La gente se desubica y no avisa

Por Ángelica Villalba Eljach *

Al menos el 99% de los lectores de esta columna ha vivido el momento en que se abre el espacio para las preguntas del público al final de una conferencia o charla, y las personas que toman la palabra se desubican de un momento a otro. Si la conferencia es sobre gastronomía, se espera que las preguntas sean acerca de ese tema, pero lo que se escucha son comentarios y discursos acerca de lo mal que estuvo redactado el horóscopo en el periódico local, por ejemplo.

Hace un par de semanas, se presentaban en un evento académico algunas cifras económicas de la ciudad desde el año 2001 al 2018, y sin ningún reparo, en el momento de las preguntas del público una persona muy enojada tildaba al panel de mentiroso al engañar a la ciudad por no haber presentado las cifras del año 2019. Hay que leer el título de la conferencia para saber por lo menos de qué se puede opinar.

El año pasado fue la presentación del libro ‘Algún día hoy’ de Ángela Becerra, lo que más recuerdo es a una mujer diciendo que ese era un libro para leer rápido y acto seguido cuando se levanta otra mujer a decir que ese es un libro para leer lento, se formó un rifirrafe entre las dos mujeres acerca de esto y la autora ahí, en frente, y el resto del público ahí, sufriendo de pena ajena.

Por otro lado, acabamos de vivir en Cartagena una maravillosa versión del Hay Festival. El evento nos trajo en el formato habitual de las charlas entre dos o más exponentes a grandes escritores que nos regalaron sus ideas, así como también lo hicieron políticos, cantantes y economistas, entre otros, quienes al final – como también es usual, dejan que el público intervenga para hacer sus preguntas.

Este momento se ha vuelto una tortura para quienes esperamos ansiosamente que estos personajes a los que admiramos tanto, lleguen y respondan a las curiosidades de su vida y sobre sus obras. Por ejemplo, en esta versión del Hay Festival un ser humano le dijo a Margareth Atwood que el problema del mundo realmente era el Islam, acto seguido su entrevistador, el gran Alberto Manguel le quita la palabra y se disculpa con la escritora por tan desafortunado comentario. Esto no debe pasar, se notó el desconocimiento de la obra de la escritora y las ganas de controvertir lo que recién había sido expuesto “a las malas”.

En la charla del poeta, dramaturgo y emprendedor nigeriano Inua Ellams, la primera persona que pidió la palabra empezó su comentario (porque además tampoco fue una pregunta) diciendo que disculpáramos su voz, que como es profesor y acababa de empezar a dictar clases estaba muy mal con la garganta. Lo diré sin rodeos: al resto de los asistentes no nos importa, lo lamento.

En la charla del guionista de la serie La Casa de Papel -Javier Gómez, alguien comentó acerca de la forma en cómo se han desarrollado algunas escenas de la serie, a lo que el guionista respondió jocosamente que siempre tenemos la libertad de escribir lo que queremos, como quién dice “ve y escríbela tú”.

Es increíble cómo cada vez son más comunes episodios como los descritos, hacen parte de nuestro día a día, la gente siente una necesidad desmedida de opinar así no sepa, de hablar para hacerse notar. Quienes tienen una idea de pregunta terminan enredándose porque antes dan un discurso para demostrar que son inteligentes, echando a perder sus buenas intenciones.

Y así vamos por la vida, de evento en evento viendo cómo se desubica la gente, sufriendo de pena ajena frente a los que están en frente de nosotros esperando al menos una pregunta pertinente, o por qué no… una “pregunta chismosa” que le recuerde una anécdota que nos quieran compartir.

Si usted ha leído esto y se sintió aludido, no se enoje que estamos a tiempo de ser mejores seres humanos y cambiar, no sigamos cometiendo este tipo de errores. Hágalo por usted, créame que no se ve más inteligente o interesante.

* Internacionalista de la Universidad del Rosario; Master en Análisis de problemas políticos y económicos contemporáneos de la Universidad Externado de Colombia y la Universidad de París III – Sorbona Nueva; Correctora de estilo de la Escuela Cursiva de la editorial Penguin Random House.

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