El violador eres tú

Por Rubiela Valderrama Hoyos *

El patriarcado se va a caer, se va a caer… y tiembla, y tiemblan los machistas que América Latina será toda feminista… Estas consignas que salen de lo más profundo del ser y de las conciencias de millones de mujeres en el mundo, hoy resuenan por doquier con mayor potencia, al juntarse con la indignación a las voces de pueblos enteros que reclaman justicia, equidad social, política y económica.

El patriarcado, término incorporado por Kate Millet a la teoría feminista en 1960, significa en este contexto, “el poder, personal y político que ejerce el hombre sobre la mujer[1].

El patriarcado es un sistema político, económico y cultural, basado en el desprecio de las mujeres como sujetas políticas y las convierte en simples reproductoras de la especie humana, en esclavas sexuales y domésticas al servicio de los hombres, es decir del varón de su propia especie. Dicho de esta manera pareciera exagerado a la luz del siglo en que vivimos, sin embargo, solo basta dar una mirada a lo que ha sido el devenir del sujeto mujer en cualquier lado del orbe, para llegar a esa conclusión. La utilización de las mujeres como arma de guerra en todos los conflictos del mundo, incluido el de Colombia, es solo un ejemplo de aquella atrocidad.

Es claro que el patriarcado no ha operado igual en todas las culturas, no negaremos que ha habido muchos cambios, estos luchados por las propias mujeres que les ha costado la vida a miles de ellas y las siguen asesinando por sus luchas sociales, por la igualdad y por el solo hecho de ser mujer.

Por ello, hoy que cantamos en todo el mundo “El patriarcado es un juez, que nos juzga por nacer, y nuestro castigo es la violencia que no ves”[2], esta protesta hecha performance y viralizada en todo el mundo, surge en Chile, al calor de la protesta social contra un gobierno, que como muchos en el mundo gobiernan para mantener los privilegios a los más ricos a costillas de los más pobres.

El patriarcado se las ha arreglado siempre, y en todas las épocas para menoscabar al sujeto femenino, no dudó nunca en teorizar y peor aún en universalizar a través de la religión, la filosofía, la educación y luego permear a todas las ciencias y colocar en estas su impronta de ‘superioridad’; lo vemos en la teoría aristotélica de las cuatro causas – material, formal, eficiente y final – como el ejemplo seguramente más claro y significativo para ilustrar lo que Celia Amorós[3] llamó la operación patriarcal de legitimación genealógica en la historia de la filosofía. Siglos después se reproduce sin ningún remordimiento en el contrato social de Rousseau Francia (1762), que trata contradictoriamente sobre la libertad e igualdad de los seres humanos, y más tarde traducida en la carta de derechos del hombre y del ciudadano (1789). Sin duda nunca estuvimos incluida en la denominación ‘hombre’; aquí más claro no canta un gallo, pues todas sabemos que ante el reclamo de la valiente Olympe de Gouges de incluir los derechos de las mujeres y las ciudadanas, el patriarcado le respondió con la guillotina pública.

En el libro La política de las mujeres, Amelia Valcárcel, dice que el discurso misógino acuñado en la tradición filosófica ilustrada, puso el marco general de misoginia laica en la que se movieron la medicina, la moral, la política y permeó todas las ciencias.

Hoy día, millones de hombres siguen creyendo que las mujeres son seres inferiores a ellos, que salieron de una falsa costilla, esa mala educación que todavía pervive les permite abusar de su supuesta superioridad. Por eso hasta el más desgraciado de los hombres cree tener por derecho una mujer a quien mandar.

Muchos dirán también que las mujeres somos responsables, machistas y cómplices de esta situación, pues no diré que no, es claro que hemos sido  educadas no solo para aguantar las golpizas sino además para reproducirlas y justificarlas culturalmente, pero los tiempos están cambiando; cada vez hay más mujeres concientes y empoderadas en sus derechos, un claro ejemplo de esto son las convocatorias a reproducir el performance de Las Tesis: ‘el violador eres tú’. En Cartagena la convocatoria rebasó todas las expectativas y más de 250 mujeres, la mayoría jóvenes, se alistan con mucho coraje para señalar al violador. La puesta en escena será este martes 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos, en el Camellón de los Mártires, a partir de las 6 de la tarde.

Y como ya señalaban algunas compañeras, los hombres que se sientan aludidos con el señalamiento de violador tienen que analizarse, pues si sabe que no es machista ni violador puede estar tranquilo. El mensaje es para la reflexión colectiva de lo que hemos hecho por acción u omisión frente a esta cultura perversa contra mujeres y niñas.

[1] Amorós. Celia. Hacia una crítica de la razón patriarcal. Barcelona. Anthopos. 1985

[2] Grupo feminista Lastesis. Chile.

[3] Amorós. Celia. Hacia una crítica de la razón patriarcal. Barcelona. Anthopos. 1985

* Rubiela Valderrama Hoyos. Feminista, Trabajadora Social, Magister en Estudios de Género, Área Mujer y Desarrollo

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