La mensajera

Luego de la catástrofe en la Amazonía, el intenso cierre ambiental de septiembre es imborrable, con los millones de jóvenes en cientos de ciudades del mundo protestando y recordándoles a los tomadores de decisiones y gobiernos reunidos en la Cumbre del Clima y la Asamblea General de la ONU, que evadir responsabilidades ya es imposible y que haciendo lo mismo, con solo palabras, no es posible vencer la galopante crisis climática.

Greta Thumberg fue contundente: “la solución es blanco o negro; necesitamos detener la emisión de gases de invernadero (GEI). O impedimos que el calentamiento global supere el 1.5 °C, o no lo impedimos. O alcanzamos un punto de inflexión en el que desencadenemos una reacción en cadena irreversible que está más allá del control humano, o no lo alcanzamos. O elegimos continuar como civilización o no lo elegimos. No hay grises cuando se trata de sobrevivir”.

Da pánico, es cierto, pero, como dice, la crisis hay que tratarla como tal. Con la casa ardiendo no te sientas a hablar de lo bonita que quedará cuando la reconstruyas tras el incendio.

Reconoce que solo repite y exige lo que dijeron los científicos. Es mensajera de una juventud indignada que recibe todo el peso del odio de los Trump, Bolsonaro y demás depredadores fósiles. La ofenden -y nos ofenden – con la calumnia y la complicidad de instituciones y empresas; también con la indiferencia o complacencia de los ‘inocentes’ que insisten en llevarnos al abismo.

El día que en New York evaluaban el déficit de cumplimiento de gobiernos y empresas y sus ofertas de no deforestar y reducir emisiones, en Cartagena pagando con dos peajes nos ‘vendían’ en una isla la Quinta, la ‘genialidad’ de una vía trunca a construir sobre el ecocidio de 11 hectáreas de manglares. ¡No la compramos!, como tampoco el impune y bárbaro destrozo del bosque de manglar entre Tierrabaja y Puerto Rey, ambas inconsciencias de ricos y pobres.

Censados como víctimas por el impacto del nivel del mar, con invasiones en las zonas de protección y riesgos, los rellenos en la Bahía, la (in)ejecución del Plan 4C, no encontramos el punto de inflexión; no ha sido debatido y poco el aporte de los candidatos a la Alcaldía. Es como si la impunidad en la apropiación de las zonas de bajamar no fuera corrupción.

De la Cumbre quedó el compromiso de 77 países de sembrar más de 11 billones de árboles y dos mil ciudades pusieron el tema del riesgo climático en el centro de la toma de decisiones.

Toca bajarle al acelere del uso del limitado presupuesto de carbono. Lo que pide Greta es “una nueva forma de pensar. No más un sistema político basado en la competencia donde se engaña para ganar. Obtener poder. Vivir dentro de los límites de la Tierra, centrarnos en la equidad. Por el bien de todas las especies vivas proteger la biosfera. El aire. Los océanos. Los bosques. La tierra”.

* Abogado, ambientalista y gestor de Paz

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