¿Qué hacer con la isla de Tierrabomba?

Por Agustín Leal Jerez *

Con el anuncio del nuevo secretario de Planeación Distrital de que va a ‘planear’ la ciudad a un horizonte de treinta años, hasta el 2050, los cartageneros y cartageneras debemos asumir este reto con suma responsabilidad y compromiso ciudadano.

Adoptar decisiones en el ordenamiento territorial que nos van a afectar en un lapso de tiempo tan grande no se puede tomar a la ligera y requiere del concurso de todos los ciudadanos y ciudadanas.

Si bien es cierto que los Planes de Ordenamiento Territorial se conciben para tres periodos constitucionales de alcaldes, según la nueva Ley de Plan de Desarrollo, muchas decisiones, buenas o malas que se tomen en ese lapso de tiempo, verdaderamente, nos pueden impactar para bien o para mal; aún por un periodo mayor a treinta años.

Nos proponemos desde esta columna de opinión, si Dios nos lo permite, ir evidenciando los problemas más trascendentales del ordenamiento y urbanismo distrital, tocando en suerte el turno para la isla de Tierrabomba en esta primera entrega.

El gran problema de nuestro suelo rural y suburbano es que para la época en que se expidió el Plan de Ordenamiento Territorial -POT – en Cartagena: noviembre de 2001, no existían instrumentos de gestión asociados con estos suelos.  Por ello, muchas ciudades adoptaron mecanismos de gestión propios del suelo urbano para ser usados en suelo rural. Desafortunadamente, el Consejo de Estado ha declarado nula toda esta parte de los planes de ordenamiento que adaptaron instrumentos de gestión propios del suelo urbano en suelo rural.

Cartagena no fue la excepción, todo el suelo rural y suburbano está plagado de este mal. Para el caso de Tierrabomba, el ordenamiento la ubica dentro del modelo de ocupación en suelo suburbano destinada para las actividades turísticas y culturales. Pero dada la naturaleza compleja de su ordenamiento, por su importancia patrimonial, arqueológica, ambiental y de tenencia de la tierra, el POT dispuso que su desarrollo sería a través de la figura del plan parcial, pero bien sabemos todos, sin requerir mayores conocimientos de derecho urbano, que los planes parciales solo pueden desarrollarse en los suelos urbanos y de expansión urbana. Para el resto del suelo rural y suburbano el POT estableció sus actividades en los cuadros de reglamentación números 9 y 8, respectivamente, señalando, por demás, que “la reglamentación de la actividad turística para la Isla de Tierrabomba estará contenida en el respectivo Plan Parcial”.

Así las cosas, como el plan parcial no se puede ejecutar en suelo suburbano como hemos visto, entonces, ¿de dónde salen las normas con que las Curadurías Urbanas expiden licencias de construcción y parcelación en la isla, excepción hecha de los centros poblados que vía circular son asimilados a la actividad residencial A-RA?

El asunto no se puede tomar de manera folclórica trayendo a escena cualquier furtivo concepto de planeación distrital sin valor jurídico vinculante, porque estamos frente a uno de los grandes potenciales turísticos de Cartagena. La isla de Tierrabomba tiene todos los recursos turísticos posibles para hacer un turismo diverso y alternativo vinculando a la población nativa de forma similar a lo que se está proyectando con otras comunidades. Pero si dejamos que de manera caótica se sigan expidiendo licencias, predio a predio, vamos a permitir que el desarrollo urbanístico de la isla, no solo asfixie los asentamientos nativos, sino que pase por encima de sus principales necesidades básicas. Lo que está pasando en la Zona Norte, en donde a través de una Circular se pasó de construir tres pisos a cinco pisos más altillo sin pagar plusvalía ni asumir ningún tipo de carga urbanísticas que beneficie a los centros poblados del área de su influencia, no se puede volver a repetir.

La isla de Tierrabomba tiene un excelente potencial turístico: bienes de interés cultural como el Fuerte de Bocachica, caminos ancestrales, hornos coloniales y los vestigios arqueológicos que aún no se han explorado. Sin perder de vista sus playas blancas, la riqueza ambiental de la isla y su bosque seco tropical que se está extinguiendo por las acciones antrópicas.

Aunado a todo lo anterior, La isla de Tierrabomba es una bomba social que puede explotar en las narices de Bocala (Bocagrande, Castillogrande y El Laguito). Los problemas de seguridad de la isla son bastante serios y podemos terminar, si no actuamos rápido, con la isla en manos de los carteles de la droga. Se hace urgente corregir el error del POT en lo que concierne al Plan Parcial de la Isla de Tierrabomba por su instrumento correcto: la Unidad de Planificación Rural -UPR – para evitar que el desarrollo desordenado convierta a la isla en un fracaso peor que el mercado de Bazurto.

* Abogado, especialista en Derecho Público con experiencia en Derecho Urbanístico, Ordenamiento Territorial, Contratación Estatal y Gerencia de la Defensoría Pública, entre otros temas.

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