S.O.S. por La Popa

Por Danilo Contreras Guzmán *

Muchos cartageneros tenemos el ombligo sembrado aquí. No importa qué tan lejano sea nuestro peregrinar o cuan largas las ausencias; albergamos la certidumbre de que a esta ciudad de salitre y piedra regresaremos un día para no partir jamás. Es curioso, pero todas las rutas del retorno (por el mar, el aire o simplemente regresando de Turbaco) están signadas por la nostálgica y deslumbrante visión de La Popa que se levanta airosa sobre el mar para no dejarnos naufragar. Al divisarlo un simple regocijo nos recorre: “Llegué, ya estoy aquí, en mi aquí”.

Tanto cariño que nos despierta ese relieve entrañable, pero tanta desidia y abandono que lo hace muestra dramática de nuestra indolencia.

No se habla de la recuperación del Cerro ni siquiera en épocas de campaña. No aparece en la agenda pública; sin embargo, el pueblo lo rememora anualmente al peregrinar a sus alturas a llevar una plegaria a la patrona, la Virgen de la Candelaria.

En el año 2000 la cobertura vegetal del Cerro contaba 184 hectáreas. En 2010 solo se conservaban 87. Me aterroriza actualizar ese dato a 2020. Toda esta tragedia ambiental en un contexto de cambio climático que nos confronta con la posibilidad de la sexta extinción de todas las especies según documentan los científicos, es decir, que esa alerta no es una superstición.

En el documento “Cartagena libre de pobreza extrema en 2033”, Ayala y Meisel” realizan una identificación geo-referenciada de la pobreza: “En todos los casos, la existencia de patrones espaciales de pobreza está presente. Zonas como el borde de la Ciénaga de la Virgen, la Loma de Albornoz y las faldas de la Popa, representan el fracaso de la política pública”.

Leí por allí que nuestros hijos y nietos nos preguntarán: “¿Por qué no hicieron más frente al cambio climático mientras pudieron?” Y tendrán razón al interrogarnos de esa manera que realmente es una acusación sustentada.

Es preciso comprender a la naturaleza como una infraestructura para la salud y el bienestar. En un documento de The Nature Conservansy se lee: “la percepción de desarrollo versus conservación no solo es innecesaria, sino contraproducente para ambos extremos. Lograr un futuro sostenible dependerá de nuestra capacidad para asegurar tanto comunidades humanas prósperas como ecosistemas naturales abundantes y saludables”.

La recuperación ambiental y humanística de La Popa es una urgencia. El Plan de Ordenamiento Territorial -POT – la caracteriza como un “área de protección y conservación de recursos naturales y paisajísticos a partir de la cota 25, prohibiendo allí la localización de cualquier asentamiento humano”, que debe ser materia de intervención a través de un macroproyecto, esto es, un conjunto de acciones a gran escala que generan impactos en la estructura urbana y la reorientación del desarrollo.

Considero que mientras el macroproyecto se resuelve, es menester hacer uso de algunos instrumentos de financiación (regalías, por ejemplo) que están a la mano para emprender lo más urgente en lo ambiental y humano. ¡Si se quiere se puede!

* Abogado especialista en Derecho Administrativo y candidato a Maestría en Derecho con énfasis en Derecho Público.

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