¡Llegó la hora!

Por Amylkar Acosta Medina *

“El pesimista se queja del viento, el optimista espera que cambie la dirección del viento, el realista ajusta las velas”: William George Ward

Se cumplen 25 años del congreso de energía mayorista y también se cumplen 25 años de la Ley Eléctrica (Ley 143 de 1994), de la cual fui uno de los ponentes. Mucha agua ha corrido por debajo de los puentes durante estos cinco lustros. Quiero recordarles que esta ley nace de las lecciones aprendidas del gran apagón de 1992 – 1993, las cuales recogimos en el informe que me correspondió coordinar como senador de la República, en el cual se establecieron las causas del racionamiento y las responsabilidades del mismo.

Estamos en una coyuntura excepcional, en la que confluyen la cuarta revolución industrial y los compromisos de la comunidad internacional, de la que Colombia no escapa, con los ODS y la COP21, que buscan detener, aguantar, conjurar los estragos del cambio climático. De allí que estemos haciendo tránsito de una época de cambios a un cambio de época muy singular. Bien dijo Darwin, quien tenía por qué saberlo, que “los sobrevivientes no serán ni los más capaces ni los más inteligentes, sino aquellos que sean capaces de adaptarse mejor al cambio”. Y en esas estamos comprometidos.

Con la expedición de la Ley 1715 de 2014 y la regulación de la Creg, Colombia puso la pica en flandes y con la reciente subasta de energía generada a partir de Fuentes No Convencionales de Energías Renovables -Fncer – arrancó con pie derecho la transición energética que está al orden del día. Esta  se resume en las 4 D: descarbonización de la economía, digitalización de los procesos, descentralización del sistema y democratización, haciendo más asequible al servicio del fluido eléctrico, sobre todo a la población más vulnerable.

Se acaba de cerrar con éxito la primera subasta convergente, en la que concurren al tiempo generadores y comercializadores, como ha dicho la ministra de Minas y Energía María Fernanda Suárez, “las dos puntas”. Con la adjudicación de cinco proyectos de generación de energía eólica y tres de granjas solares – fotovoltaicas a siete empresas generadoras y 22 comercializadoras, más los adjudicados en la subasta de febrero de este año, se dispondrá hacia el 2022 con una capacidad instalada de generación de energía con Fncer de 2.250 MW, excediendo en más del 50% la meta que se fijó el gobierno en el Plan Nacional de Desarrollo -PND – para los cuatro años, que fue de 1.400 mw[1].

Con la incorporación de las Fncer está teniendo lugar la reconfiguración del mercado energético, están surgiendo nuevos agentes de la cadena, en la que el usuario dejó de serlo para convertirse en cliente, que por lo demás deja de ser sujeto pasivo para convertirse  en un agente activo merced a la gestión y la respuesta de la demanda, lo cual lo convierte en el centro de gravedad de esta transición energética. Ya no se trata simple y llanamente de prestar un servicio al usuario sino de ofrecer soluciones al cliente, ahora en su condición de productor y consumidor al mismo tiempo de energía (Prosumidor).

Es claro que con la integración de las Fncer a la matriz energética esta se torna más robusta, más diversificada, más resiliente frente al cambio climático, más sostenible y más confiable y así se podrá cumplir con lo dispuesto en la Ley, prestando un servicio más eficiente, con continuidad, firmeza y equidad.

Las Fncer no están llamadas a reemplazar a las fuentes convencionales sino a complementarlas. Ello, como se ha dicho en todos los tonos, le dará al sistema mucha más flexibilidad. La capacidad de generación con Fncer debe servir de respaldo a los generadores a partir de fuentes convencionales y estos a aquella. Se terminarán por imponer las soluciones híbridas, combinando las Fncer y las convencionales. De allí la importancia de la articulación de todos los agentes de la cadena y la compaginación de sus actividades, sin excluir ninguno de sus eslabones.

