“Por razones de salud, el chicle debe arrojarse a la caneca y no al piso”: Pacaribe

Definitivamente, uno de los residuos sólidos que más afea el lugar donde se arroje es el chicle. Porque se pega al pavimento, al mobiliario urbano, a los árboles ornamentales, y se torna difícil su remoción. Porque adquiere un feo color, generalmente oscuro, el mismo de la mugre que se le adhiere. Porque ocasiona absurdos accidentes. En fin.

En materia de salud -además – es claro que el chicle que se arroja al piso o se pega a paredes, sillas y otros muebles e inmuebles constituyen un riesgo sanitario y ambiental.

Curiosamente, en las ciudades con mayor extensión y población es donde el problema es más grave. En algunas, como México, lugares emblemáticos como su Centro Histórico están repletos de chicles por todos lados, y se ha llegado a calcular que cerca del 20% de la superficie de sus suelos tienen chicle adherido.

Pero el problema no solo es estético y sanitario: también lo es económico: eliminar un chicle del lugar donde se adhiera representa un esfuerzo en materia financiera, de tiempo y de personal que bien podría dedicarse a otras áreas que igualmente los requieran.

De acuerdo con varios estudios científicos consultados por Revista Metro mediante varios buscadores de Internet, cada chicle adherido a un lugar público es un foco de infección de gran magnitud, y representante un enorme riesgo para la salud de la población ya que suele albergar hasta 10 mil bacterias y hongos recogidos del entorno.

Por todo ello, en cumplimiento de sus fines misionales pero -sobre todo – en el marco de su responsabilidad social, Pacaribe SA -ESP – dispuso que sus operarios y personal administrativo, bajo la dirección del gerente de Gestión Social de la empresa, el ingeniero Óscar Osorio Avendaño, realizaran ayer (miércoles 11 de diciembre) una jornada de limpieza masiva a la cual bautizaron como ‘Chicletón Caribe – El chicle pa’ la caneca‘, a la cual invitaron a los gremios, entidades públicas y administradores de hoteles, restaurantes y similares.

La jornada, la cual se llevó a cabo en las plazas de los Coches -en el centro Histórico – y de la Trinidad -en Getsemaní, tuvo como fin crear conciencia sobre la disposición que hay que dar a los chicles una vez masticados para evitar daños ambientales, económicos y estéticos a la ciudad y sus habitantes.

En diálogo con Revista Metro, el gerente de Gestión Social de Pacaribe, Óscar Osorio, señaló que en total se retiraron durante la jornada más de 2,2 kilogramos, una cantidad que podría parecer pequeña pero que, en la práctica, representa un gran volumen.

Los daños que ocasiona un chicle masticado

De acuerdo con el funcionario, “los chicles le producen un grave daño al medio ambiente, a la ciudadanía en general y a los animales. Es por eso“, dijo, “que la empresa decidió impulsar esta jornada“.

Mire“, le pidió a este reportero; “el chicle pegado en cualquier lugar público deteriora la ciudad ya que mancha el pavimento; además un chicle alberga más de 10 mil microorganismos, con lo cual se expone a la ciudadanía a adquirir enfermedades como tuberculosis, neumonía, salmonelosis y estafilococo, entre otros“. 

Adicionalmente, se ha probado que el chicle es el segundo tipo de residuo más encontrado y contaminante para el medio ambiente después de las colillas de cigarrillo, provocan constantemente la muerte de muchos animales, particularmente aves, al quedar sus organismo obstruidos luego de tragarlos“, agregó Osorio.

Contexto:

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