La Democracia liberal se desmorona – Parte I

Por Rubiela Valderrama Hoyos *

Lo que está ocurriendo en América Latina y en el mundo parece ser lo que planteó el maestro José Saramago en una reciente entrevista: “Yo creo que estamos viviendo todos, en el mundo globalizado, una especie de Apocalipsis regno, donde no parece haber solución en lo inmediato, y es esto lo que representa la mayor afrenta a la humanidad. No se trata de poner un gobierno y dejar otro u otros, de lo que se trata es de poner en el centro de la discusión el tema de la democracia, de la democracia auténtica, de refundar el concepto a partir de las necesidades reales que vive la gente, sobre todo en la búsqueda de evitar un colapso que entierre los anhelos de libertad y dignidad, haga más vulnerable al ser humano y lo lleve al despeñadero”.[1]

Y en ese sentido caminamos en todo el continente americano: En Estados Unidos el Congreso llama a juicio político –impeachment – al presidente Donald Trump, y este deberá responder por qué ha “vulnerado seriamente la Constitución”, ya que “lo acusan de haber presionado a un gobierno extranjero -Ucrania – para perjudicar a un rival político en las próximas elecciones presidenciales”. El juicio está en curso.

En Nicaragua hay una relativa calma después de meses de gran agitación y violencia desmedida hacia la oposición al presidente Daniel Ortega y su nepotismo de Estado.

El pueblo haitiano vuelve a las calles a manifestarse contra el alto costo de la vida y la miseria en la que vive la gran mayoría de su gente, y hoy piden la renuncia del presidente Jovenel Moise, pero como al mundo poco le importa Haití ya que no tienen recursos naturales para usurpar, estos hechos casi no son noticia en los distintos medios.

Venezuela sigue sin resolver su drama de falta de alimentos y medicamentos y hay también una calma chicha que explotará en cualquier momento; la corrupción, reconocida por su propia dirigencia, la monodependencia económica del petróleo y el bloqueo económico impuesto desde el norte la están llevando al colapso.

Ecuador, después de un periodo de estabilidad política y de pujanza económica para unos y desequilibrio para otros (según quien haga el análisis), pasa un momento de prueba de la gobernanza, las comunidades indígenas se manifiestan en las calles y son brutalmente violentadas por orden de un presidente que creíamos demócrata y respetuoso de los derechos humanos.

En Brasil todavía recordamos con mucha vergüenza el impeachment contra Dilma Rousseff y hoy, el gran ‘redentor’ ultraderechista Jair Bolsonaro, que sacaría al país de la corrupción, ‘goza’ de un triste 32% de aceptación.

Bolivia, que ha demostrado en estos últimos años que se puede gobernar para la gente con transparencia y equilibrio, se equivoca catastróficamente al pretender su presidente Evo Morales atornillarse en el poder. Ahí están los resultados: no hay quien se aguante ese brinco y sí una derecha lista para aprovecharlo.

Pero la revelación es definitivamente Chile, la tacita de plata de mostrar del neoliberalismo. Se les cayó la máscara y la gente también se cansó de fingir que vivían en el paraíso del sur, se les llenó la copa y están en las calles, exigiendo hasta los derechos más elementales: salud y educación, que allí no son reconocidos como derechos pues viven bajo una constitución hecha en dictadura de extrema derecha, que ahora con toda la razón desean cambiar.

Colombia, con el susto de volvernos castrochavistas, el pueblo votó por el candidato de la derecha y, así como en Brasil, el presidente Iván Duque ha resultado un fiasco total y el país se prepara para marchar contra sus políticas este 21 de noviembre.

En Cartagena gana las elecciones de manera milagrosa William Dau, un activista anticorrupción, pero los contrarios denuncian un supuesto fraude en los comicios. Esperamos que la investigación sea transparente, que del lado ganador no haya habido corrupción y que no volvamos a la interinidad que nos ha postrado tantos años.

En todo el recorrido por el continente vemos profundos problemas en la democracia.

Si la democracia es esa “valiosa herramienta de legitimación política reconocida y usada tanto por la derecha más conservadora como por la izquierda más radical; ambos extremos del arco ideológico que ven en ella la llave que legitimará el despliegue de sus propuestas y sus visiones de la sociedad[1], ¿por qué pretender ahora desconocerla, usurparla y despedazarla?

La historia de nuestro subcontinente y del mundo que conocemos es una amarga muestra de cómo en su nombre y en su defensa, por su conquista y en su ponderación, se han cometido las más flagrantes violaciones a sus principios y bases de existencia[2]. Fraudes, corrupción, desconocimiento de derechos, deseos de atornillarse en el poder, golpes de estado -blandos, parlamentarios y militares, golpes jurídicos, trampas, mentiras y guerras sucias en las campañas electorales, son lo cotidiano en estos tiempos en nuestros países, hechos que son una estocada directa al corazón de la maltrecha democracia que hemos construido, tanto los de derecha como algunos gobiernos de izquierda en el continente.

[1] Fernández E., Carlos Miguel. Democracia.

[2] Fernández E., Carlos Miguel. Democracia.

[1] http://www.sinpermiso.info/textos/refundar-la-democracia-entrevista.

* Rubiela Valderrama Hoyos. Feminista, Trabajadora Social, Magister en Estudios de Género, Área Mujer y Desarrollo

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