¡Qué honor!

Por Diana Martínez Berrocal *

Como todos mis conocidos y lectores saben, yo no voté por el alcalde electo William Dau Chamat, tampoco hice parte de su campaña; es más: nunca lo había visto personalmente. Pero ello no me hacía estar en una orilla opuesta a la suya, al contrario, estábamos del mismo lado. Del lado de las luchas que siempre he provocado a través de estas columnas: la lucha contra la corrupción, la inversión en la educación y la superación de la pobreza. Por eso, cuando el alcalde electo hizo una convocatoria pública dirigida a todas las personas que querían ocupar cargos del nivel directivo dentro de su gabinete, envié mi hoja de vida como un acto de compromiso con la ciudad y con esas causas que siempre me han movido.

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Al tiempo de enviarla recibí una llamada de parte la empresa que realizaba el proceso de selección, quienes me informaron que había sido preseleccionada para el cargo al que aspiré. Por tal motivo me citaron a una entrevista en la que estuve acompañada con dos de esos aspirantes. La entrevista duró aproximadamente tres horas, y nos la hicieron una abogada y dos psicólogos. Posteriormente me llamaron nuevamente a informarme que había pasado a la siguiente etapa del proceso y que debía presentarme en la fecha indicada a realizar un examen sobre la función pública. Días después me notificaron que había quedado en la terna que se le presentaría al alcalde, y que para ello debía asistir a una entrevista personal con él pues, finalmente, era él quien decidía.

El ser designada como secretaria General es una muestra auténtica de que el alcalde electo William Dau decidió conformar un equipo seleccionado por sus méritos, a través de un proceso transparente y objetivo.

Para mí es un honor, de verdad, poderle servir a mi ciudad. Llegó el momento de ejecutar los cambios que propiciaba a través de mis letras, pues es allí donde puedo impulsar a que se tomen decisiones que permitan recuperar el valor de lo público, blindar la administración de esa exacerbada y cínica corrupción que la corroe y devolverle a los cartageneros la confianza en sus instituciones.

Agradezco al diario El Universal y al portal Revista Metro (el escenario virtual donde inicié una pública batalla contra la corrupción, inequidad y la exclusión, entre otros flagelos) por haberme brindado este valioso espacio que se convirtió en el heraldo de mis posturas y opiniones, y, por supuesto, a todos mis lectores por ese cariño tan inmenso que siempre me han hecho sentir.

Lamentablemente, las responsabilidades que he asumido como nueva secretaria General del Distrito me obligan a no ser constante con la publicación de mis columnas; seguramente lo haré de manera esporádica; convencida de que la única razón que justifica no llegar habitualmente hasta ustedes es servirle a mi ciudad.

Tengan la absoluta certeza de que en el cargo que asumo el próximo 1 de enero seré vertical en mis actuaciones, que un inmutable código de valores éticos y morales serán mi brújula, y que acompañaré al alcalde en unión de un gran equipo en la protección de los recursos de todos, para que en Cartagena no vuelvan a existir niños que se alimenten con las sobras que dejan los perros.

* Abogada especialista en Derecho Público y en Sociología Política.

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