El Covid y los Planes de Desarrollo: un nuevo horizonte

Por Andrés Betancourt González *

Hasta hace pocos días los gobiernos regionales tenían una agenda para diseñar, presentar y discutir los planes de desarrollo que guiarán la inversión pública y los diferentes programas y proyectos en los próximos cuatro años.

La Ley establece el 30 de abril como fecha límite para que los entes territoriales -Gobernaciones y Alcaldías – presenten los planes de desarrollo ante las diversas corporaciones – Asambleas y Concejos, respectivamente – previo conceptos y aportes de los Consejos Territoriales de Planeación que deben ser enviados a más tardar el 31 de marzo.

El primer interrogante sería: ¿estarán listos los planes de desarrollo o  requieren más tiempo? En dicho caso el Gobierno Nacional tendrá que ajustar excepcionalmente las fechas que son de obligatorio cumplimiento, porque a partir del 1 de mayo deben ser socializados y debatidos para ser aprobados a más tardar el 31 de mayo por las diferentes corporaciones.

En mi concepto, los tiempos deben seguir su normal cumplimiento y así contar con la herramienta más importante de gestión e inversión que tienen los departamentos, distritos y municipios.

Se hace imperativo y necesario aprobar lo más pronto posible los planes de desarrollo. Precisamente, en estos momentos de emergencia que vive el país, las regiones no pueden quedar a disposición del absurdo centralismo y mucho menos sin brújula. Muchas cosas podrán aplazarse pero los nuevos planes de desarrollo no.

La segunda inquietud que se debe plantear son los objetivos que se presentan ante un nuevo escenario: el horizonte de gobernar en medio de una pandemia. Los gobernantes presentaron al momento de su inscripción un programa de gobierno que nada tenía que ver con la emergencia del Covid-19. Hoy el panorama es otro, y en medio de la crisis los planes de desarrollo deben armonizarse con la nueva realidad. Lo que empezaron en enero como un ejercicio de participación ciudadana hoy es muy diferente. Incluso podrá establecerse que ante la crisis sanitaria puedan omitirse muchas de las promesas de campaña.

Se presenta un nuevo desafío que amerita nuevas estrategias, ser audaz y creativo para establecer un nuevo modelo de desarrollo sostenible. No bastará con implementar medidas paliativas y de mitigación. Es el momento de pensar en grande, sobre todo en lo social, sobre todo en el ser; asegurar que los  principios de coordinación, consistencia y priorización coincidan con la nueva  situación pandémica global. Es evidente que estamos ante una nueva realidad social y económica.

Esta situación ha dejado al desnudo muchas realidades sociales que antes se mimetizaban en el día a día; la mezquina inequidad galopante, la acostumbrada informalidad de la economía latinoamericana, la deficiente y mísera capacidad del los sistemas de salud, el poco valor real de la educación en los presupuestos, el inmenso y silencioso daño al medioambiente, la vulnerabilidad del ser humano, la distorsión de los valores y la creación de estereotipos sociales opuestos a las realidades sociales del mundo.

El mundo cambió y la inversión debe cambiar. Basta de financiar programitas y seudoproyectos que lo que hacen es cumplir la ejecución presupuestal y burocrática y en nada, absolutamente en nada, ayudan a transformar los indicadores de desarrollo social y económico.

Se presenta una nueva oportunidad en medio de la adversidad y el miedo; tenemos un nuevo horizonte que nos obliga a redefinir nuestros objetivos como sociedad y nuestras necesidades frente al sistema político y económico. Y a los gobiernos a redirigir y priorizar los esfuerzos para tapar nuestra desnudez.

El Covid cambió nuestro tiempo y nuestras prioridades y necesidades; de igual forma habrá que adaptar un nuevo modelo de gestión y gobierno que nos permita diseñar el nuevo traje de la humanidad.

 * Consultor de Gobierno


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