Candidatos y Educación

Por Luis Alfonso Ramírez Castellón *

En medio del ambiente de la campaña política que se desarrolla en torno a la Alcaldía de Cartagena, sobre quién va ser la persona -hombre o mujer – que sucederá a Pedrito Pereira en el Palacio de la Aduana, y consciente de la penosa situación de la ciudad en materia de Educación, como lo registró el reciente informe de Cartagena Cómo Vamos y lo muestran los resultados anuales del Icfes, como maestro y como ciudadano no deja de preocuparme el deficiente nivel de conocimiento en la materia que muestran los candidatos en cada una de sus presentaciones.

Y más grave aún es el vacío tridimensional de sus propuestas al respecto, todas circunscritas en el formato de que van a trabajar por la calidad de la Educación sin tener claridad sobre qué es calidad, ni mucho menos de dónde van a salir los recursos para tal fin, en una ciudad con serias limitaciones presupuestales y financieras que históricamente no ha dispuesto de más del 5% de su presupuesto de recursos propios para Educación, a diferencia de otras ciudades como Bogotá, Medellín y Barranquilla, donde la concurrencia con recursos propios sobrepasa el 30%, complementada con la inversión de la industria y el comercio en virtud del principio de responsabilidad social-empresarial, establecido en la Constitución y la Ley.

La situación de la Educación en Cartagena es un problema singular, agravado por la desidia y la cultura de sucesivos gobiernos, en los cuales la Educación no ha estado en sus planes como un elemento prioritario, en contravía del objetivo N° 4 Educación de Calidad de la Agenda 2030 de Desarrollo Sostenible proclamado por las Naciones Unidas, y del cual Colombia es uno de los países suscribientes, que expresa en forma clara e inequívoca que la Educación es la base para mejorar nuestra vida y el desarrollo sostenible, mejorar la calidad de vida de las personas, el acceso a la educación inclusiva y equitativa a objeto de ayudar a abastecer a la población local con las herramientas necesarias para desarrollar soluciones innovadoras a los problemas más grandes del mundo, cuyas metas tienen que ver con que de aquí al 2030 todos los niños y niñas terminen la enseñanza primaria y secundaria, en forma gratuita, equitativa y de calidad y producir resultados de aprendizajes pertinentes y efectivos, el acceso igualitario de todos los hombres y mujeres a una formación técnica, profesional y superior de calidad, incluida la enseñanza universitaria, entre otras.

Sobre ello, precisamente, se acaba de realizar en Cali el Foro Internacional Sobre Inclusión y Equidad en la Educación de la Unesco, que reunió a más de 500 académicos, profesores, estudiantes, ministros de Educación, organizaciones públicas, políticos y funcionarios de todo el mundo, y en donde no se contó con la presencia de ningún representante oficial del gobierno distrital y mucho menos de los partidos políticos y candidatos en contienda a la Alcaldía cartagenera, cuya finalidad giró en torno a “la construcción de lineamientos conducentes a gestionar políticas públicas para el progreso y superar las dificultades de acceso por temas de sexo, edad, raza, etnia, estatus migratorio o ubicación geográfica”.

Dicho foro tuvo como bandera el programa ‘Mmi comunidad es mi escuela’, un proyecto modelo de la ciudad de Cali, no solo para Colombia sino para el mundo, orientado a reducir la violencia y la desigualdad social en amplios sectores de la capital vallecaucana, que lleva implícita la capacitación de cuatro mil docentes y que posibilitó, en un hecho sin precedentes, que 80 mil chicos estudiantes hicieran parte de semilleros de investigación, tecnología, deporte, arte y cultura ciudadana. Esto último, dentro de la formación sobre lo público, de lo cual ojalá nuestra ciudad beba de sus fuentes y de esas experiencias, sin menoscabo de las condiciones y del contexto particular socio-económico que nos caracteriza.

El panorama de la ciudad en materia de Educación en el marco de la contienda electoral, pues, no es nada claro. Los candidatos no tienen una visión del sector; sus propuestas no tienen estructura, ni enfoques pedagógicos y mucho menos hipótesis tentativas sobre si la baja cobertura y la deficiente calidad en los distintos niveles son de naturaleza económica, demográfica, sociológica o segregacionista, ni explican ni hacen referencia a cómo atenderían y solucionarían la creciente deserción escolar, la ausencia de planes y programas de formación de maestros, la ineficiente infraestructura educativa, la inasistencia de una verdadera política educativa de ciudad ni el desamor de los niños por la escuela, y mucho menos cómo enfocarían una hipotética reforma curricular contextualizada y pertinente desde nuestras potencialidades y realidades, y la pedagogía concordante con la definición de currículo de la Unesco, concebida como un amplio acuerdo sobre lo que pretende ser la Nación y, con ella, las ciudades de Colombia, en la idea de que nuestros niños y jóvenes puedan soñar con un mundo mejor, ese que les hemos prometido, y que la ciudad deje de ser un espejismo, con escuelas sin norte y sin PAE.

Rector de la I.E. Soledad Acosta de Samper

 

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