Los logros se ven venir

Por Carlos Díaz Redondo *

Los luchadores tenemos que dar lo mejor de nosotros y ponerlo al servicio de la causa de la justicia y la equidad social. Debemos ser muy creativos y constantes; la lucha se puede prolongar, pero los logros vendrán.

En momentos como el de hoy, cuando las redes sociales y los medios tradicionales son usados para difundir posiciones divergentes frente al conflicto social, los que ostentan privilegios tratarán de mantenerlos recurriendo a la mentira, la violencia verbal y aún, a sangre y fuego si fuere necesario. Ellos no aceptan la posibilidad de que otros los desplacen o igualen en sus acomodadas posiciones dentro del Estado y la sociedad. Y otros -además – acrecientan su rencor y exponen sus heridas como muestra de la crueldad de quien les hizo daño en este absurda guerra que tuvimos que sufrir todos por más de cincuenta años.

Del otro lado, los pobres y excluidos históricos luchan con entusiasmo para obtener mas oportunidades y mejores condiciones de vida, pero existe el riesgo de que, ante una lucha prolongada, sientan que no están perdiendo nada, que no le están quitando nada de lo que tenían, y terminen desfalleciendo.

Sin embargo lo bueno, en el caso de Colombia, es que la lucha está liderada por los jóvenes. Ellos se movilizan con esperanza, por temor a perder lo poco que tienen, por su incierto futuro y porque un Gobierno y el partido que lo sostiene en el poder le quieren quitar la ilusión de trabajar en unas condiciones laborales paupérrimas, ni siquiera similares a las de sus padres, y con alta incertidumbre de que el Estado no les garantice el derecho a pensionarse.

Es el miedo a vivir indignamente el motor de las movilizaciones y la protesta en el país; no es el socialismo, ni el castrochavismo, ni ningún foro ideológico, ni ninguna figura de la política nacional.

Los privilegiados, y con ellos los despistados -estos sí mamertos – que le copian, se aferran a la estrategia de polarizar al país contra un excandidato presidencial que los asustó enormemente en las elecciones presidenciales pasadas, lo cual les puede dar un rédito pasajero, pero que al final perderá efecto a fuerza de irse descubriendo la verdad.

Porque la indiscutible verdad es que los privilegios siguen en manos de unos pocos mientras que el dolor y la pobreza prosiguen en el corazón de la inmensa mayoría de los colombianos.

Y así como hay pobres y excluidos que no se autorreconocen, hay quienes, no siéndolos, tienen grandeza en su corazón y presencia del verdadero Dios en su vida y por ello se suman a la causa de los más débiles.

Cada día son más los que se incorporan a un esfuerzo colectivo por la búsqueda de un país mejor, dando fuerza y motivación a una lucha válida, justa y legítima, que sin duda obtendrá importantes logros.

* Médico, exconcejal y exalcalde de Cartagena de Indias

 

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