La seguridad nacional de Colombia en riesgo

Por Fernando Guerra Rincón *

A partir de la proclamación de Juan Guaidó en enero pasado como presidente interino de Venezuela, la crisis venezolana se profundiza con inusitada rapidez y la situación de Colombia en esta coyuntura es especialmente delicada y peligrosa. La creciente internacionalización de ese conflicto y el papel protagónico que, con enormes riesgos ha asumido el gobierno Duque, y la confluencia en el tiempo del terrible atentado terrorista perpetrado por el ELN en las instalaciones de la Escuela Nacional de Cadetes, le confieren al problema con el vecino país una enorme complejidad, que pone en alto riesgo la seguridad nacional.

La presencia del ELN en territorio venezolano, con la benevolencia del gobierno Maduro, hace que las actuaciones de este grupo demencial hagan parte del intricado proceso de descomposición del gobierno de la fracasada revolución bolivariana. En las difíciles circunstancias actuales, ojala el problema de Colombia y Venezuela fuera solo en torno al enfrentamiento entre dos modelos económicos que en ninguno de los dos países ha traído ni el desarrollo ni el bienestar.  O sobre los problemas limítrofes, que salvo escaramuzas, no ha llevado hasta ahora a ningún enfrentamiento militar. De hecho, Chávez y Uribe, a veces entre empanadas y chocolate santafereño, y a veces entre improperios, pudieron convivir y a punto se estuvo que PDVSA fuera socio de la refinería de Cartagena. Con Santos, Chávez fue su nuevo mejor amigo.

No. El problema de Venezuela y su áspera relación con Colombia en los últimos años se explica por la agudización de la crisis económica y social del vecino país y el papel que ha asumido el gobierno colombiano de servir de alfil del interés norteamericano en la región en su puja geopolítica con los grandes poderes emergentes, China y Rusia, en un mundo donde la posibilidad de un conflicto global son crecientes por las hondas desigualdades sociales que exacerban el nacionalismo, apuntalan los sentimientos antiglobalización y las políticas de austeridad desgarran el tejido social en todo el planeta.[1]

En África, Asia, en el mar de China meridional, en el Medio Oriente, en Europa, en Centro y Suramérica, los movimientos de estos actores globales obedecen a alistamientos y ensayos de guerra en punto a dirimir su supremacía global. En nuestro hemisferio, desde Alaska hasta Tierra del Fuego, se está dibujando el mapa de uno de esos frentes de guerra. En Nicaragua, con sus sátrapas de la nueva era, en Venezuela con Maduro que baila sobre su tragedia y la del pueblo venezolano, en Colombia, con su tradicional abyección al imperio.

Ningún lugar en la tierra está hoy excluida de la posibilidad de una guerra global. Los avances tecnológicos aplicados a las técnicas de matar acercan dramáticamente las regiones estratégicas y los lugares de la carnicería, que suelen ser los mismos. En Venezuela, los Tupolov rusos tienen a tiro  de as a Bogotá, a Barranquilla, al nuevo y al viejo  puente Pumarejo, a Cartagena y su ciudad vieja, a Mamonal. Son escenarios probables de la intención norteamericana de la reconquista estratégica de Venezuela hoy en manos de sus acérrimos enemigos globales: Rusia y China.  Estados Unidos ha dejado claro que todas las acciones están sobre la mesa.

Colombia y Venezuela son simplemente fichas del ajedrez de los intereses políticos globales arropados en el discurso de la la democracia, la autodeterminación nacional, los derechos humanos, la ayuda humanitaria, el socialismo del siglo XXI, la libertad de los mercados. Al otro día de su posesión, Bolsanaro tuvo que salir a desmentir que Estados Unidos va a montar una base militar en su territorio. Del otro lado, de Rusia, se dice lo mismo: Que Venezuela está firmando, o ha firmado ya, tratados militares con Rusia que incluye instalaciones militares y bases navales que resultan claves en la estratégica global rusa. Por lo menos cuatrocientos cosacos paramilitares contratistas exmilitares en sus guerras en Siria y Ucrania  cuidan a Maduro[2].

Rusia no caña: Ha sobrevolado con sus aviones de guerra suelo colombiano en momentos álgidos de la confrontación del país con Venezuela y Nicaragua para dejarnos en claro con quien está. En la actual situación, donde el joven Juan Guadió rompió la inercia de la dispersa oposición y desafía a Maduro como no se había visto antes, Rusia posó sendos aviones de guerra en Maiquetía y Putin le ha confirmado a Washington, sin ambages, que no se meta con Venezuela. Dudo que China esté dispuesta a perder sus ingentes inversiones en la patria de Bolívar sin mover un dedo.

