Pornografía política

Por Eduardo Lombana Yepes *

Se dice, y con toda razón, que la voz del pueblo es la voz de Dios. Y, por ello, cuando la sabiduría popular bautiza un fenómeno con un nombre cualquiera, con ese nombre será llamado el resto de su vida.

Y ello ha ocurrido, por lo visto, con los vergonzosos acontecimientos que han ocurrido en el Concejo de Cartagena a lo largo de este cuatrienio constitucional, el cual inició el 1 de enero del 2016 y culminará en seis meses y medio: el 31 de diciembre de 2019, que han sido llamados por el genérico nombre de Pornografía Política.

He decidido hablar de la política local desde ese aspecto impúdico, porque se siguen presentando actos antiéticos que atentan contra los principios de la Administración Pública y la ética por parte de algunos servidores que han resultado involucrados en presuntos actos de corrupción.

Esos hechos, cometidos a la vista y los oídos de todos a los largo de los últimos años, han causado daño a la institucionalidad local y han debilitado la ejecución y el libre progreso del Plan de Desarrollo, que es la carta de navegación de los sucesivos mandatarios encargados luego de que su autor y promotor, el alcalde electo hace cuatro años, fuese suspendido del cargo por presuntos delitos que todos conocemos.

De igual manera, debo decir que en los últimos días se han presenciado escenas vergonzosas en el Concejo Distrital, donde no existe el pudor ni el respeto por los ciudadanos que asisten al recinto a ver las sesiones.

De escándalo en escándalo se muestra a la comunidad un Concejo dividido en dos bandos: nueve contra nueve, peleándose la Presidencia de la corporación, demostrando además comportamientos rebeldes que no dejan avanzar con éxito las sesiones, irrespetando el uso de la palabra, desconociendo la posición jurídica que representan dentro de su bancada y en nuestra democracia representativa con constancias que van y vienen, con algunos concejales que con su indiferencia se aíslan de la realidad política local utilizando sus equipos electrónicos en medio de las sesiones, y otros levantándose de sus curules para pasearse por el recinto en medio de la plenaria, en fin: un sinnúmero de acciones que le restan importancia al recinto y destruyen la democracia; y peor aún, cuando pierden de vista el objetivo que los conmina, como, por ejemplo, concentrarse en la estructuración y presentación de proyectos de acuerdos de gran impacto para la ciudad para solucionar los problemas que nos aquejan.

Definitivamente, se trata de un espectáculo deprimente, políticamente pornográfico, porque los hechos resultan obscenos en su concepción y en su desarrollo.

Hoy se siente vergüenza al ver los hechos sicalípticos que se han suscitado a lo largo de estos tres años y medio, que aniquila las bases de la democracia con un elector insatisfecho que se abstuvo de sufragar en las pasadas atípicas, cuando hubo un abstencionismo del 77%, pero como las elecciones no son iguales, dicen, queda a la espera de los nuevos comicios.

Para concluir, pregunto: ¿haría usted bien en dejar en los cargos públicos a personas que le han faltado moralmente a la ciudadanía y a la institucionalidad que los vio posicionarse, cuando hicieron un juramento verbal ante Dios y la Ley?.

* Administrador Público, maestrante en Administración de Organizaciones, funcionario de la Alcaldía de Cartagena

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1 Comment

  1. José Ricaurte Gome dice:

    Estoy de acuerdo y comparto las apreciaciones del señor Lombana sobre los hechos que empañan el recto proceder de los cabildantes de esta sufrida ciudad, lo peor es que los nuevos nacieron peores. Dios quiera eso cambie, iniciando por saber elegir. Gracias

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