Salario y desigualdad: el caso de Cynthia

Por Danilo Contreras Guzmán *

La desigualdad y las injusticias que esta genera son tema central de la controversia política moderna. Las movilizaciones sociales en las grandes metrópolis mundiales atestiguan que este es un padecimiento cotidiano de los ciudadanos.

Zygmunt Bauman, refiriéndose a las inseguridades que origina la desigualdad, dice que vivimos un “interregnum”, un momento de incertidumbre histórica en el que nadie sabe a qué atenerse. El autor ejemplifica su tesis con la inestabilidad laboral. Dice que los jóvenes no aspiran a pensionarse. Ni lo desean. Todo es provisional y precario. Quien sale de la pobreza está en riesgo de regresar a ella.

Piketty, en otra perspectiva, va más allá y ofrece razones más o menos ordenadas a la indignación ciudadana. En su último libro sostiene que la desigualdad es una ideología que favorece a los propietarios y la concentración extrema del capital. La novedad es la sustentación estadística hecha por el autor a partir de una base de datos construida en más de 80 naciones. Al respecto afirma en ‘Capital e ideología’: “un régimen desigualitario se caracteriza por un conjunto de discursos y de mecanismos institucionales que buscan justificar y estructurar las desigualdades económicas, sociales y políticas de la sociedad en cuestión”.

Sobre la meritocracia que privilegia el acceso al mercado laboral afirma: “estos resultados son sorprendentes, porque ilustran el gran abismo que puede llegar a existir entre las proclamaciones meritocráticas oficiales (que tanto insisten en la importancia de la igualdad de oportunidades, al menos desde un punto de vista teórico y retórico) y la realidad a la que se enfrentan las clases desfavorecidas en términos de acceso a la educación superior”. Vale decir: tienen acceso a mejores oportunidades laborales quienes pueden financiar una mejor educación.

La obra en cita tiene la virtud de ilustrarnos sobre la manera cómo algunas sociedades europeas superaron desigualdades durante el Siglo XX. Al respecto señala: “Alemania, Suecia y, en general, las socialdemocracias de Europa, son los países que más lejos han llevado a la práctica la cogestión, que es una forma particular de propiedad social de las empresas y de reparto de poder entre los empleados y accionistas”. Mientras tanto en Colombia se sigue hablando de “flexibilización laboral” y trabajo por horas a fin de profundizar la degradación de las condiciones laborales iniciada con la Ley 50 de 1990.

Tengo la impresión de que estas teorías aterrizan de ‘barrigazo’ en Cartagena con el caso de Cynthia Pérez Amador, a quien se le cuestiona el hecho de acceder a una OPS por $7 millones siendo apenas tecnóloga.  De esta mujer conozco lo que difunden los medios: que es afrodescendiente, madre, que procede de un barrio humilde, que hasta hace poco era una desempleada como tantas pese a haber sacado una carrera con esfuerzo, y que fue bastión de la campaña del alcalde William Dau Chamat. Las críticas han sido furibundas y se ha dicho que no tiene los ‘méritos’ para ganarse esa suma. Alegan la meritocracia para marginarla.

Omiten los críticos que el manual para la fijación de honorarios de OPS señala como excepción a la tabla de remuneraciones las que se contraten en consideración a la confianza. En este caso los honorarios se fijan de forma racional y atendiendo las responsabilidades asignadas. El alcalde ha dicho que confía en Cynthia y le ha ordenado obligaciones estratégicas, según se sabe. El falaz discurso meritocrático no puede condenar a esta cartagenera.

Y destaco: no tengo dudas de que Cinthya le ha venido dando contenido y significación política al gobierno de Dau, cuyo programa de gobierno fue fustigado por lo escueto de su propuesta.

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

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