Ciudades sostenibles y en desarrollo, ciudadanos despiertos y críticos

Por Arnaldo Barreto Lezama *

Colombia es un país de héroes no-anónimos y de caudillos que se autopublicitan cada vez que hacen algo en favor de una causa que no sienten, que no conocen y que, sobre todo, solo usan para externalizar sus personas sus egos y su imagen. Es una vorágine de situaciones que nos invitan a pensar que la filantropía y las buenas acciones sí deben tener remuneración y reconocimiento como sucede al mejor estilo de los almacenes de cadena cuando te piden tus vueltas y, luego, realizan una acción benéfica que salen a capitalizar con beneficios tributarios, todo hecho con tu dinero.

Nuestra ciudad está llena de esos publicitarios héroes. Los vemos en todos los segmentos sociales, desde los políticos que visitan barrios deprimidos previo a elecciones, con mercados y regalos navideños, hasta aquellos que, sin serlo, defienden las causas animalistas pero nunca han bañado siquiera un perro, tontos bailadores que usan la cumbiamba para mostrar un acervo cultural que no tienen porque en el fondo son como la pirita. Son muchos estos casos, pero la constante es el medio como ese reconocimiento se hace efectivo en la actualidad: a través de un like que recogen al tomarse la consabida fotografía que luego ponen a circular en las redes sociales dando muestras de su gran corazón y desapego.

Pues bien, Cartagena no está exenta de estos superhéroes adictos a la publicidad. Aquí los encontramos por montones y en todos lados, acogiendo cuanta causa pasa por sus mentes, pues no importa el bienestar que puedan proporcionar; solo importan los aplausos y reconocimientos públicos en general, aprobaciones que la gente pueda darles como acentuados comendadores de corazón noble, auspiciadores de la más diáfana filantropía que la fauna cartagenera pueda proveer.

Esta ciudad está llena de capitanes araña o de chapulines colorados que nos muestran su intención de defenderlo todo pero, a la postre, no defienden nada. Líderes de barro que se esculpen a sí mismos y que se elevan como los defensores de una ciudad que aún sigue en cadenas que ya no son de metal porque la alquimia social las ha transmutado en cadenas de apatía, envidia, irresponsabilidad, oportunismo, carencia de conciencia crítica, pereza y, en general, cadenas de importaculismo.

Son una generación de histriones que ha desplazado a los mejores de los nuestros, impidiendo que los grandes liderazgos que nuestra ciudad merece y tiene vean la luz y, por el contrario, se mantengan ‘ocultos’ en la estepa de los depredadores, retrasando con ello los cambios naturales y las transformaciones que hemos esperado en las últimas dos décadas, y que sí se han posibilitado en ciudades como Montería, Santa Marta y Barranquilla.

No se nos puede decir que no es posible, pues una de esas ciudades que ha podido salir adelante pese a situaciones complicadas de gobernabilidad, gobernanza y manejos no probos, es la ciudad de Curitiba, la capital del estado de Paraná, en Brasil, fundada en el año de 1693, 160 años después que la nuestra, por si eso dice algo, con una población casi 70% más grande que la de Cartagena de Indias.

Según Jaime Lerner, arquitecto, urbanista y coautor de los cambios actuales en la ciudad de Curitiba, uno de los éxitos de esa ciudad ha sido el hecho de tener siempre en cuenta a sus ciudadanos como individuos y también como colectivos, en el futuro de la ciudad que habitan. Es decir, dejó de lado el modelo caudillista, liderado por el monarca electoral, y afianzó el trabajo desde las bases haciendo que todos y cada uno de sus ciudadanos tuvieran una sola visión, y esa era el tener una ciudad mejor.

Adicional a lo anterior, debo comentar que en una ciudad que compartió y comparte los mismos desafíos que los nuestros, que posee tantos o más capitanes arañas como nosotros, lo único que los sacó de ese espiral sin salida de aminoración urbana fue la manera de visionar soluciones. Leía hace algún tiempo que, a manera de recurso para poder resolver situaciones que creemos irresolubles, el secreto está en “salir de la caja”. Eso lo que sugiere es que debemos pensar de manera no convencional. Lo ejemplarizaré: en Curitiba, para solucionar el problemas de la congestión vehicular, no se planteó una ampliación de vías y con ello una destrucción del tejido histórico de la ciudad en el cual reside gran parte de su identidad. La estrategia más bien fue desviar el tráfico y reducir la necesidad del transporte privado, implementando una red de autobuses que se han convertido en paradigma del transporte público en América.

