Xenofobia o aporofobia a la inmigración venezolana

Por Adolfo de Ávila Díaz   *

En días pasados causó mucha sorpresa la declaración del embajador de Colombia en la Organización de Estados Americanos -OEA, Alejandro Ordoñez, cuando insinúo que la diáspora venezolana no es más que una artimaña del régimen de Nicolás Maduro para expandir el Socialismo del Siglo XXI.

Textualmente, ante el Consejo Permanente de este organismo, el diplomático colombiano dijo que “la dictadura de Nicolás Maduro hace parte de una agenda global  para irradiar en la región el Socialismo del Siglo XXI. Para ello, la migración y las alianzas  transcontinentales son parte de la estrategia para concretar ese propósito. Es una estrategia fríamente calculada para irradiar en la región el Socialismo”.

Ante estas declaraciones, el director de Human Right Watch, José Miguel Vivanco afirmó que “este discurso aviva la xenofobia y la estigmatización hacia la migración venezolana”. La dictadura de Nicolás Maduro ha sacado de su país a más de cuatro millones de venezolanos y solo en Colombia hay un millón 200 mil nacionales que huyen de la crisis social desatada por el régimen.

Ante esta realidad y sobre la declaración de nuestro canciller en la OEA cabría preguntarse: ¿esta aseveración se podría clasificar como un avivamiento de la xenofobia que es el rechazo al extranjero, o más bien de la aporofobia que es el rechazo al pobre?

El termino xenofobia proviene del griego ‘xénos’ que significa ‘extranjero’, y ‘phóbos’ que significa ‘miedo’. Por lo tanto xenofobia se refiere al odio, recelo, hostilidad, miedo, aversión o rechazo hacia el extranjero, al que no es nuestro, al forastero.

Entretanto, aporofobia es un término desarrollado por Adela Cortina, del griego ‘aporos’ que significa ‘pobre’, sin recurso, y lo definió como “odio, repugnancia u hostilidad ante el pobre, el sin recursos, el desamparado. El rechazo al pobre degrada a quien lo practica y es un atentado cotidiano contra la dignidad de personas concretas, con nombre y apellidos. No contra la dignidad humana, que es una abstracción, sino contra la dignidad y el bien ser de las personas de carne y hueso que sufren el rechazo”.

La inmigración de nuestros compatriotas venezolanos se ha realizado en diferentes etapas: inicialmente vinieron al país profesionales y expertos del sector petrolero, y con la ayuda de estos logramos alcanzar la producción de un millón de barriles diario de petróleo; llegaron profesionales con vocación emprendedora, se montaron nuevos negocios de comercio en el país, nuevas industrias, inversionistas con buen poder económico, artistas y actores de cine y televisión. Estudiantes venezolanos, con poder económico, entraron a las universidades privadas del país. En general todos eran considerados una ‘buena’ inmigración y su acogida era entusiasta y hospitalaria.

Seguidamente, la inmigración ha ido cambiando y ahora tenemos inmigrantes pobres que vienen huyendo de su país donde prácticamente las condiciones básicas de supervivencia son cada vez peor; no tienen  alimentos, no tienen medicinas, tienen problemas de servicios públicos, huyen de su país por la miseria y el hambre, buscan sobrevivir…

Ahora nos enfrentamos a una nueva realidad en las ciudades colombianas: familias enteras venezolanas con sus niños pidiendo alimentos y monedas en las calles, a la salida de los supermercados, en los buses de servicio público, realizando toda clase de oficios en semáforos y en las esquinas para ganarse una moneda para su sustento, madres embarazadas en las puertas de los hospitales pidiendo servicios de salud. Esta inmigración, como no tiene nada que ofrecer desde el punto de vista económico y compite con nuestras pobres locales, no tiene la misma acogida que la primera migración y se percibe su rechazo.

El comportamiento de rechazo frente a la inmigración de la población pobre venezolana no podría calificarse como xenofobia, dado que el rechazo no es porque sean extranjeros: son rechazados por ser pobres. Es claro, como se ha dicho, que cuando estos mismos extranjeros cuentan con poder económico son totalmente aceptados y acogidos por la sociedad. Este rechazo a la inmigración pobre se percibe como aporofobia; las personas son rechazadas por su pobreza.

La aporofobia es evidente en las afirmaciones de nuestro representante ante la OEA, al afirmar que la diáspora venezolana es una artimaña del régimen de Maduro como estrategia para expandir el Socialismo del Siglo XXI. Es una aseveración falaz porque… ¿quién podría afirmar que una mujer inmigrante embarazada, con hambre y un bebé en brazos, sea la mejor muestra del modelo de gobernanza ideal? Más bien ella es una víctima y una muestra del régimen fallido del Socialismo del Siglo XXI.

Con esta declaración aporofóbica de nuestro canciller en la OEA, lejos de fomentarse la compasión y dignidad que merecen nuestros hermanos inmigrantes pobres venezolanos, lo que se logra conseguir es exacerbar el rechazo a quienes vienen huyendo del hambre y miseria a que los ha sometido el régimen espurio de Nicolás Maduro.

* Ingeniero químico, MBA y especialista en Gestión Ambiental

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