Prudencia, señor alcalde

Por Óscar Eduardo Borja Santofimio *

El resultado de las elecciones del pasado 27 de octubre es la voluntad de un pueblo cansado de la corrupción, un pueblo que se rebeló en contra de los grupos políticos tradicionales para poner la esperanza de un cambio en un candidato poco conocido, por fuera de la tradición. Su mayor fortaleza: un discurso en contra de la corrupción y una guerra de frente con nombres propios y señalamientos directos en los medios y ante la Fiscalía a quienes encabezan los actos más corruptos sin que nada pase.

Es una labor de admiración y respeto; si existieran más ciudadanos como William Dau los malandrines se extinguirían. El tener el valor de denunciar y de hacer públicas las pruebas que ciudadanos inconformes suministran desde el anonimato, convierte al veedor en un pequeño superhéroe, con un aprecio por su valor, y el pueblo en gratitud  a la espera de un resultado que lo apoyó eligiéndolo democráticamente.

El convertirse en un líder anticorrupción y ganarse el aprecio popular debe ser interpretado como una distinción, no obstante, la prudencia debe reinar en el actuar y en el hablar del nuevo alcalde, ya que no puede cometer errores ni perder el control de sus emociones. Ya llegó, ya es el nuevo alcalde, ahora debe mantener su lugar hasta el último día de su mandato.

La elección popular no es una patente para ser irrespetuoso ya que no es necesario acudir a estas prácticas para lograr encerrar a todos los malandrines de la ciudad y el departamento, sin perder la cabeza, con inteligencia, con prudencia, con las pruebas y acompañado de profesionales que sirvan de soporte jurídico para el objetivo de liberar a la sociedad de estos asquerosos malandrines saqueadores.

El pueblo lo seguirá apoyando, solo tenga en cuenta que quien llega a su lado, llega buscando intereses propios. Su labor es no dejarse contaminar, tenga los ojos muy abiertos y los cinco sentidos en alerta máxima, para que la historia no se repita y pueda terminar su periodo, como debe ser.

Recuerde que debe controlar sus impulsos y, con inteligencia, luchar para que la justicia se encargue de darle a cada uno el castigo que se merece, sin olvidar que usted es el peor enemigo de los malandrines, que no descansarán hasta alcanzar la impunidad, razón por la cual no puede propiciar con sus actuaciones y comentarios una oportunidad para ser usada en su contra.

Que Dios y la patria lo protejan, que la lucha contra los corruptos continúe.

       * Abogado especializado en Derecho Constitucional y Procesal de la Universidad Libre

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