El piloto de Curitiba, al momento de analizar su historia urbana y geográfica, no definía un típico modelo de crecimiento concéntrico o radial, pues era una ciudad fuertemente determinada por el influjo de sus ejes fluviales y sus planificadores. Entendieron que no había que dar la espalda a sus determinantes y fue de esa manera como lograron consolidar a sus ríos como estructuradores del crecimiento, además de convertirlos en la imagen a vender de la ciudad.

Nosotros, en Cartagena, no podríamos considerar unos estructuradores de crecimiento diferentes a la Ciénaga de la Virgen, la Bahía de Cartagena, el Cerro de la Popa, el Cerro de Albornoz  las Lomas del Marión, el Canal del Dique, la Isla de Barú, entre otros, elementos determinadores de nuestro modelo de crecimiento, los cuales claramente, aunque se incluyan cada cuatro años en los Planes de Gobierno y definan ejes estratégicos en nuestro caduco Plan de Ordenamiento Territorial, la realidad es que nuestra ciudad crece en múltiples aspectos a espalda de esta realidad urbana.

Para el caso de Curitiba, sobre los ejes fluviales se erigieron nuevos y grandes parque urbanos (que bueno sería uno sobre la Laguna de San Lázaro) pero eso no tiene nada de innovador. Lo que realmente me llamó la atención fue que estos grandes espacios fueron repartidos a los distintos colectivos de inmigrantes a través de las embajadas y, al cada uno de ellos tener una porción de la ciudad, la cuidaban y mantenían generando paulatinamente un gran vínculo con la misma (Barranquilla es un buen ejemplo), además del tejido social que se generó despertando en muchos lo que hoy en Cartagena adolecemos: sentido de pertenencia, el cual permitirá vincularnos emocionalmente con nuestro territorio, con esos 572 kilométros de cultura, música, raza y vivencias.

Entre otras cosas curiosas de Curitiba podemos mencionar que cerca de 1.5 millones de árboles han sido plantados por voluntarios, eso da muestras de la intrínseca relación con sus habitantes; el tráfico de automóviles ha bajado casi un 30% desde 1974; la ciudad tiene el mayor porcentaje mundial de ciudadanos que reciclan, de hecho, más del 70% de la basura de la ciudad se recicla; y su crecimiento económico en los últimos 30 años es 7.1% mayor que la media nacional.

Para ejemplarizar: en las favelas de Curitiba, donde los vehículos de recolección de basura no pueden ingresar a las calles por falta de pavimentación, pequeños camiones están dispuestos a un masivo ‘intercambio verde’, el cual consiste en cambiar bolsas llenas de basura de los hogares de muchas familias con limitaciones económicas por bolsas de arroz, granos, huevos, plátanos y zanahorias, que la Alcaldía o Ayuntamiento compra a bajo precio del excedente de producción de la zona. Los resultados impactan en dos direcciones: una de ellas es mejor salud pública y, la otra, una mejor nutrición.

Ahora bien, las soluciones salomónicas en temas urbanísticos no existe, a Curitiba le tomó más de 40 años levantarse como la ciudad que es y, no podemos pensar que solo un período de alcalde y gobernador podrá solucionar todo el atraso que presentamos. Definitivamente, la escogencia de un(a) audaz, inteligente, objetivo(a)  y preparado(a) ciudadano(a) podría ser un buen inicio en un viaje que podría tomarnos no menos de dos décadas para que veamos resultados de importancia.

Cartagena también puede ser como Curitiba, una ciudad que ahuyente a los héroes de las redes sociales, a esos caudillos del internet, capitanes araña y chapulines colorados que no son otra cosa que espantapájaros del desarrollo; lo cual, solo será posible con el concurso de todos.

Necesitamos que esos nuevos liderazgos salgan del sector productivo, empresarial, de las universidades y barrios, para que de una vez por todas podamos asumir los destinos de nuestra ciudad y poder de esta manera convertirla en una ciudad avante, vanguardista y verdaderamente fantástica.

Ingeniero Civil, Especialista y Magister, Formulador y Gestor de Proyectos y exsecretario de Planeación, Infraestructura y Desarrollo Económico de Magangué

@ArnaldojBarreto

 

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