Solidarios e interdependientes

Por Rafael Vergara Navarro *

Ganaremos la batalla contra el Covid-19 si seguimos orientados en favorecer el bien común. Ese es el reto de los gobiernos del mundo en este momento de conteo diario de expansión del virus, de infectados y fallecidos, de la inversión de recursos no previstos para combatirlo.

Si abandonamos ese norte se agravará el conflicto social prexistente, que es respuesta al modelo económico desigual, brutal, contaminador y excluyente impuesto en el mundo y que se replica más o menos humanizado al interior de los países y en los diferentes órdenes de la sociedad.

Ante la incertidumbre, como nunca, el Estado tiene que ser el fiel de la balanza y garante de ecuanimidad, con gobernantes, infectables como todos, capaces de ponerse por encima de las ideologías, poderes económicos y presiones imperiales.

Se reconocerá su grandeza si entienden que más allá de los índices de crecimiento y la ambición de los poderosos, las decisiones económicas tienen que favorecer con prioridad y eficiencia a las mayorías, a los más necesitados, y garantizar la dignidad a todos lo que viajamos en esta agredida nave hermanados en la causa.

Si las soluciones sociales a la crisis el gobierno las debilita por priorizar el interés de la minoría, ante el descontento y la vocación de poder de la protesta abriría la puerta a la represión, lo que nutriría el caos: la mezcla explosiva de la pandemia y el hambre de la gente en las calles, sin empleo ni posibilidad del rebusque cotidiano. Y no puede ser, lo sabemos; sin confinamiento la expansión del virus es exponencial.

Le llegó al capital el tiempo de revertir a la sociedad parte de sus exuberantes ganancias, y ello será así porque la garantía de la paz social exige recursos, más allá del paliativo oficial de la devolución del IVA. Más allá del teletrabajo los sectores medios exigen recursos para pagar sus obligaciones y producir, lo que es difícil confinados.

No nos engañemos: la emergencia superará el mes de abril y se requiere creatividad porque es una utopía preservar la salud y mantener el ritmo de la economía.

Viví en 1985 el terremoto de México que desnudó como hoy la vulnerabilidad del poder y el ego humano, y como tesoro guardo el imborrable recuerdo de estar en una larga fila moviendo piedra a piedra, ser una gota más de un río pluriclasista, pueblo auto-organizado, rebasando al estado ausente, rescatando la vida y fortaleciendo el ser solidario de una Nación.

“Democratizada la muerte”, la ayuda al otro es a uno mismo y por eso la agradecemos en quienes con el gobernante a la cabeza toman decisiones, reparten alimentos por doquier, cuidan los enfermos y donan mercados y dinero.

Este malvado virus hizo brotar la nacionalidad y la igualdad entre nosotros, por eso como dice el Padre Pacho de Roux: “vivir con grandeza la vulnerabilidad es ser auténticamente solidarios e interdependientes”.

* Abogado, ambientalista, gestor de Paz y director del Ecobloque

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