Ciudad sin ciudadanos

Por Luis Alfonso Ramírez Castellón *

Dos hechos me llevaron a escribir este artículo sobre la ciudad. El primero y de mayor relevancia tiene que ver con su situación político, administrativa y social; y el segundo, no menos importante, está relacionado con el proceso electoral que se está desarrollando y en el cual no se vislumbra una solución clara que nos indique que los cartageneros vamos a salir del ostracismo y de la crisis de gobernabilidad en que nos encontramos.

La crisis de la ciudad data desde tiempos inmemoriales; solo basta ver y analizar el panorama en materia de servicios, derechos, exclusión y marginalidad que vienen desde la configuración del país como República, para encontrar que Cartagena históricamente ha sido y es la ciudad más desigual de Colombia y una de las más desiguales de América Latina, sin ciudadanos o con ciudadanos de tercera categoría, donde el ejercicio de los derechos políticos y del poder ha estado  conculcado y reservado antes para ciertos sectores en particular, marcadas por razones de favorecimiento del centralismo político y, hoy, marcadas y  determinadas por intereses meramente económicos y rentísticos que la han saqueado y arruinado en términos de potencialidades y de posibilidades.

El segundo es el relacionado con el debate electoral que se está desarrollando y que se constituye en una severa preocupación para la comunidad expectante. Bien es sabido cuál ha sido y es la cultura de la gran mayoría de la población cartagenera, que posee una ciudadanía sin ciudadanos, una cultura bien arraigada que ha dado al traste con la ciudad y nos ha dado una connotación de ciudad-paria, constituyéndonos en el hazmerreír en materia política y administrativa frente al resto de ciudades del país, donde sus habitantes han alcanzado una mayoría de edad y han entrado por el desarrollo y el mejoramiento de las condiciones de vida.

El concepto político de ciudadanía desde la teoría política contemporánea se concibe y se enmarca en la posibilidad que tiene el hombre como ciudadano y como miembro imprescindible de una organización política, llámese estado o ciudad, de desarrollar y ejercer sus derechos en igualdad de condiciones, sobre la base de las diferencias de pensamiento, credo o situación social y económica, como se manifestaron en las ciudades-estados  de la antigüedad y en las ciudades italianas, en las cuales según Max Weber encontramos por primera vez el desarrollo del homo-políticos y el homo-económicos, respectivamente.

Pareciera que los cartageneros no hubiésemos comprendido el alcance y la magnitud de lo que significa ser ciudadanos y de las garantías que nos trajeron a los hombres y mujeres del mundo los hechos y las teorías filosóficas, antropológicas y políticas que florecieron en Europa con la Ilustración, la Revolución Francesa y la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de cuyas fuentes bebieron las sociedades y países civilizados para la construcción de sus democracias y de sus constituciones políticas.

Ese es el espectro de Cartagena, una ciudad sin ciudadanos, llena de vencejos, que se resiste y se niega a transitar por los caminos del desarrollo del ejercicio de la ciudadanía, donde las mayorías, en un acto de indignidad, entregan el poder y la facultad que les da su condición a unos pocos, casi siempre con menos principios morales y éticos, para que decidan su suerte y la de sus comunidades, con las consiguientes consecuencias que de ello se derivan y que tienen a amplias capas de la población en la ignominia y el abandono institucional.

Todo ello, contrapuesto a la condición de ciudadano, originada del contexto histórico-político y filosófico que lleva inherente unos elementos en cuanto ser, como son la libertad, la dignidad, la ética y la moral.

Rector de la I.E. Soledad Acosta de Samper

 

1 Comment

  1. Calixto Salcedo Corpas dice:

    Me identifico completamente con este escrito y reflexiono en que , parte de esta situacion concierne mucho en las personas que con autoridad de :Rectores y Docentes asi como escritores, Politicos (En el buen sentido de la Palabra) y todos los que en una otra forma son responsables de guiar sanamente al Ciudadano en las sanas practicas de la verdadera Cultura Ciudadana.

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