Hasta luego, Dani

Por Malka Irina Nieto *

Cuando conocí a Daniel Mendoza Benítez hacíamos parte del equipo de comunicaciones de la Cámara de Comercio de Cartagena. Daniel era un ‘detodito’. Desde que llegó a hacer prácticas se quedó y estaba pendiente de las redes sociales, los eventos, el noticiero, la web, el diseño gráfico. Vivía con ese afán de aprender y absorberlo todo que en algún momento me dijo: “Melka (como me decía mamando gallo), esto para mí es una escuela“.

Una escuela que le duró tres años y a la que, a pesar de tener un contrato flexible, sin horarios, era de los primeros que llegaba y de los últimos que se iba. En ese entonces yo estaba embarazada de mi hijo Alejandro y cuando nos tocaba quedarnos a cubrir algún evento, me decía: “espérame para escoltarte“. Esa frase significaba que detrás de mi gran panza y la dificultad para caminar, él tomaba por misión subirse conmigo al Transcaribe con el fin de conseguirme una silla azul.

Era alto, delgado, desgarbado, sumamente inquieto y prudente. De risa tonta y burlona cuando mamaba mucho gallo, pero solo con la gente con la que tenía confianza. Su nobleza era tan grande que no sabía decirle No a nadie. Si alguien le decía “necesito un favor tuyo” él contestaba con un “todos los que quieras” y remataba en un tono jocoso:”después que no sea plata porque de esa no hay“, y aún así terminaba abriendo la cartera para prestar lo que no tenía.

Lo conocíamos por su buen apetito y por ser una de las grandes columnas vertebrales de su casa. Era sobreprotector y celoso de sus cuatro hermanos y de los pocos hombres que he conocido que podían tener una conversación de crudas verdades con una mujer, sin juzgarla o faltarle el respeto, y terminaba dándole el mejor consejo desde el concepto masculino. Alguna vez me dijo que valoraba y admiraba mucho a las mujeres gracias a su mamá.

Con sacrificio Dani logró ser un ejemplo para todos sus hermanos. Hacía poco que había apoyado a uno de ellos a poner un puesto de comidas cerca a su casa para que arrancara. Tenía el don de la escucha, pero también era de esos que se le salía la piedra cuando veía una injusticia.

Luego de tres años en la Cámara le llegó la oportunidad de crecer profesionalmente para seguir ayudando a sus papás. Se fue a ‘Invest in Cartagena’ y lo despedimos con nostalgia pero al tiempo la alegría de verlo emprender un nuevo camino.

Aún estando fuera de la Cámara nunca se desligó de lo que hacíamos en temas de comunicación. Cuando llegó el segundo Foro de Jóvenes lo llamé para hacerle una propuesta: “te necesito para concretar una idea que tengo para hacer un video para el Foro“. Al otro lado de la línea me dijo: “¡Melka, eso va!“.

Se apareció, pero antes que llegara preparé los snacks porque sabía que él era mucho más creativo con buena comida. Recuerdo que le hice unos sanduches de atún y vegetales que le gustaron tanto que repitió. Habíamos hecho clic con la idea y terminamos escribiendo el guión.

En los años que conocí a Dani nunca le gustó figurar. Incluso, cuando había felicitaciones o buenos comentarios por alguna columna o trabajo de equipo que él hubiera liderado y yo le decía “dile que la idea fue tuya“, lo invadía la pena y me señalaba con el dedo que no.

Por ello, cuando le hice la propuesta del video le dije: “el acuerdo es que, aunque no te guste, lo justo es que aparezcamos en los créditos aunque ya no trabajes allá“.

Hablamos toda la tarde sobre porqué tantos jóvenes de Cartagena se querían ir de la ciudad y no apostarle a quedarse a trabajar en su tierra, y coincidimos en que ese mensaje tendría que llevar amor, sentido de pertenencia y motivación. Generarle esperanza a tantos pelaos de la ciudad que estudiaban sin saber porqué ni qué hacer. Y este fue el video que producimos:

Una que otra vez me lo encontraba en Transcaribe y siempre me preguntaba por mi familia. Siempre efusivo y amable. Era emocionante verlo crecer y enterarme de lo que estaba haciendo. La última vez que nos encontramos, paseando en un centro comercial, lo vi feliz y le dije: “se te nota que estás en un buen momento“, y realmente lo estaba. Ganaba más dinero y, principalmente, tenía a Nelly en su vida, una morena de cabello rizado que le completó la existencia. Tanta era su felicidad con ella que me dijo: “ahí me quedo, yo creo que ya me llegó la hora de organizarme“. Pero la peritonitis, y quizás la negligencia de los médicos que lo trataron, no le dieron tiempo para construir su vida junto a su novia.

A raíz de toda esa hermandad que construimos en la Cámara de Comercio surgió un grupo de WhatsApp con el que siempre estábamos en contacto. Cuadrábamos integraciones o felicitábamos a todos en los cumpleaños. Ese grupo se volvió una fuerza grande cuando supimos que estaba enfermo. De manera constante orábamos y hablábamos del seguimiento de Dani. Algunos días eran de angustia porque Dani luchaba con esa peritonitis en una clínica y cada día era una batalla de la que no sabíamos si podía salir victorioso.

Compartimos oraciones, ruegos, palabras de aliento y recuerdos. Habíamos prometido que apenas saliera nos reuniríamos de nuevo para agradecerle a Dios por su vida. Pero Dani se nos fue el 18 de julio a las 3 de la mañana. Ese día me levanté y el anuncio de su muerte era el último mensaje en el grupo de Whatsapp. Luego de eso nadie escribió porque no lo creíamos. Hoy seguimos sin creerlo.

Hoy, cuando sus amigos y sus familiares nos reuniremos para llorarlo juntos, nos seguimos preguntando porqué en 20 días de múltiples cirugías, lavados y transfusiones de sangre no pudieron salvar a Dani. No sabemos si hubo negligencia médica, aún no lo podemos comprobar, pero hasta cuando se sepa toda la verdad el dolor y la rabia seguirán juntos en este duelo que apenas empieza.

Ahora lo único que quiero decir es que esta dura lección de vida, amigo mío; me dice que lo sueños no se posponen, que la vida hay que vivirla y que si sientes que tu cuerpo no anda bien, hay que prestarle atención inmediata. Que hay que reír así sea de las cosas más tontas y triviales. Que la familia es lo único realmente tuyo por siempre y que los verdaderos amigos se conocen aunque hayan distancias físicas de por medio.

Buen viaje, mi querido Dani.

Te quiere mucho tu Melka.

* Comunicadora social – periodista de la Universidad Tecnológica de Bolívar

1 Comment

  1. cilia mendoza dice:

    Que hermoso malka , así tal cual lo describes ese es mi hermano y eso que no alcanzaste a probar sus comidas jajaja

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