hay otra opción!

* Economista con especialización en Finanzas y Legislación Financiera. Exsecretario General y exsecretario de Hacienda de Cartagena.

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