De Macías a García

Por Germán Danilo Hernández *

Las expectativas sobre quien asume un alto cargo público se miden, además de la preparación y capacidades del nuevo funcionario, por los resultados de su antecesor. Si quien deja el puesto brilló por sus ejecutorias, el desafío del entrante será mucho mayor, pero si por el contrario el balance fue mediocre, superarlo podría ser tarea fácil.

Bajo esa premisa, el bolivarense Lidio García encuentra un camino despejado para dejar huellas en la Presidencia del Senado de la República, porque el desempeño de Ernesto Macías no pudo ser peor para la democracia, para el país e inclusive para su propio partido.

Macías comenzó con el pie izquierdo, al estrenarse durante la ceremonia de posesión del presidente de la República, Iván Duque, con un discurso sectario y retrógrado; después transitó por convulsionados caminos de escándalos, lagarteadas y triquiñuelas, en los que se mantuvo hasta el último minuto.

Al tristemente célebre Macías no se le recordará propiamente por impulsar iniciativas legislativas de gran alcance, o por una oratoria profunda, sino   por su capacidad para cantinflear con el poder; por transgredir la Ley, “sin querer queriendo”, para neutralizar la voz de la oposición o por las demostraciones de máxima lambonería, como la de imponer una placa de reconocimiento en los pasillos del Senado a su mentor y jefe político.

Su propia torpeza permitió crecer el escándalo de la supuesta falsedad en su diploma de bachiller; para hundir su ‘genial’ iniciativa de alargar el período de gobierno a cinco años; para fracasar en su intento de impedir el debate al Ministro de Hacienda, y para que la estrategia secreta de saboteo a la oposición en la sesión de clausura del período legislativo se conociera en vivo y en directo con su propia voz, en una vergonzosa “última jugadita como presidente”.

Así las cosas, para Lidio García, superar la imagen pública de su antecesor sería como “alcanzar mango bajito”, de no ser por las complejidades propias del nuevo período. Su discurso de posesión marca una hoja de ruta interesante: acabar con la polarización política; invitar a la conformación de “un solo partido llamado Colombia” y  pasar de una vez por todas la página de “hacer trizas” los acuerdos de paz.

Muchos habríamos preferido que con la iniciativa de la “cátedra contra la corrupción” para el bachillerato se hubiera comprometido a quitarle el freno a la Ley anticorrupción, o a impedir la confección de leyes a la medida de un solo individuo, pero en términos generales su primera intervención da buenas señales.

Por Colombia, y particularmente por el Departamento de Bolívar, hay que desear que le vaya bien al nuevo Presidente del Senado; que de Macías a García haya más que una simple rotación en los sillones de mando.

* Periodista, columnista, docente universitario y asesor de comunicaciones

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