Políticos y alternativos

Por Germán Danilo Hernández *

Con contadas excepciones, el poder público en Colombia históricamente ha estado en manos de partidos y organizaciones políticas tradicionales, que siendo fieles a su propia naturaleza, disponen de estructuras electorales efectivas y esquemas administrativos que les garantizan un aprovechamiento de los recursos públicos en beneficio colectivo o particular.

Cuando el usufructo indebido de tales recursos supera los límites de la decencia, las comunidades reaccionan en algunos territorios ‘castigando’ a la clase política, llevando al poder a figuras con reconocimiento popular, distanciadas de las prácticas políticas convencionales, denominados independientes o alternativos. En algunos casos los cambios de políticos a alternativos han dado buenos resultados, pero en otros el remedio terminó siendo peor que la enfermedad.

Cartagena no ha sido ajena a esa dinámica de transiciones en el poder. La primera reacción ciudadana efectiva contra las prácticas de corrupción política, en la historia reciente de la ciudad, se dio en las elecciones de 2005 a la Alcaldía, con más de 40.000 votos en blanco y una abstención del 78%. Aunque ello no fue suficiente para el relevo político, el descontento se canalizaría en el 2008 con la elección de Judith Pinedo Flórez, cuya candidatura surgió de un proceso en el que participaron diferentes sectores independientes, coordinados por el movimiento Cartagena 1815.

Pinedo logró imprimir un enfoque social a su administración, con innegables logros en materia de transparencia administrativa, pero poco hizo para garantizar la continuidad del proceso que esperaban los sectores independientes que la impulsaron. En los dos siguientes períodos constitucionales (2012 – 2015 y 2016 – 2019), la ciudad cayó  en la improvisación y el surgimiento de líderes bien intencionados que contaban con altos niveles de popularidad por sus oficios en medios de comunicación, pero carentes de formación y de experiencia, no solo para conservar la independencia que proclamaban, sino también para gobernar.

La condición de alternativo de Campo Elías Terán fue tempranamente superada por los voraces apetitos de políticos y financistas que lo atraparon en complejas circunstancias, conllevando no solo a ser suspendido del cargo, sino también a su prematuro fallecimiento, dando inicio a una prolífera  interinidad en el poder local. La historia se repetiría, con características casi similares con el también periodista Manolo Duque, cuya renuncia desde una prisión generó una crisis de gobernabilidad, y otra secuencia de encargos, que hoy se mantiene.

Según las más recientes encuestas realizadas, la Alcaldía Mayor de Cartagena volverá a quedar en manos de la dirigencia política tradicional, representada en los candidatos William García y Yolanda Wong. Los otros 12 candidatos se diluyen en una ausencia de respaldos masivos que afecta a políticos convencionales, algunos pretendidamente independientes, y otros alternativos, cuyos egos han sido superiores a su capacidad de comprender que su atomización no es una alternativa para la ciudad.

Así las cosas, si en los próximos días no ocurre algo políticamente extraordinario, el 27 de octubre se cerrará un ciclo de más de una década, en el que la ciudad experimentó aciertos y desaciertos con opciones ‘alternativas’ de gobierno. Toca confiar en que la dirigencia política también aprenda la lección y retome el poder con mayor prudencia y sensatez.

* Periodista, columnista, docente universitario y asesor de comunicaciones

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