El beso de la discordia

Por Johana Bueno Álvarez *

En Colombia se está volviendo hábito convertir situaciones muy personales y particulares en escándalos de perspectivas entre lo que se cree que es moralmente aceptable e inmoralmente rechazado por la sociedad, lo cual se constituyen en disputas que no conllevan a nada porque, en últimas, son circunstancias que no llevamos a otras dimensiones para transformar nuestras realidades y crecer en temas de valores.

Sería importante que estos eventos fortuitos se utilizaran como una oportunidad de transformación de la sociedad, pero solo generan controversias que roban energías y nos desvían de lo que en trasfondo deberíamos avanzar. El hecho es que, una vez se pasa la furia, se nos olvida por completo lo verdaderamente importante, y es así como -sucesivamente – aparecen nuevos casos, quedando muchos sin poder darle soluciones.

Quiero referirme en esta ocasión al acto de una demostración de amor como lo es el beso. No quiero ahondar en un tema transcendental y muy relevante para fines de inclusión social como lo es la diversidad, porque no me serían suficientes una pluma y un papel. Seré puntual.

Lo ocurrido en el Centro Comercial Andino el pasado martes nos debe llevar a cuestionarnos acerca de qué tan tolerantes somos ante las diversas formas de lenguaje para comunicarnos con las demás personas. Aquí incluyo todas las áreas de nuestras vidas.

Independientemente de quienes hayan sido los protagonistas del ‘’beso de la discordia’’, esta fue una expresión de amor, un bello acto que lejos de todos esos estereotipos sociales que nos han inculcado, y de lo que no hemos evolucionado, debe ser recibido con tolerancia y respeto.

Si la molestia radica en que eran personas del mismo género pues ahí entramos a soslayar un tema de violación de los derechos de la identidad de género y de libre expresión en un Estado Social de Derecho donde el artículo 43 de la Constitución Política versa sobre el libre desarrollo de la personalidad.

Si lo vemos desde el punto de vista religioso, comprendiendo que somos un país laico, no existe mayor prueba de divinidad que la expresión de amor al prójimo, y nada tiene que ver las preferencias sexuales de las personas; son seres humanos que sienten por la simple lógica de ser unas creaturas y estar vivos.

A las expresiones de cariño de este tipo, que no hacen daño a nadie, que no afectan a nadie, no se le ponen condiciones; solo se viven, se disfrutan. ¿O es que acaso debemos estandarizar el darse un beso? ¿Lo debemos condicionar a algunos espacios? ¿Solo es exclusivo de las parejas heterosexuales?

Nuestra sociedad demuestra no estar preparada para convivir en medio de un mundo diverso, y es que tampoco tiene la voluntad de promover la conciencia del respeto hacia personas con orientaciones sexuales distintas a las del ‘’común’’.

Este no es un tema de aceptarla o no porque tenemos todo el derecho de estar en desacuerdo por los elementos doctrinales y conceptuales que tengamos, pero que esto no nos lleve a actos de intolerancia increpando a las personas y vulnerando sus derechos.

* Médica especialista en Gestión de la Calidad y Auditoría en Salud; vinculada a la Clínica Madre Bernarda y a la Secretaría de Salud de Bolívar.

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