El alineamiento de la revolución bolivariana con unos de los lados de la ecuación del poder mundial a causa de su profunda fracaso, no pasa desapercibido por Washington, que a pesar de estar a la defensiva en el que fue hasta hace algún tiempo su segura retaguardia, donde la lumbre de la doctrina Monroe, de América para los americanos, se apagó para siempre[3], no va a dejar que ese enclave de riqueza que es Venezuela se lo quiten de la mano sin ninguna resistencia.

La Casa Blanca acaba de escalar la ofensiva contra Maduro. Congeló los activos de PDVSA en su territorio y prohibió a sus nacionales hacer negocios con la arruinada estatal petrolera venezolana y en una comparecencia del asesor de Seguridad Nacional gringo, John Bolton, dejó ver en una libreta un anuncio macabro: 5.000 soldados en Colombia.[4]

No veo en el escenario de tan compleja realidad, voluntad de negociación en Maduro ni en la oposición venezolana. Sus exigencias incluyen su retiro del poder. Maduro ya los ha burlado en el pasado reciente. Y las fuerzas militares que sostiene al régimen están tan comprometidas con el desastre de Venezuela que su suerte, en caso de que se desgaje Maduro del árbol del poder, está en los tribunales de la Corte Penal Internacional. Washington les ha ofrecido garantías a la cúpula militar venezolana.

Lo mejor que le puede pasar a Venezuela es que la Fuerza Armada Nacional Bolivariana, FANB acepten la oportunidad de la Ley de Amnistía que ofrece Juan Guaidó, un liderazgo fresco frente a las torpezas de Maduro a quien a cada momento se le sale el guache. Su dialéctica es el cuartel, la violencia  y el insulto, como cuando irrespeta al país: Colombia no tiene nada que ofrecer sino cocaína.

El régimen bolivariano no tiene como sostenerse en el poder sino por medio de una sangrienta guerra civil entre hermanos de una misma patria. Maduro ha armado a sus adeptos. O a costa de una intervención militar norteamericana de resultados inciertos que prolongará la agonía de una población empobrecida en medio del charco de petróleo más grande del mundo.

Chávez y después Maduro, dilapidaron la bonanza de los precios del petróleo cuando producían más de tres millones de barriles a más US120 el barril. PDVSA es una ruina y el precio del barril ronda los setenta dólares con tendencia a la baja por la enorme producción petrolera norteamericana que hoy alcanza los once millones de barriles y que para el 2025 superaría la producción de Arabia Saudita y Rusia juntos.[5] La producción petrolera venezolana es casi la misma de Colombia[6] y está comprometida para pagarle a los rusos y a los chinos por la bomba de oxigeno que le presta a la Venezuela de Maduro.

Es muy difícil pronosticar cual sea el desenlace de la crisis y cuando caiga Maduro, pero su situación es insostenible. Los aprestos alrededor del suministro de la llamada ayuda humanitaria puede ser la chispa que incendie la pradera: Maduro militariza la frontera con Colombia en Cúcuta y amenaza con sus misiles. Guadió dio un plazo determinante para su entrada, el 23 de febrero, y dejo escurrir la posibilidad de solicitar una intervención norteamericana. Que Colombia sea la punta de lanza de la denominada ayuda humanitaria nos coloca a las puertas de un conflicto binacional con implicaciones internacionales y enormes riesgos para la seguridad del país. Para Maduro aceptar la ayuda humanitaria es un asunto de honor. Sería el reconocimiento al fracaso absoluto de la administración económica de uno de los países más ricos del mundo.

El creciente respaldo internacional al presidente interino Juan Guaidó aprieta el círculo sobre un régimen que se tambalea en su propia ineptitud y en una orgía de corrupción que impidió hacer de su enorme riqueza petrolera una economía y un país viable.

[1] Sholomo Ben Ami, El alto riesgo de un conflicto global en una era de extremos, El Tiempo, A fondo, diciembre 29 de 2108, Pág. 2.2.

[2] https://www.milenio.com/internacional/latinoamerica/venezuela-rusos-protegen-a-nicolas-maduro

[3] Parag, Khanna, El segundo Mundo, Taurus, 2008. Especialmente el capítulo El fin de la doctrina Monroe, Pags. 172-232.

[4] Con sanciones a PDVSA, EE.UU. pone más presión sobre Maduro, El Tiempo, 29 de enero de 2019, pág.1.9

[5] EE. UU. llegaría hasta 24 millones de barriles día, Portafolio, 25 de enero de 2019, Pág. 18.

[6] Colombia superaría a Venezuela en la extracción de crudo, Portafolio, 14 de enero de 2019, Pág. 17.

* Economista, magíster en Estudios Políticos y Económicos de la Universidad del Norte, profesor universitario y autor de varios libros, entre ellos: La geopolítica del petróleo y el cambio climático, Universidad de Antioquia, 2010.

 

 

1 Comment

  1. Rafael Antonio Camacho Castillo dice:

    Hola excelente material del profesor Fernando Guerra felicitaciones un cordial abrazo atte RCamachoC

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