Vientos de guerra

Por Germán Danilo Hernández *

El publicitado retorno a las armas de Iván Márquez y Jesús Santrich, para asumir la comandancia formal de las disidencias de las Farc y eventualmente conformar una alianza con el ELN, representa un duro golpe a las esperanzas de millones de colombianos que anhelan una paz firme y duradera.

Independientemente de la decisión equivocada, motivada en propósitos oscuros que conserva un sector de la dirigencia fariana que suscribió los acuerdos de La Habana, esta representa el más grave resultado de los sistemáticos bombardeos que vienen haciendo a los acuerdos sectores proclives a la guerra, atrincherados en el establecimiento.

En una paradójica coincidencia, la misma semana en la que se dio a conocer el video de Márquez y Santrich, se produjo el lanzamiento del libro ‘Disparos a la paz’, en el que sus autores Juan Fernando Cristo y Guillermo Rivera, revelan no solo los múltiples obstáculos que desde siempre interpusieron al acuerdo sectores de la extrema derecha en cabeza del jefe único del Centro Democrático, sino también los incesantes intentos de desestabilización al proceso, que coinciden con el exterminio de líderes sociales  y de ex combatientes de las Farc en diferentes regiones del país, a manos de organizaciones de diversos orígenes e intereses.

Después del regreso al monte (y al pasado) de los excongresistas de las Farc, los medios de comunicación volvieron a registrar noticias de operativos militares, enfrentamientos armados, masacres, bombardeos y atentados, en simultánea con declaraciones altisonantes de algunos extremistas, que envalentonados con el recrudecimiento de la violencia insisten en el hundimiento definitivo de los acuerdos de paz.

Para exacerbar el clima de perturbación, las fronteras con Venezuela se calentaron por cuenta de la ‘alerta’ declarada por el controvertido presidente Nicolás Maduro y su despliegue de tropas para ejercicios militares, mientras que a nivel interno la Policía Nacional decidió hacer innecesarias demostraciones de brutalidad al reprimir de forma salvaje a indefensos estudiantes universitarios en Soacha, Cundinamarca, quienes recibieron balas y golpes ante la imposibilidad de capturar a un pequeño grupo de encapuchados infiltrados en una manifestación pacífica.

Una columnista de El Espectador sugirió la semana pasada un posible pacto o acuerdo tácito entre los adalides de la guerra: Álvaro Uribe e Iván Márquez. No alcanzo a hilar tan delgado, pero sí creo que los enemigos se necesitan mutuamente y ambos hacen alarde de sus aberraciones para retornar convenientemente a la violencia política.

Duele reconocerlo, pero en Colombia se vuelven a sentir los vientos de guerra, incentivados por quienes pretenden fungir como ‘buenos’ y los ‘malos’ de siempre. Solo una sociedad civil fuerte, que tome distancia de los guerreristas y defienda con vehemencia su derecho a vivir en paz, podrá frenar el retorno a la barbarie.

* Periodista, columnista, docente universitario y asesor de comunicaciones

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