Manuel Zapata Olivella, un legado imborrable

Por Iván Sanes Pérez *

Si hay una región que debe sentirse orgullosa del muy merecido reconocimiento que le hace este año el Ministerio de Cultura a Manuel Zapata Olivella, por su incomensurable trabajo antropológico, etnocultural y literario, es la bolivarense.
Comencemos por recordar que para el año del nacimiento del excelso escritor colombiano, en 1920, Santa Cruz de Lorica, sitio donde vio la luz por primera vez, hacía parte del llamado Bolívar Grande, cuya capital y centro gravitacional era Cartagena de Indias.
Zapata Olivella terminó sus estudios de bachillerato en 1937 en la Universidad de Cartagena y allí mismo se inició como premédico, para posteriormente graduarse en medicina en Bogotá, en la universidad Nacional, en 1948.
De todos es conocido que fue en la capital de Bolívar en donde Zapata se rencontró con García Márquez y lo llevó de la mano al diario El Universal para que el futuro Nobel iniciara su camino en el periodismo de la mano de Clemente Zabala, quien también sería determinante para que el folclor colombiano conociera de la existencia de las grandes figuras que conformaron la agrupación de los Gaiteros de San Jacinto, encabezados por Antonio ‘Toño’ Fernández.
Zabala llevó personalmente a Zapata a San Jacinto, presumiblemente en el año 1951, para que escuchara en persona a los gaiteros que tocaban por el puro placer de cantar y alegrar almas.
En el texto ‘Los acordeones de Valledupar’, publicado en la revista Vida en 1953, el escritor loriquero señala: “En 1951, la primera excursión, fueron los gaiteros de San Jacinto de Toño Fernández, en el acordeón Fermín Pitre, Antonio Morales (decimero) y Antonio Sierra (dulzaina)“.
Esta primera excursión de la que habla Zapata se trata del primer viaje al interior del país de la delegación folclórica que lideraba junto a su hermana Delia Zapata y que se llamó Danzas Folclórica Colombianas, y de la que hicieron parte, en primera instancia, el mismo Toño Fernández, José Lara, Nolasco Mejía y Andrés Landero, por el lado sanjacintero.
Posteriormente, entre los años 1952 y 1968 y siempre de la mano de los hermanos Zapata, se dieron otras giras nacionales e internacionales, en las que se unieron Catalino Parra, de Soplaviento y Juan Lara, considerado el mejor digitador de la gaita hembra de todos los tiempos en San Jacinto. En los viajes al exterior, se marginaron, por su propia cuenta, Nolasco Mejía y Andrés Landero.
El legendario gaitero Catalino Parra ha reconocido en varias oportunidades, hasta qué punto llegó el grado de hermandad de los músicos con los Zapata Olivella, y cómo Manuel hizo las veces de mediador cuando se presentaban roces entre él y Toño Fernández, quien no permitía que nadie cantara y le quitara su lugar como líder del grupo.
Según el relato de Catalino, el propio Manuel Zapata aprovechaba que a Toño le gustaba bastante el ron Tres Esquinas y se lo daba cuando estaban en parrandas hasta que se dormía, y allí el fabulador del Dique lo remplazaba.
Por eso, en la primera grabación que hizo el grupo en la disquera CBS, en 1968, el tema La Maestranza es cantado por ambos: Toño, tres estrofas, y Catalino las otras dos.
Lo que nunca quedó en duda fue el grado de admiración que le tenía Zapata a Toño Fernández. En una entrevista televisiva da cuenta de la grandeza del gaitero sanjacintero: “Yo no conocía el valor de Antonio Fernández, su entereza, su comprensión, su inteligencia, su capacidad recursiva ante los elementos extraños que íbamos encontrando en cada país que visitábamos… Antonio Fernández se fue creciendo ante mí, hasta el grado que se convirtió en el baluarte en el cual yo descansaba toda nuestra angustia… él improvisaba, componía, cantaba coplas y era un gran depositario de la herencia española, y en España los literatos se quedaban sorprendido de la maestría con la que manejaba la improvisación de una décima”.
Señala el escritor José Luis Granados que una de estas personas fue Rosa Bosh, hija del pintor Emilio Bosh, futura compañera de Zapata y madre de sus dos hijos, y a quien Manuel conquistó en Barcelona, en una velada de coplas y décimas amenizada por Toño Fernández.
Así pues, es mucho lo que el folclor y la cultura de Bolívar le está debiendo a este polifacético personaje del Caribe, y enhorabuena el nombre de Manuel Zapata Olivella y su obra se multiplicará este año por todos los rincones del país.
Aquí, desde el Instituto de Patrimonio y Cultura de Bolívar -Icultur, estamos prestos a poner nuestro grano de arena para agradecerle todo lo que nos enalteció. Gracias maestro por su legado imborrable.

* Director de Icultur, abogado e ingeniero de sistemas

DE INTERÉS GENERAL… Haga click ⬇️⬇️⬇️⬇️

 

Comments are closed.

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial