De votar o no votar y otras tragedias

Por Javier Doria Arrieta *

A escasas horas de tener que tomar en nuestras manos la decisión que definirá el curso de Cartagena por los próximos años, asoma como un fantasma que ahuyenta la ilusión y la esperanza la posibilidad de que una vez más sea la apatía la que termine definiendo los destinos de La Heroica, ya que, según los datos oficiales de la Registraduría Nacional del Estado Civil, en las elecciones locales del año 2015 solo el 54% de los ciudadanos ejercieron su derecho al voto, esto es: 379.386 personas, mientras que en las atípicas del 2018 solo acudieron a las urnas el 22.65% de los ciudadanos, esto es: 169.835 personas.

Para el 2015 el candidato ganador consiguió su elección por disposición de 126.552 ciudadanos, lo que representaba un 18% del censo electoral (*1) de la ciudad, y en 2018, el candidato elegido obtuvo a su favor 72.111 votos, lo que representó el 9.6% del censo electoral. Hoy, la realidad de Cartagena es igual o peor; la de 2019 se ha caracterizado por ser una campaña sucia, llena de ataques, de odios, con pocas propuestas y pocos liderazgos, realidad que, en mi concepto, hace crecer la abstención y aleja cada vez más al ciudadano de las urnas.

Pero, tal como lo hizo el personaje principal de la tragedia (*2) de Shakespeare, en la Ciudad Heroica los ciudadanos debemos preguntarnos: “¿qué es mejor para el alma, sufrir insultos de fortuna, golpes, dardos o levantarse en armas contra el océano del mal, y oponerse a él y que así cesen?; ¿Quien puede soportar tanto?, llevar de la vida una carga tan pesada?, nadie, si no fuera por ese algo detrás de la muerte, que confunde la voluntad haciéndonos pacientes ante el infortunio“.

¿Hasta cuando recibiremos la humillación de quien es indigno?; la respuesta sería, pues, hasta que todos los ciudadanos seamos conscientes de nuestra verdadera responsabilidad y dejemos de un lado la indiferencia, el arribismo político y la limosna del día de elecciones, y en su lugar empecemos a actuar, tomando partido, opinando, votando, haciéndole saber a los mismos de siempre que no nos gusta lo que siempre han hecho, que su desatinado, ineficiente o corrupto actuar tiene a la ciudad enterrada en las peores cifras de su historia, con graves problemas de salud, con las escuelas cayendo sobre los estudiantes que aún no han desertado y a la gente decente enrejada en sus casas por miedo a la inseguridad.

Nuestro sistema democrático contempla la posibilidad del Voto en Blanco, que requiere de una mayoría calificada para tener efectos legales en el debate electoral, es decir, que para salir victorioso requiere como mínimo de la mitad más uno de los votos válidos depositados en la elección. Solo por tener otro dato a considerar: hace cuatro años el comité promotor de dicha opción alcanzó tan solo el 1.09% de los votos, y para este año no hay quien promueva esa opción.

Entonces, ¿qué hacemos?, ¿dejamos que la maquinaria minoritaria siga mal gobernando y armando desde ya, en la oficina de algún inescrupuloso abogado, a la vista de todos, los amarres y contratos de los próximos años?, ¿o tomamos la decisión de actuar contra la desvergüenza y la indignidad?.

Estas palabras no son una invitación a votar en blanco; son una invitación a actuar, a no dejarnos, a no ser parte del altísimo porcentaje de abstencionistas.

Votar, o no votar, esa es la cuestión.

* 1 – Ciudadanos habilitados para votar: 749.593, año 2018.

* 2 – Hamlet, príncipe de Dinamarca, de la novela que lleva su mismo nombre escrita alrededor del año 1603 por el dramaturgo inglés William Shakespeare (1564-1616).

* Abogado. Especialista en Derecho Administrativo y Derecho de los Negocios. Magister en Derecho Público. Candidato al Título de Doctor en Derecho. Docente Universitario a nivel de Postgrado – Director de la firma Doria & Asociados Abogados.

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