Qué tristeza de sociedad; cunde la doble moral

Por Rubiela Valderrama Hoyos *

Profundamente dolida e indignada por los viles feminicidios acontecidos en esta semana en el departamento de Bolívar. Las víctimas, dos adolescentes que seguramente llenas de sueños y metas personales y familiares creyeron en las promesas de amor y bienestar de los hombres con los que vivían o compartían sus vidas.

La vileza y sevicia de los ataques a estas dos niñas tiene que ponernos a reflexionar profundamente sobre la calidad del ser humano que estamos formando, criando, educando, socializando, con los que nos estamos relacionando en la casa, en la escuela y en la calle.

Apuñaladas, degolladas y empaladas, con profundos signos de tortura; ni el más miserable de los seres humanos merece tal trato, no se justifica ninguna forma de violencia contra las mujeres.

La violencia ha sido el arma del patriarcado para someter a las mujeres históricamente, para desconocerlas y desaparecerlas de los registros históricos al punto de llamar hombre a toda la humanidad, misoginia extrema, que todavía algunas personas defienden y se rasgan las vestiduras defendiendo por ejemplo a una Real Academia Española machista que no tiene reparos en agregar palabras “mal dichas” pero que, por la costumbre de su uso, las incorpora al diccionario, pero se opone temerariamente a que el lenguaje incluyente (los, las, etc.,) se usen, diciendo que no son correctos. Y esto, por supuesto, alimenta la cultura machista y patriarcal que al final va a parar en feminicidios.

Por eso, y aunque algunos se molesten porque las feministas no permitimos ningún chiste sexista, ni la mínima broma discriminatoria o de cosificación del cuerpo de las mujeres, les repetimos que es allí donde comienzan los feminicidios: con la burla y la subvaloración, y luego escala al acoso y la violencia.

Hoy las víctimas son estas dos niñas: Carmen Escandón Pacheco de 16 años, del municipio de Mahates, y Wirleydis Dayana Puerta Rivera de 14 años, cartagenera. No me canso de imaginar el dolor, el sufrimiento de estas niñas mientras era torturadas por sus verdugos; volvió a mí la imagen de la tragedia  de Jazmín, esa valiente que sobrevivió al ataque atroz de otro hombre en Cartagena.

Pero mi dolor se profundiza más cuando escucho tantos comentarios terribles contra una señora que, haciendo uso de su derecho a decidir sobre su cuerpo, se practica una interrupción voluntaria del embarazo. Aquí sí todas las voces salen a cantar la trillada melodía de asesina, asesina, sin conocer las condiciones reales que llevaron a esa mujer a tomar esa difícil decisión. Les aseguro que es una de las más difíciles decisiones que se pueden tomar.

Pero la doble moral aflora, la sociedad la juzga por asesina, pero a esos mismos personajes no les hemos escuchado ni una palabra sobre las múltiples, reiteradas y cotidianas violencias y feminicidios. Nunca los hemos visto marchando en contra de los miles de ataques sexuales y acosos callejeros contra las mujeres. Pero, claro, hay que una mujer tome una decisión propia para caerle encima, porque siguen creyendo que todos (Estado, Iglesia y hombres) tienen derecho a decidir sobre el cuerpo de las mujeres, menos ellas mismas.

En las tres causales legales del aborto en Colombia la edad del feto no es obstáculo para practicarlo, y en general el tiempo corre por los obstáculos que pone el propio sistema. Pero la culpa se la endilgan a la mujer, como siempre.

Las mujeres tenemos derecho a decidir sobre nuestro cuerpo. La penalización del aborto es ineficaz y viola derechos fundamentales.

La maternidad debe ser deseada y desarrollarse con todas las garantías del Estado.

El aborto legal y seguro es un asunto de justicia con las mujeres en el que se reconoce, respeta y protege la capacidad moral de las mujeres de autodeterminarse.

La decisión de avanzar o no con un embarazo es exclusivamente de la mujer. Es su cuerpo, es su salud física y mental; nadie más debería intervenir.

Las feministas no somos proabortistas. Defendemos la libre decisión de una mujer de decidir sobre su cuerpo y, como ya hemos dicho antes, si la mujer decide abortar la apoyamos. Pero si decide tener su bebe también la apoyamos.

* Rubiela Valderrama Hoyos. Feminista, Trabajadora Social, Magister en Estudios de Género, Área Mujer y Desarrollo

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