La mujer del César no solo debe parecer honrada, sino sobre todo serlo

Por Carlos Ardila González *

En una columna que titulamos ‘En busca de buenos candidatos‘ (hacer click), publicada a escasos meses de las elecciones de octubre de 2007, advertimos que “cuando en cualquier empresa va a designarse un gerente, sus socios, en primera instancia, propician que un buen número de elegibles presenten sus  hojas de vida, para luego analizarlas con el debido rigor y proceder a designar al mejor aspirante posible. Nadie nombra como administrador, aún del más modesto de los negocios, al primero que alce la mano señalando que él quiere ser. Y mucho menos, sin que se conozcan sus antecedentes y capacidades. Hasta la trayectoria de quienes aspiran a regentar la más pequeña farmacia es sometida a estudio por parte de sus propietarios“.

Y lo hicimos porque pensábamos que era inconcebible, tal como lo seguimos considerando, que estuviéramos “a punto de escoger al gerente de la más importante empresa de la cual somos socios todos los cartageneros, este emporio comercial, industrial y turístico que es nuestro terruño, sin haber propiciado un proceso ciudadano para examinar de manera colectiva el perfil de un importante número de eventuales candidatos“.

Hoy, 12 años después, prosigue ocurriendo lo mismo. Pero con un peligroso agravante: como las redes sociales permiten que cualquiera pueda publicar o replicar y difundir ‘noticias’ sin ningún rigor, vale decir, sin constatar la veracidad de los hechos ni consultar las fuentes debidas, lo que suele ocurrir es que los ciberlectores reciban más desinformación que información.

Y ello conlleva que los procesos de selección, en este caso de buenos candidatos a la Alcaldía (y además -claro está – a la Gobernación), estén signados de lunares o al menos puntos oscuros que algunos, hábilmente, pretenden esconder.

Y sobre ello en Cartagena existen varios ejemplos. Aprovechándose del fenómeno, hay aspirantes que hoy justifican, con mil argumentos, su militancia en uno u otro partido, o su simpatía por uno u otro dirigente político del orden regional o nacional, como si lo que se les cuestionara no fuera su participación activa y determinante en procesos de dudosa licitud -algunos en el sector público; otros en el sector privado – sobre lo cual es necesario que haya total claridad.

El respaldo mayoritario, casi unánime, que le ha brindado el pueblo cartagenero al alcalde Pedrito Pereira es un buen ejemplo de lo que queremos decir y una clara muestra de la conveniencia de acertar en los procesos de selección. Quienes le piden al presidente Iván Duque que lo ratifique en el cargo lo hacen no porque él sea conservador o hubiera sido personero, concejal o representante a la Cámara. Apoyan su continuidad porque saben que él es, como reconocen tirios y troyanos, “un político decente” y una persona en quien confiar.

Y es que, en un ente territorial como Cartagena, donde prima -y con razón – la desconfianza ciudadana, se requiere que sobre su máximo líder: el alcalde (y hemos dicho que también el gobernador) no exista ni haya existido ningún asomo de sospecha.

Como todos coinciden en admitir, la mujer del César no solo debe ser honrada, sino también parecerlo (mulier Caesaris non fit suspecta etiam suspicione vacare debet).

Y lo que ocurre en Cartagena (y hemos dicho que también en Bolívar) es que algunos aspirantes, por lo menos, no lo parecen… por hechos que ahora pretenden ocultar o -peor aún – que simplemente olvidemos.

Por ello, más gráficamente aún, y con el fin de que prosigamos cavilando, decimos que la mujer del César no solo debe parecer honrada, sino sobre todo serlo sin asomo de dudas.

* Director de Revista Metro

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