Más difícil que el Niágara en bicicleta

Por Yolanda Wong Baldiris *

Esa pegajosa canción del músico dominicano Juan Luis Guerra donde manifiesta su temor de estar en un hospital, cuyo estribillo dice: “No me digan que los médicos se fueron, no me digan que no tienen anestesia, no me digan que el alcohol se lo bebieron…”, refleja la angustia que causa a un paciente percibir el mal servicio en un hospital.

En Cartagena los médicos no se han ido, están en el hospital de seres humanos con la vocación y el apasionamiento por lo que hacen como se caracteriza la gente del Caribe colombiano, pero no basta esa actitud y empeño para solucionar la dura crisis que estamos atravesando en este momento.

Las estadísticas en morbilidad, contagio y capacidad física instalada hospitalaria no favorecen al gremio médico y paramédico: ¡son desalentadoras! Y hoy amanecen con una herida de muerte, pues uno de sus honorables generales, Álvaro Fortich, se hizo a un lado por no ser escuchado.

La tropa está desmotivada y en un claro sinsabor, advirtiendo su preocupación por el crecimiento del Covid-19, se manifiesta en redes otro de los generales destacados, con estrellas reconocidas desde la lucha por la reapertura del hospital universitario: Rubén Sabogal.

Y aunque siga pensando que el futuro es prometedor y sueñe con que esta ciudad sigue siendo fantástica, tengo que analizar las frías cifras que la pandemia nos arroja, hago reglas de tres simples y compuestas, sumas, divisiones y multiplicaciones, pero al final solo resultan números negativos y alarmantes.

Llevamos cerca de 63 días confinados en un toque de queda durante el cual aplaudimos la decisión del gobierno distrital y hasta se realizó un cacerolazo de respaldo, tiempo suficiente para hacer las siguientes operaciones matemáticas:

Según reporte del registro especializado de prestadores de salud en Cartagena contamos con 217 camas de Unidad de Cuidados Intensivos para adultos; 52 camas de UCI pediátrica y 92 camas para Cuidados Intermedios. Ello significa que nuestro 100% de capacidad física instalada es de 364 camas para atender todas las patologías que arroja el perfil epidemiológico de la ciudad, incluyendo los contagiados por la pandemia del Covid-19.

En una regla simple de matemáticas podemos evaluar que esa capacidad física instalada no cubre ni el 50% de los contagiados por Covid-19, toda vez que nos toca asumir todas las patologías con esa misma capacidad física instalada.

En medio de la angustia del ‘Niágara en Bicicleta’ surgen interrogantes, a los que trataré de buscarles respuestas lógicas.

¿Usamos los 63 días del confinamiento para planear y adecuar la capacidad física instalada? La respuesta es un NO sostenido.

¿Qué podemos hacer para no cruzar el ‘Niágara en Bicicleta’? Planear una estrategia en salud, utilizando la capacidad física instalada; adecuar los pisos de los hospitales de la gente (Clínica del Bosque, Jesús de Nazareth y Hospital Universitario), de lo contrario estamos derrotados y exponiendo los mejores hombres de las filas: el personal médico y paramédico.

Alguien con quien conversaba hoy me preguntaba: ¿cómo lo harías? Y le dije: confiar en un equipo epidemiológico conformado por Unisinú, la UdeC y Uninuñez, el cual liderarían los profesionales Juan Montes Farah y Fernando de la Vega porque buscaría una combinación de medicina crítica e infectología.

Otro interrogante es: ¿cómo se abordaría la capacidad física sin adecuar? Se debe unir el Gobierno departamental con el distrital y financiar en conjunto los pisos especiales del Hospital Universitario y la Clínica del Bosque con recursos de libre inversión, con recursos de tasa portuaria, plantear un proyecto de recuperación, dotación y asistencia hospitalaria con objeto específico en la pandemia, y asumir el 50% de la cartera por prestación de servicios que el Distrito le adeuda a la red hospitalaria propia y la privada. ¿Qué si hay recursos para asumir los costos? La respuesta es un SÍ rotundo, y el secretario de Hacienda del Distrito debe hacer, juiciosamente, un ejercicio financiero para tener el dinero o en su defecto acudir al pago anual de las acciones de los negocios donde el Distrito participa, tales como Aguas de Cartagena, la Sociedad Portuaria y la Concesión Vial.

Es un panorama deprimente para el ciudadano de a pie, pero lo es aún más para los valientes médicos y paramédicos que por su vocación hoy exponen sus vidas por salvar otras cumpliendo a cabalidad el juramento hipocrático.

Por eso hoy pido una ovación de pie para ellos porque también son padres, madres, hermanos, abuelos, esposos, en fin, tienen unos familiares que también los esperan con vida en casa, como lo hacemos diariamente en mi hogar esperando a una valiente hermana que se expone prestando sus servicios.

Oremos por ellos, pero también levantemos la voz pidiendo al Gobierno Distrital que actúe ya y recupere los 63 días que ha perdido para adecuar los hospitales de la gente. De lo contrario estamos derrotados sin haber salido.

* Abogada especialista en Derecho Administrativo y magister en Contratación Pública y Privada

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