La ciudad de la ciudadanía

Por Mercedes Posada Meola *

No vender la conciencia. Este es el primer paso para ejercer una ciudadanía responsable y hacer parte del cambio que reclama Cartagena, una ciudad de luces y sombras sobreviviente a su tragedia social entre la resistencia y la desesperanza.

Desesperanza porque como ciudadanos sentimos impotencia ante la falta de legitimidad de las instituciones: Un Concejo Distrital reducido a su mínima expresión, sin una vocería importante para hacer su tarea de control político. Una gestión pública siempre interrumpida y con planes de desarrollo inconclusos. Una infraestructura educativa que en cualquier momento se desploma como se derrumban las ilusiones de una Cartagena libre y próspera. Unos servicios públicos costosos y muchas veces deficientes. Y una sociedad civil adolorida, resignada a la indolencia de una sociedad que profundiza sus heridas en el racismo, la homofobia, el clasismo y la exclusión.

Pero al margen de la tragedia descrita, hay una ciudad que resiste, que florece, que nace en la esperanza de quienes no bajan los brazos. La ciudad del Movimiento Social de Mujeres que marchan para exigir derechos y defender la paz. La ciudad que grita igualdad y se para en la raya contra toda forma de discriminación y homofobia. La ciudad de los ciudadanos que votan libres aunque les ofrezcan dinero a cambio de su voto. La ciudad que sueña con ser una sola en la que todos podamos convivir. La ciudad que rechaza la injusticia, que se opone a la violencia, que ya no come de cuentos.

Esta ciudad, la nueva Cartagena, la que emerge en los sectores populares, en la alegría de la champeta y la cultura, la de la gente honesta y trabajadora, merece un nuevo destino. El cambio podrá palparse cuando la sanción social le pase factura a los que han llegado al poder para desangrar las finanzas públicas y pierdan los espacios políticos de los que se han adueñado a punta de clientelismo. Lo veremos en los nuevos liderazgos que nacen desde las comunidades para transformar la vida de la gente, en los movimientos sociales que se consolidan en la democracia, en los jóvenes, que verán un futuro posible.

Sólo una ciudadanía activa, comprometida, fuerte, decidida y unida será capaz de jalonar procesos sociales profundos, que van mucho más allá de los renombrados megaproyectos con los que muchos piensan se solucionan los problemas. La verdadera revolución pasará por la oportunidad de participar en las decisiones públicas, por alzar la voz sin miedo y ganarle a la indiferencia. Cartagena puede ser la ciudad de la ciudadanía.

* Comunicadora social. Magister en desarrollo social.

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