Entre la nostalgia y el progreso avanzan las obras del puente Arenal – Soplaviento

Han transcurrido 68 años desde que dejara de funcionar en San Estanislao de Kostka y Soplaviento el puente giratorio que los unía y por donde pasaba el ferrocarril que iba de Cartagena hasta Calamar. Un viaje que unía diariamente a la Bahía de Cartagena con el Canal del Dique. Casi 70 años después, un nuevo puente -ya sin tren – se construye sobre el canal.

El puente que funcionó entre 1.945 y 1.951 era manejado por un operario, el cual en uno de sus días de rutina se quedó dormido y no pudo detener el choque inminente de un barco que venía por esta gran ruta fluvial del departamento. Así lo recuerda Jaime Gracia, licenciado en Ciencias Sociales, habitante de Soplaviento: “El barco era conocido por todos. Se llamaba Zaragoza. El operario se quedó dormido y cuando quiso despertar no le dio tiempo de controlar su labor mecánica, y por lo tanto no pudo detener este accidente. El barco chocó con el puente y ocasionó el deterioro del mismo. Con el tiempo lo tuvieron que retirar”.

Además, los rieles fueron retirados también por la poca utilidad que prestaba el ferrocarril debido a que empezaba a prosperar Barranquilla como puerto fluvial y la navegabilidad en el Canal del Dique ya estaba siendo regularizada. Todo cambió desde entonces.

San Estanislao de Kostka y Soplaviento hoy en día se ven, pero no se tocan. Para pasar de un pueblo a otro toca subirse en una canoa. Le pagas mil o dos mil pesos a los ‘bongueros’, que son las personas que te transportan de un lado a otro. Sentiste que es una aventura porque realmente lo es. A menos que, como los habitantes de ambos municipios, tengas que hacerlo todos los días para ir a la escuela, al trabajo, o para transportar a un enfermo o a una mujer embarazada, o tal vez a un bebé o quizás a un anciano. En esos momentos la aventura se vuelve un viacrucis. Ni hablar, tampoco, si vives del comercio y necesitas transportar productos. Y en estos pueblos del norte de Bolívar el comercio lo es casi todo.

Para radicar este problema del Siglo XXI y recuperar la memoria del puente giratorio de finales de los 40, el gobernador de Bolívar, Dumek Turbay Paz, decidió apostarle a la construcción de un megapuente de 600 metros de largo, de los cuales 140 son sobre el Canal del Dique. Un puente vehicular cuya inversión es de $50 mil millones y que tendrá -además – dos puentes peatonales.

Ayer, lunes 12 de agosto, el mandatario departamental realizó una visita técnica a la obra, junto a la alcaldesa de San Estanislao de Kotska, Yaneth Vega. Y los contratistas le informaron que las obras avanzan en un 40%, y que ya se están construyendo las columnas con las zapatas y los alerones que soportarán al puente.

Este puente funcionó en el pasado y lo hará ahora casi 70 años después. Estos dos municipios y todos los que conforman la subregión del Canal del Dique, necesitan esta obra para que la economía del día a día y el impulso al turismo que este puente traerá, tengan el impacto necesario para su desarrollo económico. Ya no pasará el tren, pero sí los carros y ya los problemas para ir a las escuelas, centros de salud y vender productos, acabarán“, señaló Turbay Paz.

Cada vez más, los nostálgicos lugariegos que vivieron la época del tren, así como quienes por su edad no tuvieron la fortuna de conocerlo, ven con alegría cómo se edifica sobre el Canal del Dique un puente que unirá a dos pueblos que están muy cerca y a la vez bastante lejos. El gobernador recordó que esta megaobra de infraestructura no solo beneficiará a los cerca de 70 mil habitantes que suman San Estanislao y Soplaviento sino a más de 250 mil personas porque podrán movilizarse en vehículos desde la Troncal del Caribe hasta los municipios de Mahates, Soplaviento y San Estanislao y llegar a La Cordialidad; así como también transportarse desde San Estanislao hasta Villa Rosa y Repelón, en Atlántico, favoreciendo las dinámicas comerciales y los tiempos de recorrido en el norte del Departamento.

La obra, que tiene a marzo del 2020 como el mes definitivo para su entrega, ha generado mucha felicidad a los habitantes de los dos municipios, como a  Matilde Martínez, de San Estanislao, quien tiene 47 años y creció escuchando a sus padres hablando del puente que ella no alcanzó a ver.

Desde niña soñé con ver en vivo y en directo este puente. Ahora será más grande y ya no pasará el tren, pero sí podremos transportarnos sin problemas de un lado a otro del canal. Es una bendición muy grande para todos“, manifestó Matilde.

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