El hambre en el Plan

Por Danilo Contreras Guzmán *

Hoy es domingo y estoy en la esquina tomando un par de cervezas con unos vecinos. Siempre es bueno encontrarlos y traer añoranzas del barrio.

De un momento a otro llega un personaje de Lo Amador cuyo nombre no mencionaré. Traía una cerveza en la mano que le habían regalado en otra esquina. Hizo dos o tres comentarios chistosos, como acostumbra. Luego me dijo: “Docto, a veces la gente no sabe pero yo me acuesto sin comer”, y agregó: “no me regale una cerveza, mejor deme una bolsita de arroz, una botellita de aceite y una lata de sardinas”. Así lo hice. Nuestro amigo agradeció y agregó: “Si puede regáleme una cabeza de ajo para darle gusto al arroz”. Aquel personaje que siempre hace reír a los vecinos padece el flagelo indignante del hambre. No es un problema excepcional.

El programa ‘Cartagena Como Vamos’ señala, según cifras de 2019, que el 34% de nuestros paisanos manifiesta haber comido menos de tres comidas al día. “La cifra, que es trágica por sí sola, empeora al mirar con detalle la frecuencia de este fenómeno en Cartagena. El 45 % respondió que el hecho ocurrió una o dos veces en las últimas cuatro semanas; el 30 % dijo que entre tres y diez veces; y el 25 % dijo que más de 10 veces”.

El hambre es una fórmula agobiante de la indignidad y es moralmente inaceptable.

He estado curucuteando el primer borrador del Plan de Desarrollo de Cartagena y encuentro que al referirse a la lucha contra el hambre, el documento menciona el asunto en cuatro oportunidades. La primera es solo enunciativa al referirse al Objetivo 2 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio -ODM. La segunda al mencionar que el plan contribuirá a terminar con el hambre. La tercera, nuevamente como un ODM y la cuarta nuevamente como una enunciación de los ODM, así: Hambre cero, sin agregar más.

El literal e) del artículo tercero de la Ley 152 de 1994 señala que los principios que rigen a las autoridades en materia de planeación son “g) – Prioridad del gasto público social. Para asegurar la consolidación progresiva del bienestar general y el mejoramiento de la calidad de vida de la población”.

Pese a que es un objetivo del plan terminar con el hambre y lograr la seguridad alimentaria y nutricional, no se vislumbra con suficiente claridad cómo se logrará ese propósito.

La lucha contra el hambre es un imperativo moral que amerita que el plan sea enjundioso y abundante en argumentos y programas para su superación: Acceso a alimentos, agricultura urbana, comercialización de excedentes en escenarios como mercados satélites y móviles, bancos de alimentos, comedores populares en zonas georreferenciadas de miseria, consolidación del clúster agroalimentario para generación de empleos y emprendimientos que superen pobreza monetaria, son ideas que deben constar en el plan, a fin de que dirigentes y ciudadanos tengan certeza de los propósitos que visualiza William Dau. Si no se sabe para donde vamos, cualquier bus sirve.

Debo decir por transparencia que soy contratista independiente del Distrito, pese a votar en blanco a la Alcaldía, lo cual habla bien de la administración, según creo. He elegido hacer públicas estas observaciones pues entiendo que contribuye mejor al debate público. En próximas notas haré otros comentarios.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

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