Ramalazos y deslices de la lengua

Por Germán Danilo Hernández *

Uno de los órganos con que la naturaleza privilegió a los seres humanos, es la lengua. Este órgano sensorial percibe estímulos internos o externos que convierte en impulsos nerviosos y envía al cerebro a manera de información, para ser interpretados y respondidos por este.

Ese maravilloso músculo, instalado en el centro de la cavidad bucal, es responsable de sensaciones tan gratificantes como el gusto, y de emociones táctiles sublimes, como las que produce cuando se inmiscuye entre besos, por decir lo menos. Pero por su intervención en la fonación, o capacidad de articulación de palabras, también desempeña un papel determinante en las relaciones humanas. Ese móvil, inquieto y húmedo órgano es causante de dichas y desdichas del individuo y de su entorno.

Al margen de complejidades anatómicas, o de explicaciones sobre enfermedades que se adquieren a través de la lengua, en esta oportunidad me ocuparé de su función comunicacional, estratégicamente desempeñada desde la cueva dentada que le sirve de trinchera.

Aunque se considera que lo que se dice es el reflejo del pensamiento y la visión de mundo de quien lo expresa, no es menos cierto que las conexiones entre cerebro y lengua suelen jugar malas pasadas, en ocasiones de manera recurrente, refrendando la sentencia bíblica según la cual “no es lo que entra en la boca lo que contamina al hombre, sino lo que sale de esta”.

En días pasados, los colombianos fuimos testigos de una serie de episodios, algunos de ellos causantes de alteración social y otros de controversias éticas, que podrían ser atribuibles, en el peor de los casos, a una concepción desvirtuada de la realidad o a deslices de la lengua.

En el primer caso aplican las declaraciones de la ministra del Interior, Alicia Arango, quien, en su despedida como titular de la cartera de trabajo, dijo que a los Ingenieros de Sistemas les basta con trabajar dos horas al día, y de la vicepresidenta de la República, Martha Lucía Ramírez, quien, con un ramalazo lingual, aniquiló de tajo a la sicología y la sociología, como profesiones con las cuales se pueda vivir dignamente en Colombia.

En el terreno de los deslices se podría ubicar el bochornoso enfrentamiento verbal de los periodistas Vicky Dávila y Hassan Nassar, quienes desbordados en sus respectivos egos no hicieron adecuada conexión entre razonamiento y expresión, simbolizando lo que ocurre frecuentemente en un sector del periodismo nacional y local.

Pero los ramalazos o los deslices de la lengua suelen generar consecuencias más graves, en algunos casos muertes y catástrofes. Se puede considerar que el arma natural de destrucción masiva es la lengua.

Cuánto nos serviría hacer el intento de apaciguarla, para tener más posibilidades de vivir en paz.

* Periodista, columnista, docente universitario y asesor de comunicaciones

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