El pasado no perdona o el Derecho al olvido

Por Carlos Ardila González *

‘El pasado no perdona’ es una telenovela colombiana, protagonizada por María José Martínez Turrini, como Ángela León, y Bernie Paz, como Esteban Zaldívar, que alcanzó altos niveles de audiencia en 2005.

Es -igualmente – una canción vallenata interpretada por el fallecido Martín Elías, con el acordeón de Juancho de la Espriella.

Es -asimismo – una canción a ritmo de salsa compuesta e interpretada por el músico panameño Rubén Blades.

Y es -además – la frase que más suelen utilizar los responsables de las llamadas ‘páginas rojas’, sobre todo de los periódicos de provincia, cuando los protagonistas de sus notas son individuos que asesinan a otros en venganza de una afrenta que se creía olvidada. “El pasado no perdona” publican en la reseña del crimen. “Olvida quien ofende, pero no el ofendido“, aclaran (¿y justifican?) de manera tácita.

Pero también es lo que explica que quienes en un instante de sus vidas (o en muchos y prolongados momentos de sus existencias, como ocurre con algunos) hayan violado la Constitución o la Ley, o hayan atentado contra la moral o la ética, tengan siempre sobre sus cabezas una espada de Damocles: la del recuerdo de sus delitos, contravenciones o pecados.

Si un individuo desvió su camino y le produjo un grave daño a la sociedad tiene -claro que sí – la oportunidad de reparar su afrenta y resocializarse; de reintegrarse con la plenitud de sus derechos a la sociedad civil.

Y, en términos generales, tienen a su disposición el denominado Derecho al Olvido.

Es claro que quien haya delinquido, o pecado de manera grave, y repare su daño o afrenta, no tiene porqué cargar el resto de sus días con el sambenito de sus actos.

Pero también lo es que, si algún día se convierte en una figura pública, o si aparece otra vez en escenarios estatales tras permanecer alejado de ellos por disposición judicial, sus actos del pasado podrían convertirse (y suele ocurrir sobre todo en vísperas de unas elecciones o ante un inminente nombramiento en un cargo oficial), en un verdadero fantasma.

En esos casos -y es claro porqué – no opera el Derecho al Olvido.

Quienes pretenden invocar ese derecho es porque no han leído la Sentencia T-098/17 de la Corte Constitucional, que establece -con otras palabras – que orinan fuera del tiesto quienes creen, amparados en ese derecho, que a los medios de comunicación les está vedado referenciar un hecho cierto y verificable, como es -entre otros – una decisión judicial.

En estos casos, según dicha sentencia, no opera el llamado Derecho al Olvido. Este “no tiene protección dentro del marco constitucional“, se advierte en la misma. “La circulación restringida del dato negativo tiene una finalidad precisa, pero en ningún momento podrá extenderse hasta el punto de prohibir que la sociedad pueda informarse sobre un hecho cierto y objetivo, como lo es una condena penal, lo cual atentaría contra el núcleo esencial de la libertad de expresión, pues, siguiendo dicha argumentación, el cumplimiento de una condena penal contemplaría no solo la extinción de la pena sino el hecho mismo, y en esa medida eliminaría el dato histórico sobre la ocurrencia de un conjunto de acciones que condujeron a una condena penal, así como hacer público dicho hecho y la posibilidad de que la sociedad sea informada al respecto“.

En el caso concreto del Periodismo debe tenerse en cuenta, además, que su esencia es decir siempre la Verdad, pero esta, como advirtiera el maestro Javier Darío Restrepo, debe ser útil para la sociedad; debe “responder a sus intereses y no solo a su curiosidad“.

Ello significa, por ejemplo, que no tiene porqué ser noticia que un expecador se case con una puritana; ello podría satisfacer la curiosidad de muchos, pero nadie podría decir que corresponda al interés general. Pero sí es noticia que personajes a quienes la Justicia halló culpables de ciertos sucesos, o que aún tiene hechos públicos que explicar, incursionen o pretendan incursionar -otra vez – en las esferas públicas.

En este último caso, salvo excepciones de ley, luego de pagar sus culpas los condenados recuperan sus derechos civiles.

Pero, por tratarse de escenarios públicos, la sociedad tiene derecho a recordar, a no olvidar; y los periodistas, además del derecho, tenemos el deber de exponer con amplitud e integridad cada suceso.

Volviendo a las enseñanzas del maestro Javier Darío Restrepo hay que decir que “otro elemento de la verdad del periodista es que debe ser completa. No responde solamente a lo que sucede, también debe explorar el por qué, el para qué, el dónde, el quién, el cómo de los hechos. Es decir, debe ser completa para que constituya un sólido elemento de juicio en el momento de decidir“.

Y, por ello, para los periodistas no hay Derecho al Olvido, no puede haberlo, en vísperas de elegir gobernadores, alcaldes, diputados, concejales y ediles; o al momento de llenarse la vacante de un importante cargo oficial; o cuando ha de integrarse una terna para escoger -nadie menos ni nadie más – que al responsable de disponer el futuro de una población.

En uno y otro caso puede ocurrir, y ha ocurrido, que el pasado no perdone.

Y en uno y otro caso, por corresponder al interés general y estar amparado en la Libertad de Prensa y la libertad de expresión, es claro que para el periodista no puede existir Derecho al Olvido.

* Director de Revista Metro

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