Dau, entre dudas e incertidumbre

Por Fredi Goyeneche González *

Tener un alcalde honesto es absolutamente necesario para tener un gobierno transparente. Por supuesto, no es suficiente para que sea eficiente, pero esto último es una construcción técnica y lo primero es de la formación ética y moral, del campo de la política. La política a su vez es el escenario de lo público por excelencia.

Si la elección de William Dau Chamat como nuevo alcalde de Cartagena es legítima, por cuanto fue la decisión legal de la ciudadanía y en tanto el elegido no utilizó los métodos perversos que rechazaba, es -entonces – una decisión política; y es que lo público que nos involucra sin excepción.

El contexto de las recientes elecciones, a pesar de la polarización que alcanzó a evidenciarse, no generó realmente mayores crispaciones, pero muestra de manera rotunda la fragmentación existente en algunos sectores, que solo pudieron coincidir para lanzar ataques inanes e intrascendentes; así como el discurso ‘alternativo’ de 13 de los candidatos, que los homogenizó pero no los alcanzó a unir para luego, alineados en un frente común de 11 aspirantes que no aceptaban el liderazgo de ninguno de ellos, tomar distancia del candidato que se apoderó y personificó, de lejos, el discurso de la anticorrupción, que finalmente resultó ganador.

Cartagena ha sido globalizada desde sus inicios; los vientos de todos los orígenes vienen y van, y los de los últimos tiempos han calado más profundo. La tecnología y en particular las redes sociales hacen que los vientos se conviertan en letanías de diferentes repeticiones; las recientes son de descontento, de hastío, de larvación del descontento social. Es el espíritu que recorre América Latina y el mundo por razones similares; básicamente porque los ordenamientos políticos y las relaciones de poder dan la interpretación de agotamiento como fuente del mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos.

Aquí tenemos nuestra versión glocalizada de esos vientos que fueron el huracán presentido pero sorpresivo que sopló en los cubículos de votación ayer en Cartagena.

Ciertamente, la primera aproximación analítica del fenómeno Dau tiene que ver con ese grado de indignación del cartagenero, con los antecedentes de estrés social al que los dirigentes políticos han sometido a la ciudadanía frustrada en sus expectativas de mejoramiento por vía electoral.

Podría ser peor, pero la indignación se orientó a las urnas, el triunfo de Dau no estaba en los cálculos de muchos. De allí hacia adelante lo que vendría es pasar del entusiasmo sorpresivo a la administración eficiente y ello es tarea de los técnicos; gobernar es de los políticos. El perfil de Dau no es el de un político profesional y, por ello, la cartagenidad debe ser celosa vigilante de la orientación de su mandato.

Ahora viene una etapa en la cual es de primer orden la participación de la academia, los gremios, la dirigencia cívica y popular, la llamada Sociedad civil, para que, técnicamente y con el rigor de la conducción de expertos, se pueda entre todos diseñar el Plan de Desarrollo que consensué lo prioritario con lo importante teniendo como fundamento los ingresos, el gasto y la inversión social.

* Economista, docente universitario, director del Centro de Observación y Seguimiento del Delito

 
 

Comments are closed.

Wordpress Social Share Plugin powered by Ultimatelysocial