Reflexiones sobre el Día de la Libertad de Prensa

El miércoles 22 de abril El Universal se refirió a la atención que, según él, ha llamado “el papel que estarían jugando algunos periodistas que se comunican con su audiencia por medios tales como WhatsApp, Instagram o determinados portales, por supuestamente brindar sus espacios para denostar de la administración distrital con la aparente ausencia de pruebas de los actos que anuncian como espurios“.

Y advierte el diario en su editorial, titulado ‘Control político y oposición’, que con dicha práctica los susodichos comunicadores “no sólo pretenden dañar la reputación del alcalde Dau o de sus coequiperos, sino que, de paso, y es igualmente grave, se aventuran a menoscabar la credibilidad en el periodismo cuando no son capaces de sostener, con pruebas fidedignas, las imputaciones deshonrosas que formulan sin más sustento que el comadreo y la calumnia“.

No obstante, días después: el lunes 27 de abril, el mismo diario dedicó su editorial, titulado ‘Urgen más explicaciones’, a un informe de la Fundación Cívica -social pro Cartagena -Funcicar – que da cuenta de una serie de inconsistencias y presuntas irregularidades en torno a la adquisición por parte del Distrito de 10 mil pruebas rápidas del Covid-19.

Tras conocer las explicaciones que sobre el grave hallazgo intentó dar la funcionaria responsable, El Universal señaló que “las respuestas dadas (…) no han sido satisfactorias. Por el contrario, dejan un manto de duda que puede hacerle daño a una administración que ha probado con creces estar comprometida en la lucha contra la corrupción. En consecuencia, la ciudad espera que el alcalde Dau tome el control del asunto y, si encuentra que los hallazgos de Funcicar tienen fundamento, entonces que proceda a corregir lo subsanable, así como a adoptar las decisiones drásticas que dejen clara su posición de intransigencia con tales conductas”.

Debió el editorialista recordar, claro está, y así lo hizo al comienzo de sus comentarios, que días antes había señalado que “merecen rechazo social actos dirigidos a dañar la reputación y gobernabilidad de la actual administración distrital“, pero también que había advertido que “cosa distinta debe ocurrir en el evento que se muestren pruebas valoradas con criterios objetivos, que tengan la vocación de resistir el aquilatamiento de expertos en ciencias forenses, en cuyo caso no sólo sería pertinente, también necesario que se revelen a las autoridades y a la opinión pública“.

Ese par de editoriales, y sus menciones a la actitud de varios periodistas locales, vienen a cuento a propósito de ser hoy -3 de mayo – el Día Mundial de la Libertad de Prensa.

Como deberíamos saber los que ejercemos el Periodismo, desde 1993, todos los 3 de mayo, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por sus siglas en inglés) promueve diversos eventos para promover el ejercicio de una prensa independiente y con el fin de defender a los medios de comunicación de los ataques de los poderosos.

Este año, sin embargo, por la pandemia del Covid-19, los actos conmemorativos del Día de la Libertad de Prensa se realizarán del 18 al 20 de octubre en La Haya, Holanda, con un programa que incluye una conferencia sobre la seguridad de los periodistas, un festival sobre la libertad de prensa dirigido a los jóvenes y, como es habitual, la ceremonia de entrega del Premio Mundial de Libertad de Prensa Unesco/Guillermo Cano, entre muchas otras sesiones.

Sin actos a los que seguir el día de hoy, hemos -entonces – reflexionado sobre las enseñanzas que nos dejaron los citados editoriales.

Y conociendo la forma como se ejerce el periodismo en la ciudad (y no solo en “WhatsApp, Instagram o determinados portales” sino también en los medios tradicionales) debemos comenzar por reconocer que a algunos comunicadores locales lo que les falta en rigor y responsabilidad les sobra, y con creces, en chabacanería y ordinariez. Ello es una verdad de a puño.

Pero -igualmente – conociendo las movidas del poder en Cartagena y Bolívar y, sobre todo, las fortalezas y debilidades de algunos de los actuales actores estratégicos, debemos concluir, parafraseando al expresidente Belisario Betancourt, que es preferible una prensa mal hablada, e incluso desbordada, que una sumisa y al servicio de las fuentes oficiales.

En general, estamos convencidos, como lo estuvo el filósofo y ensayista Albert Camus, que “una prensa libre puede ser buena o mala, pero sin libertad, la prensa nunca será otra cosa que mala“.

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