Sensatez para Cartagena

Por Eduardo Arellano González *

Las palabras pronunciadas por el presidente Iván Duque el pasado viernes 28 de junio, durante los actos de la presentación de la mascota oficial de los juegos nacionales y paranacionales 2019, al hacer un “llamado a la sensatez y a la evidencia”, seguramente tranquilizó a muchos ciudadanos cartageneros.

Pero, con plena seguridad, a otros no tanto; justamente a quienes, con propósitos y acciones de canibalismo, pretenden como piratas asaltar y devorar lo que no les pertenece, queriendo someter a Cartagena nuevamente al atraso, obstruyendo las buenas intenciones de la actual administración y de la  inmensa mayoría de los cartageneros, al pretender que se designe a un nuevo alcalde faltando apenas seis meses para expirar este gobierno.

A estos ciudadanos insensatos les recuerdo que sensatez es la cualidad de sensato, cuerdo, prudente o de buen juicio, y que lo opuesto, es decir lo que ellos son, es la locura, la imprudencia y lo absurdo de lo que pretenden hacer en menosprecio a Cartagena. “Con el futuro y el presente de Cartagena no se puede jugar”, como dijo el primer mandatario, Iván Duque.

Y, evidentemente, lo que necesita Cartagena son dirigentes que se manejen con sensatez, que ejecuten con responsabilidad cada proceso de la gestión pública para producir y desarrollar estrategias coherentes, para llevar a cabo una acción conveniente y efectiva, y que no despilfarren los recursos que son de todos.

En el tema de la gestión pública, los ciudadanos cartageneros reclamamos que en los últimos años no se hayan gestionados actividades para crear ciudad, y que la suma de los atrasos social y económico en todas sus instancias urbanas son evidentes, y lo muestran a las claras sus necesidades.

Pero también es evidente, a Dios gracias, que hoy existe un creciente fervor ciudadano y administrativo para superar y mantener un desarrollo progresista.

Estudios académicos expresan que en las sociedades democráticas la gestión pública debe caracterizarse por una eficiente capacidad de respuesta ante la complejidad de las problemáticas que surgen a diario en los espacios sociales. Y, ante esta situación, la gestión pública es la responsable de producir y desarrollar estrategias para llevar a cabo una acción conveniente y efectiva.

En su alocución, el presidente Duque se expresó de Cartagena en términos de “una ciudad con una gran personalidad, una característica cierta y a la vista de todos, pero de la cual, por lo visto, no se han percatado los dirigentes políticos, gremiales, académicos ni de las distintas instancias de gobierno.

Cartagena, por sí sola, ha hecho todo, y desde siempre se ha erguido como la gran ciudad, que lo da todo a cambio de míseras acciones de sus gobernantes y de sus propios conciudadanos.

Promover el desarrollo económico y social en Cartagena depende de muchos factores; y uno de los más importantes es la gestión pública administrada por personas sensatas y coherentes. El Estado ha cambiado notablemente en cuanto se refiere al sector público, pues este ahora participa activamente con las organizaciones privadas para adquirir los recursos por el bien de la población. Sin embargo, este giro en el concepto de la gestión pública no ha tocado a Cartagena; sus administraciones recientes han perdido el rumbo y se han propuesto asaltar, a como dé lugar, las arcas o fondos que le pertenecen a la ciudad y a sus habitantes.

La personalidad de Cartagena, en consecuencia, exige que se le mire como una gran ciudad. El pasado reciente no tiene datos de avances de gestión pública que haya mirado o asimilado la grandeza de nuestra ciudad. Otras ciudades con menos personalidad que Cartagena se ufanan de tener y presentar, en algunas ocasiones sin tenerlos, atributos y títulos, y lo hacen sus dirigentes para conquistar las mentes de sus conciudadanos y empujar a todos para conquistar su futuro con el progreso y desarrollo que ellos tienen por meta. Y esas son buenas gestiones, llevadas por la pasión y el amor a sus ciudades. Qué bueno sería para Cartagena que esta urbe tuviera alcaldes que trabajen con la pasión que Cartagena se merece.

Nos apasionamos cuando resaltamos que en Cartagena de Indias, dada su personalidad, ya están listas todas las condiciones para convertirla en un enclave petrolero en la costa norte de Colombia con valor internacional, para desarrollar actividades petroleras costa afuera (offshore). Cartagena lo tiene todo: puertos, refinería, almacenamiento de petróleo y gas, planta desgasificadora, espacios inmensos en la bahía interna para albergar la flota petrolera más grande del mundo, un brazo del Río Magdalena -el Canal del Dique – que llega a su bahía, profundidad y canal de acceso marítimo a todos los puertos existentes y para los que se construyan en su inmensa bahía interna, etc., etc.; pero, sin embargo, sus dirigentes no se han percatado y mucho menos han trabajado para que se inscriba en el ámbito petrolero mundial y se nombre a Cartagena como una verdadera ciudad energética para el mundo.

Recientemente, el día 21 de junio, los medios noticiosos RCN y Caracol informaron que en Barranquilla se llevó a cabo la firma de una declaración con la Asociación Mundial de Ciudades Energéticas, con el fin de fortalecer el desarrollo de actividades costa afuera en la región Caribe.

Y El Heraldo tituló: “Barranquilla es ‘enclave estratégico’ para desarrollo del offshore. Me complace inmensamente que nuestra hermana ciudad tenga gobernantes que día a día luchan por mostrar la ciudad y sacar adelante proyectos de beneficio social.

Pero lamento lo que le sucede a nuestra ciudad, y es la falta de pasión, la falta de pertenencia por lo que tenemos; si solamente pensáramos en los innumerables y grandes beneficios sociales y económicos que obtendríamos de ella; si todos trabajáramos en conciencia de nuestra responsabilidad como hijos de una ciudad con gran personalidad, jamás dejaríamos que esos mal llamados dirigentes nos roben y pospongan nuestro progreso por su afán mezquino de robar, ocultar, desviar y negar el desarrollo de mi querida Cartagena.

Estamos justamente en el tiempo y lugar para desatrasarnos; algo se ha recuperado con el actual alcalde, pero el atraso es inmenso y sabemos que está ahí, está aquí, está acá, y tenemos que movernos rápido y seguros para elegir a una persona honesta coherente, sensata; sin cálculos políticos.

Nos corresponde ahora actuar con seriedad y ser sensatos, porque con el presente y futuro de Cartagena yo no juego, tú no juegas, él no juega, ninguno jugamos.

* Ingeniero electromecánico, especialista en eficiencia energética y dirigente cívico

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