Una de las fortalezas del sistema eléctrico de Colombia es la preponderancia de la generación de energía hídrica, que participa con el 68% en la matriz energética; pero esta es al mismo tiempo su talón de Aquiles, dada su susceptibilidad frente a la sequía que traen consigo los recurrentes fenómenos de El Niño, habida cuenta que el país, según las Naciones Unidas, es el segundo en el mundo en vulnerabilidad frente al cambio climático. Entre tanto, si bien la generación de energía a partir de Fncer es intermitente, se caracteriza por ser contracíclica, pues justamente cuando el verano es más intenso y los embalses de las centrales de generación bajan a niveles críticos, es cuando los vientos son más fuertes y cuando se cuenta con más horas de brillo solar y es mayor la radiación.

Esta transición tiene que contribuir, además, a tener precios de energía más competitivos y al final del día ello habrá de redundar en tarifas de energía más bajas al usuario final, que ahora deberá ser tratado, como ya dijimos, como cliente, con quien siempre, de aquí adelante, hay que contar.

Como ha quedado claro, aunque tenemos un mercado maduro, se deberán introducir ajustes a la institucionalidad y a la regulación para responder a este reto, adaptándolas y adecuándolas a las nuevas realidades. Hay que remover todas las barreras que se interpongan en el camino al cambio y para ello hay que vencer la resistencia al mismo, que no es poca. Tan importante es el rol que deben cumplir los agentes de la cadena, que ahora serán más, con los nuevos que surgirán, como el que debe cumplir el Estado. El lema debe ser sí a la intervención del Estado, no al intervencionismo; sí a la regulación, no al regulacionismo.

Finalmente, no hay que olvidar que uno de los aspectos contemplados en la Ley 1715 es la urgencia, además de la rápida reconversión de la matriz energética, de promover la eficiencia energética en el país. Siempre he dicho que la energía más costosa es aquella de la que no se dispone justo en el momento que se requiere y la menos costosa es aquella que no se consume haciendo un uso más eficiente de ella. Vale la pena recordar que, de acuerdo con un estudio de la Upme[2], mientras el porcentaje de energía útil es del 48%, las pérdidas en la matriz energética es del 52%, las que le cuestan al país la friolera de US$4.700 millones anuales (¡!).

Sea la oportunidad de reconocer el compromiso contraído por el presidente de la República, Iván Duque, y la ministra de Minas y Energía, María Fernanda Suárez, con la tarea que se impone para adelantar con éxito la transición energética, que se convirtió en uno de los issus del PND. Por ello, tenemos que celebrar la decisión de crear la Misión de Transformación Energética, para que esta, de la mano del sector, le de sus recomendaciones al gobierno y este disponga de una hoja de ruta para su implementación.

Son cinco los focos de esta Misión de cara al 2030, como meta volante:

La competitividad, participación y estructura del mercado eléctrico.

El rol del gas natural en la transformación energética.

La descentralización, digitalización y gestión eficiente de la demanda.

El aumento de la cobertura de energía eléctrica y la focalización eficiente de los subsidios.

Y la revisión del marco institucional y regulatorio.

Indudablemente, la transición energética ya es una realidad, el futuro se hizo presente, la integración de las Fncer a la matriz energética y la reconversión de esta no tiene reversa. Colombia se está convirtiendo, junto con Chile, en referente a nivel mundial por los pasos afirmativos que viene dando la transición energética. Ya estamos en el punto de no retorno.

[1] Amylkar D. Acosta M. El gran salto adelante. Octubre, 24 de 2019

[2] Ministerio de Minas y Energía/UPME. Plan de acción indicativo de eficiencia energética 2017 – 2022 una realidad y oportunidad para colombia. Diciembre de 2016

* Miembro número de la Asociación Colombiana de Ciencias Económicas -ACCE; exministro de Minas y Energía y exdirector ejecutivo de la Federación Nacional de Departamentos

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