Ética Mínima o Corrupción

Por Adolfo de Ávila Díaz   *

Una expresión escuchada en nuestro ámbito popular cuando se hace referencia a un mandatario: “que robe pero que haga”, o la que expresó un  presidente ya hace algún tiempo: “la corrupción es aceptable en justas proporciones” o la que dijo un contratista corrupto cuando fue descubierto: “la corrupción es inherente a la condición humana”, nos ponen a pensar y a preguntarnos: ¿estamos siendo permisivos para que de manera reiterada se viole la ética mínima en nuestra sociedad?

La ética mínima son deberes y derechos mínimos aceptados por todos los ciudadanos para una buena convivencia. A partir del cumplimiento de estos derechos mínimos todas las personas tenemos libertad para buscar una vida feliz. Con ética de mínimos entendemos el mínimo de legalidad y orden que una sociedad necesita; a tener valores, ideas y normas que los ciudadanos de una cultura plural comparte y que, por compartidos, se encuentran en la base de sus ordenamientos jurídicos (Gómez Hera 2002-290).

Son muchos los años de mala gobernanza o mal gobierno en nuestra ciudad, donde los intereses privados han prevalecido por encima de los intereses comunes, trayendo consigo el notorio atraso en todos los frentes. Por nombrar algunos: según el informe de ‘Calidad de Vida 2017 de Cartagena Cómo Vamos’ en materia de pobreza, el 27% de la población viven en condición de pobreza y el 4,1% en condición de indigencia. En materia de salud, la mortalidad de madres por cada 100 mil nacidos vivos pasó de 31,8 en el 2016 a 61,23 en el 2017. En materia de educación, el 34% de la población en edad escolar no asiste a clases (dato del Sisbén 2016). En materia de servicios públicos, la cobertura de agua en la Cartagena Urbana es del 95%, en la Cartagena rural es del 4,6%, de alcantarillado del 91,4% en la urbana y del 1,9% en la rural. En materia de horas sin energía eléctrica, 47 horas en la Ciudad Heroica versus 14 horas en Medellín. En materia de medio ambiente, no se cuenta con mediciones de aire, ruido y calidad del agua actualizados, ni hay política pública para promover el reciclaje.

Los ciudadanos, ante este panorama, expresan un clamor que denota la pérdida total de la confianza en las instituciones, conformismo y desesperanza. Que “el gobernante de turno robe pero que haga” sugiere ser permisivos con la corrupción, estar por debajo de lo mínimamente aceptado por un código de ética, a causa de obtener una migaja de ‘beneficio’, así entre comillas, porque al final todos pagamos el sobrecosto de la inmoralidad ‘aceptada’.

Para obtener estos resultados de “robar haciendo” de vez en cuando salen a la luz pública superhéroes que adoptan como filosofía de gobierno “la corrupción es aceptable en justas proporciones”, realizan obras de impacto para su ciudad, especialmente de infraestructura, para demostrar “robar haciendo”. Lo hacen, pero con una corrupción ‘controlada’ porque solo es permitida la que realizan aquellos que pertenecen a su círculo más cercano, como lo confirman algunas denuncias.

Este superhéroe, con obras de gran impacto, vende su buena imagen y da cátedra de gobernanza a sus vecinos, imagen que destella aún más si se compara con la de estos, donde la corrupción ha acampado y ha llevado a una crisis de supervivencia a la población por falta de agua, destituciones, 10 alcaldes en los últimos siete años, alcaldes presos. Frente a este panorama, y por aquello de que “en tierra de ciegos el tuerto es el rey”, el superhéroe es elegido como el mejor del país, y nuestra ciudadanía reclama que salga de nuestra entrañas un superhéroe como ese, o que venga él y nos gobierne. Y lo que es peor: el súperhéroe hasta suena ya como presidenciable…

No creo que, como dijo aquel corrupto contratista: “la corrupción sea inherente a nuestra condición humana”. Creo más bien que esta se adquiere alimentada por la búsqueda de una felicidad hedonista, materialista y superficial que se adquiere en el medio en que se desenvuelve la persona, que son los casos de los gobernantes que hemos tenido en estos últimos años.

Todo lo contrario a lo expresado por el contratista, creo que el ser humano, por naturaleza, desde su nacimiento, como todos los mamíferos, necesita ser cuidado, es vulnerable, y es por ello que los padres cuidan de sus hijos; somos cuidadores y si eso inculcamos a nuestros hijos ellos cuidarán de los suyos y valorarán su entorno y la naturaleza.

Por naturaleza también cooperamos con nuestros semejantes; sabemos que cooperando entre todos aseguramos nuestra supervivencia, porque la reciprocidad es la base de la cooperación.

Con base en lo anterior, creemos nuestro propio código de ética mínima, el cual no debe ser negociable bajo ninguna circunstancia, ya que nunca debemos ser permisivos a su violación si queremos seguir subsistiendo como sociedad.

* Ingeniero químico, MBA y especialista en Gestión Ambiental

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