El ángel exterminador

Por Álvaro Cárcamo Camargo *

Con el propósito de que el Faraón liberara al pueblo Hebreo, el Señor le mandó 10 plagas a Egipto. La última plaga consistió en el envío del Ángel Exterminador, que tenía como finalidad igualmente presionar la liberación del pueblo de Dios ya que las nueve plagas anteriores no habían podido doblegar a Ramsés.

Por orden de Moisés, para evitar la muerte de sus primogénitos los hebreos debían marcar las puertas de sus residencias con sangre de cordero y permanecer encerrados en sus casas.

La profecía se cumplió y el Ángel Exterminador dio muerte a todos los primogénitos no protegidos, incluyendo al hijo heredero de Ramsés.

Justamente, al coronavirus podemos compararlo con una plaga que no discrimina, pero causa mayores complicaciones y muertes en ancianos y personas con enfermedades crónicas .

Pero, en nuestro caso, no creo que la pandemia sea un castigo de Dios. Más bien pienso que sus consecuencias son una prueba del alto grado de irresponsabilidad de nuestros dirigentes, sumada a la ignorancia de los ciudadanos que no estamos demarcando nuestras viviendas con el confinamiento y las medidas de autocuidado requeridas.

En el viejo testamento los más afectados eran niños; hoy esta novel plaga afecta con mayor contundencia nuestros ancianos.

Ramsés tomó tardíamente la medida para detener al Ángel Exterminador, que era liberar al pueblo señalado por el Señor; fueron muchísimos los primogénitos muertos por esa tardanza. Muchos no atendieron las recomendaciones del Señor y el Ángel Exterminador dio cuenta de ellos.

Más de veinte siglos después, nuestros actuales dirigentes también han tomado acciones tardías para frenar la plaga y hoy nos lamentamos por ello.

No obstante, tenemos oportunidad de mitigar significativamente las complicaciones y muertes haciendo lo correcto.

Y lo debido es demarcar nuestras puertas con una marca: las letras C y A de las palabras Confinamiento y Autocuidado.

Así, la nueva plaga podría pasar cerca pero no entrará a mi casa; respetará a mi familia y, de paso, si también ellos demarcan sus puertas, a todos mis vecinos.

Por ello: demarca tu puerta y quédate en casa.

* Médico, profesor universitario, especialista en Gerencia Educativa de la Universidad Libre

 

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