La licencia urbanística y su relación con el ordenamiento territorial

Por Emilio Rafael Molina Barboza *

Se puede decir que, por estos días, en nuestra ciudad Cartagena de Indias existe una especie de sensación inquietante respecto a los efectos que implica la expedición de una licencia urbanística.

Casi que podríamos decir que, al parecer, nos encontramos experimentando un proceso de redescubrimiento de la utilidad y la necesidad de desarrollar nuestros predios previa aprobación de la respectiva licencia. Lo cual es, sin duda, una gran oportunidad para que las autoridades competentes fomenten e incentiven una cultura urbanística a partir de la cual todos nos apropiemos de las normas urbanísticas y defendamos su cumplimento.       

La licencia urbanística se define como la autorización previa para adelantar obras de urbanización, parcelación, construcción, subdivisión o loteo, y para ocupar e intervenir el espacio público. Esto quiere decir que de la expedición de una licencia urbanística se genera la adquisición de derechos de desarrollo y construcción y, particularmente, en lo que se refiere a la licencia de intervención y ocupación del espacio público, únicamente implica adquirir el derecho a ocupar o intervenir los bienes de uso público en los términos expuestos en la respectiva licencia.

Toda licencia urbanística debe describir las características básicas del proyecto aprobado, identificando, por lo menos, el uso, el área del lote, el área construida, el número de pisos, el número de unidades privadas aprobadas y los estacionamientos, entre otros.   

Claro está que la autoridad competente, para aprobar cualquier proyecto, previamente deberá verificar su concordancia con las normas urbanísticas vigentes, de tal manera que una licencia urbanística debe ser una consecuencia directa de lo señalado en el Plan de Ordenamiento Territorial, los instrumentos que lo desarrollen y complementen, los Planes Especiales de Manejo y Protección de Bienes de Interés Cultural, las leyes y demás reglamentaciones que expida el Gobierno Nacional.  

Esto no podría ser de otro modo si realmente queremos que nuestras ciudades crezcan de forma organizada. En ultimas, la licencia urbanística se traduce en una forma de control mediante la cual se asegura que la planificación física del territorio logre materializarse.

Evidentemente, existe una relación necesaria entre ordenamiento territorial y licencia urbanística, y por ello también es fundamental que entendamos que, si la planificación del territorio no es la adecuada, entonces lo aprobado mediante licencia urbanística, seguramente, no estará acorde con las dinámicas o necesidades reales del territorio.

En definitiva, muchas de las dificultades que atraviesan nuestros territorios podrían ser superadas con nuestro sometimiento al régimen de licencias urbanísticas, pero creo que para ello no solo será determinante que nuestro ordenamiento territorial responda a una clara y adecuada estrategia de uso, ocupación y manejo del suelo, sino que además la administración pública intensifique las acciones que generen una cultura urbanística sólida.

* Abogado, especialista en Derecho Urbano, Docente Catedrático, asesor y consultor legal

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