Volver a lo esencial

Por Danilo Contreras Guzmán *

Meros ciudadanos como yo, preferimos no estar en los zapatos de quienes gobiernan en esta crisis. Creo no exagerar señalando que en cada decisión los actuales mandatarios se juegan la vida de sus conciudadanos.

Voté en blanco a Gobernación de Bolívar y a la Alcaldía de Cartagena, pero deseo sinceramente que gobernador y alcalde tengan éxito en la gestión de este reto inédito. Y por esto me atrevo a hacer algunas observaciones.

Hace unos días clamaba, en otra nota en este mismo portal, por una reunión entre Dau y Blel. La reunión se dio y el gobernador anunció un abono a la deuda que tiene el Departamento con el Hospital Universitario de Cartagena; el abono cae de perlas para la habilitación de los pisos abandonados de este establecimiento sanitario para atender a enfermos de Covid-19.

Sin embargo, de no ser por ese anuncio, el encuentro podría calificarse como una reunión social pues no se conoció de una agenda conjunta que permita aunar esfuerzos y recursos para enfrentar la pandemia. Una agenda compartida en materia sanitaria, en temas de abastecimiento alimentario y asuntos de seguridad, por ejemplo, es impostergable. Las Secretarías de ambas entidades deben esforzarse por dar cuerpo a un plan conjunto.

Otra anotación es la relacionada con el anuncio hecho por el gobernador en el sentido de destinar $7.200 millones a los municipios y distritos del departamento a fin de que sus alcaldes los destinen a comprar mercados, entregar bonos redimibles en supermercados o a giros en efectivo. Esto me parece un craso error, casi una dilapidación que atiende a un modelo de gobierno y dirección de emergencias distintas a la actual pandemia.

Mi mujer, cuyas raíces están en San Jacinto, Bolívar, me ha recordado en estos días que su padre, el viejo Tavo (Q.E.P.D), tenía sembrado en el ‘traspatio’ de la casa, yuca, caña de azúcar, verduras y árboles frutales, en tanto que la vieja Mati, su señora madre fallecida, tenía para esas épocas pretéritas una cría de pollos en un pequeño corral. Esta humilde abundancia mantenía abastecida a la familia y servía para comercializar excedentes. El abastecimiento en los pueblos de la región ha cambiado pero los tiempos indican que debemos volver a lo esencial.

Yuval Noah Harari en su best seller ‘De Animales Dioses’ ofrece este dato: “Cada año la población de Estados Unidos gasta más dinero en dietas que la cantidad que se necesitaría para dar de comer a toda la gente hambrienta en el resto del mundo. La obesidad es una doble victoria para el consumismo”. Traigo la cita pues la ‘normalidad’ nos impuso patrones de consumo que, probablemente, resultan irracionales en esta crisis.

Me pregunto: en el caso de que los alcaldes den un manejo adecuado a los recursos girados por la Gobernación, sobre lo cual guardo prudente escepticismo, ¿qué hará la gente luego de gastarse el mercadito por valor de $75 mil? ¿Por qué ofrecer ayudas humanitarias si los datos no dan cuenta de desabastecimiento en la región?

Acá en la cocina, hubiese preferido que esos recursos se destinaran a fortalecer el presupuesto de la Secretaría de Agricultura que ha sido la cenicienta histórica de la hacienda pública departamental. Lo que se invertirá en ‘mercados’ triplica el presupuesto actual de esa dependencia.

Volver a lo esencial significa, en este caso, redimensionar la actividad agropecuaria en nuestra región. Esos recursos aplicados de manera distinta hubiesen permitido adquirir semillas de yuca, ñame, maíz, frutales, frijol cuya época de siembra comienza con las primeras lluvias que pronto llegarán. Si un campesino de San Cayetano sembraba un ‘cuarterón’, el gobierno departamental y las administraciones locales deberían garantizarle que siembre una hectárea, ofreciéndole semillas, insumos y asegurándole la compra de la producción para que esos mismos mercados que ahora se comprarán en las grandes supertiendas se armen con el producido de los campesinos en un circuito virtuoso.

De otra parte, a raíz de una nota que cometí hace ocho días, amigos funcionarios de la Alcaldía de Cartagena me solicitaron explicarles algunas ideas que expuse con relación a la distribución de los auxilios alimentarios, considerando las críticas que se han escuchado por las inmensas colas que se congregan en los supermercados de la ciudad con los que se contrató la entrega de mercados.

Mi propuesta es sencilla: la logística de entrega de mercados debe considerar a la economía popular, mal llamada informal, que en la actualidad sufre dificultades, para que la referida entrega evite aglomeraciones que contravienen el aislamiento social.

Sugerí una prueba piloto que utilizara 150 tiendas, 105 locales del mercado de Santa Rita y 300 mototaxistas para hacer entrega de cinco mil mercados, inicialmente. Cada tendero de barrio o colmenero de Santa Rita entregaría 20 mercados a beneficiarios previamente definidos y residentes en cercanías a Santa Rita y tiendas de la zona con listados suministrados por la Alcaldía, escogidos en sus bases de datos y en concertación con líderes comunales en los casos de personas que no tengan información de contacto telefónico o que necesiten la ayuda y no aparezcan en listados oficiales. Por su parte, los 300 mototaxistas, previamente seleccionados y concertados con los líderes de ese gremio, entregarían dos mercados cada uno, en una especie de servicio a domicilio, y se quedarían con un mercado para su familia. Esa fórmula evitaría congestiones y permitiría pagar $10 mil a cada tendero, colmenero y mototaxista por mercado entregado y aliviar así, mínimamente, las carencias que esta economía popular, de forma que los recurso de la contratación no queden solo en manos de los grandes supermercados. Hay ofertas que, con el mismo precio y surtido de los mercados entregados en los últimos días, permiten hacer el reconocimiento económico a los distribuidores.

No es sensato que sigamos viendo en Facebook y en televisión verdaderas caravanas de funcionarios repartiendo mercados en los barrios sin orden aparente. Barranquilla y Medellín han organizado el tema y es recomendable replicar buenas prácticas.

Harari, en su última obra ’21 lecciones para el siglo XXI’ señala: “no podemos estar seguros de las cosas concretas, pero el propio cambio es la única certeza… Para sobrevivir y prosperar en semejante mundo necesitaremos muchísima flexibilidad mental y grandes reservas de equilibrio emocional”.

Innovar es clave, pues abandonar viejos paradigmas y adaptarse al cambio es lo esencial ahora.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y magister en Derecho con énfasis en Derecho Público.

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