De la Cartagena indignada a la Bogotá informada

Por Juan Diego Perdomo Alaba *
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Los de Cartagena y Bogotá son dos ecosistemas políticos diametralmente distintos. En la primera son las clases menos favorecidas las que suelen eligir a sus gobernantes a través del voto amarrado; la franja de opinión es muy estrecha y los totalitarismos subnacionales detentan el poder a su antojo. La capital de la República, por el contrario, tiene una gran clase media formada que elige sin que medien esas nefastas dinámicas transaccionales de la política tradicional, lo que no quiere decir que no haya clientelismo. Existe, claro que sí, pero a menor escala.

El voto de opinión bogotano es muy fuerte y elige, lo que genera una democracia más madura, ya que esta no se concibe como el enfrentamiento de opiniones ya formadas sino como el intercambio de opiniones provisionales, maleables. Es por eso que hace cuatro meses a la candidata verde, Claudia López, se le conoció su techo pero nunca se habló de su piso; lideraba todas las encuestas con cerca de un 45% en intención de voto. Hoy, tras una campaña de tono pendenciero y flojo en ideas, donde su mayor fortaleza ha sido la de contradecirse a cada rato y atacar a sus rivales a punta de descalificaciones, está por debajo de Carlos Fernando Galán, quien mantiene una tendencia sostenida al alza, fruto de una campaña inteligente y conciliadora que no divide. Ambos, muy cerca el uno del otro, tratarán, en este último tramo, de seducir al voto en blanco y el de los indecisos. Quien lo capture será el alcalde o la alcaldesa.

No obstante, este es un caso atípico porque, en esta atmósfera política tan polarizante, son los discursos extremos y rabiosos los que más calan en las ciudadanías indignadas. Bogotá parece resistirse a eso y lo castiga con severidad.

Para el análisis, fíjense este detalle: el candidato oficialista a la Alcaldía de Bogotá, Miguel Uribe Turbay, cuenta con la bendición del Centro Democrático, del Partido Liberal, del Partido Conservador, de ASI, del Mira y de varias iglesias evangélicas, pero marca de último en casi todas las encuestas, pese -además – a tener un músculo económico y político importante. En Cartagena, por el contrario, el candidato a la Alcaldía William García Tirado, con los mismos respaldos políticos de Uribe Turbay, lidera todas las encuestas desde que arrancó su campaña hace más de un año y, si nada extraordinario ocurre, sería el ganador.

Definitivamente, campañas en Cartagena como la de Jaime Hernández Amín o Sergio Londoño Zurek no calan en una ciudad reticente a cualquier ejercicio serio de innovación política, porque el 70% vive en un momento de anestesia colectiva inducida. Hay un 25% de opinión electoral emocional y prejuiciosa, que está ávida de figuras mesiánicas, caudillos furiosos que quieran eliminar de tajo el cáncer de la corrupción así sea acudiendo al adanismo. Hay otra franja, un 5%, de opinión racional y reflexiva, que es constantemente sofocada por esta última y tildada de tibia, demasiado racional y falta de carácter; un segmento, entre otras, sin un líder visible que la interprete.

El fenómeno Dau

La más reciente encuesta que se conoce en la ciudad, realizada por la firma Guarumo – Ecoanalítica, ubica en la segunda posición al candidato independiente William Dau Chamat, con un 11.7% de intención de voto. Dau Chamat es un personaje de coyuntura que supo, con mucha audacia, capitalizar la rabia del indignado anticorrupción cartagenero.

Él interpreta perfectamente a esas nuevas ciudadanías 2.0 que anhelan decirle en público “bandido” y “malandrín” a Juan José García o a Alfonso ‘El turco’ Hilsaca. Se arroga un discurso radical y pendenciero que no conoce los límites entre la libertad de expresión y la injuria y la calumnia; ese que penetra con fuerza entre la ciudadanía indignada y que valora en él el arrojo de meterse con los poderosos a riesgo de un arresto o, en el peor de los casos, a un atentado.

Su principal tribuna, quién lo creyera en un tipo de más de 60 años, han sido las redes sociales. Ahí arrasa; es muy potente. Conecta bien y es viral. Tiene años trabajándolas; sabe indignar con tino desde ahí. Pero, ¡cuidado!, un liderazgo valioso como el suyo requiere de otras cualidades más puntuales para administrar una ciudad con las complejidades de Cartagena. Una cosa es el control y la veeduría social y otra es la Administración Pública. No es lo mismo vigilar el erario que administrarlo y ejecutarlo.

‘Indignar’ en política es mucho más rentable que poner a pensar a la gente y él lo sabe muy bien, por eso en los debates a los que ha asistido todo lo responde acudiendo a estas palabras mágicas para robar aplausos: corrupción y malandrines. Tiene listo el dedo acusador para señalar a todos sus rivales de testaferros de la clase política tradicional, pero cuando se le propone ser concreto se hace agua; cuando se le piden propuestas puntuales de intervención evade el tema, y cuando se le pregunta por algún concepto técnico dice que no sabe pero pide un tiempo para aprender y exponerlo en sus redes, como pasó con el POT, por ejemplo. Tiene más discurso que metodología; ha aprendido el qué sobre la marcha pero en ese trasegar olvida el cómo. No tiene un programa de gobierno serio y estructurado; no conoce el Distrito; carece de una visión prospectiva de ciudad porque, sencillamente, no la conoce, y uno no gobierna solo con buenas intenciones.

Su vertiginoso ascenso en la encuesta de Guarumo no es más que es el resultado natural y consecuente de los audios filtrados que dio a conocer la semana pasada La W, en los que  Vicente Blel Saad, padre del candidato a la Gobernación de Bolívar Vicente Blel Scaff, explica en detalle cómo y entre quiénes se van a repartir la torta burocrática departamental.

Este bombazo que estremeció a la Cartagena política exacerbó los ánimos y agudizó la indignación de muchos que, a falta de liderazgos visibles y consistentes en quienes confiar sus desgracias, descargan su rabia respaldando al único que se ha dado la pela contra varios de los que se mencionan en los audios.

Y, bueno, recordemos que la opinión electoral es emocional y prejuiciosa, no racional y reflexiva. De ahí los Trump y los Bolsonaro. Ese neopopulismo cazaindignados no tiene ideologías pero es muy peligroso ya que la ‘cura’ que ofrecen suele ser peor que la enfermedad. Y está comprobado.

ADENDAS: 

1. Si no hay unión entre los autodenominados ‘candidatos alternativos’, el voto en Blanco es una opción para tener en cuenta. En la encuesta de Guarumo marca un 17%.
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2. Es momento de organizarnos, pensar en la conformación de un consejo consultivo ciudadano y un gabinete a la sombra. El de García Tirado pinta para ser un gobierno ensimismado, hermético, reacio al diálogo y a la concertación. No le conozco la voz. El señor ‘todo gratis’ nunca le explicó a la ciudad cómo hará el milagro.
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3. Hará falta Pedrito Pereira. Como gobernante tiene unas cualidades muy positivas para analizar y emular. 
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* Comunicador Social de la Universidad de Cartagena  – Consultor en Asuntos de Gobierno y Comunicación Política

 

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