¿Es importante que hablemos del Plan de Ordenamiento Territorial de Cartagena?

Por Emilio Rafael Molina Barboza *

Para nadie es un secreto que vivimos en tiempos difíciles. Nos encontramos en un momento en el que son más las preguntas que las respuestas. Precisamente, por eso es que necesitamos redefinir un nuevo rumbo, establecer un norte claro y, sin duda alguna, reencontrarnos con todo aquello que nos une como ciudad, para rescatar el sentido de pertenencia perdido y que, en ultimas, es lo único que asegura el desarrollo de una urbe.

Tal vez, en esa búsqueda, aparece con mayor importancia la urgencia de formular un nuevo Plan de Ordenamiento Territorial, que cuente con la participación real y activa de la ciudadanía, no solo para comenzar a rescatar ese sentido de pertenencia que resulta tan importante, sino -además – para que podamos planificar nuestro territorio de forma coherente con nuestras dinámicas, necesidades y expectativas actuales, y para que logremos hacer confluir distintos intereses sociales, económicos y urbanísticos, que generen una ciudad verdaderamente incluyente.  

Parte del desarrollo de nuestra ciudad está sujeto a la adecuada planificación de nuestro territorio y su diseño urbano, por eso la importancia de que nuestro Plan de Ordenamiento Territorial se construya sobre la base de una ciudad compacta: densa en medidas apropiadas, es decir con edificaciones en altura acorde a las posibilidades de infraestructura del territorio, funcional (usos mixtos) y con cercanía a los espacios o estaciones de redes de transporte público; una ciudad conectada: que promueva distintas formas de movilidad y el uso del transporte público; una ciudad integrada: que incentive los usos mixtos compatibles del suelo, para mejorar la accesibilidad a servicios y equipamientos (colegios, universidades, hospitales, plazas de mercado, escenarios culturales, deportivos, parques, entre otros), aumente el potencial de comercio y negocio, convirtiendo entornos más atractivos, y reduzca la dependencia del vehículo particular; y una ciudad incluyente: que favorezca la justicia espacial, la diversidad social y cultural.  

La revisión general del Plan de Ordenamiento Territorial se puede convertir en el escenario ideal para que volvamos a discutir y reflexionar acerca de nuestro modelo de ciudad, preguntándonos: ¿cómo queremos que crezca nuestra ciudad?, ¿con qué densidad de usos?, ¿cuál será la estrategia para distribuir en el territorio las actividades (residencial, comercial, industrial, institucional, entre otras)?, ¿cuáles son las grandes infraestructuras (vial, de transporte, redes de servicios públicos, parques, entre otros) que necesitamos para que funcione la distribución de nuestras actividades en el territorio?, ¿debemos incluir nuevos instrumentos de financiación que propicien nuestro desarrollo territorial? y, por último y no menos importante: ¿qué debemos corregir?  

Todas estas son preguntas vitales para procurar la utilización y ocupación racional de nuestro territorio y para que la planificación de nuestro espacio físico se encuentre acorde, y complemente, las estrategias de desarrollo económico y social que adopte el Distrito, así como para que nuestro diseño de ciudad se encuentre en armonía con el medio ambiente y con nuestras tradiciones históricas y culturales.

Como ciudad tenemos grandes retos por afrontar, pero comenzar por encargarnos de la revisión general de nuestro Plan de Ordenamiento Territorial puede ser un gran inicio, que nos permita ir encontrando las respuestas que la ciudad tanto necesita.    

* Abogado, especialista en Derecho Urbano, Docente Catedrático, asesor y consultor legal

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