Literatura, feminismo y Chimamanda en el Hay Festival Cartagena 2019

Por Ángelica Villalba Eljach *

Esta será una de las tantas entradas que veremos por estos días a propósito de la visita de Chimamanda Ngozi Adichie a Cartagena de Indias – Colombia-, en el marco del Hay Festival Cartagena 2019. Quienes conocemos algo de la obra de la autora nigeriana reconocemos en su tinta, y posteriormente en su voz, la fuerza necesaria para hablar de feminismo, educación e igualdad que ha permeado su discurso.

Recuerdo que la primera vez que escribí sobre ella lo hice para reseñar su libro ‘Medio Sol Amarillo’ en mi blog (www.medijeamimisma.com), posteriormente hablé de este mismo libro en la sesión de radio ‘Cultura en Cursiva’ de UdeC Radio; gustó tanto ese programa que la audiencia nos pidió saber más acerca de la autora y decidimos hacer un especial sobre ella. En ese momento estudié lo necesario para decidirme a leer otros de sus libros, a escuchar sus Charlas TED y a seguir su cuenta de Instagram, en donde me di cuenta que además de ser una afamada escritora y feminista, es un ícono de la moda.

Hasta donde voy en este artículo, se tendría material suficiente para orientar las dos charlas del pasado fin de semana con ocasión del Hay Festival. De la primera charla se ha criticado la pésima moderación de la cronista mexicana Alma Guillermoprieto, y sostengo que ha sido uno de los momentos más incómodos que he podido vivir asistiendo a este evento.

La crítica generalizada es que Alma no es lo suficientemente feminista para entrevistar a Chimamanda pero esto es un error a mi juicio; sus crónicas dictan lo contrario, el problema que identifiqué en la moderación de Alma fue no preparar su momento, se notó el desconocimiento sobre la obra literaria de la escritora nigeriana, y le faltó contexto sobre el público asistente.

Aunado a lo anterior, con Chimamanda se inauguró la Cátedra Gabriel García Márquez en el marco del Hay Festival; durante 15 minutos la escritora contó de su experiencia como lectora cuando descubrió la obra de Gabo, entre otros temas; y si bien las preguntas sobre Gabo hubieran sido secundarías en el marco de lo esperado, la moderadora no se molestó en preguntar, por ejemplo, si había leído otros libros de Gabo aparte de ‘Cien años de soledad’, o si tal vez, estar en Cartagena le significaba algo en relación al realismo mágico garciamarquiano…

La conversación entre Alma y Chimamanda hubiera sido aceptable y sin objeto de críticas si la misma se hubiera desarrollado a puertas cerradas, si la gente no hubiera pagado por ir a escuchar a la nigeriana.

Soy de las personas que cree que traer a estos personajes debe ser aprovechado para ‘el cliché’, para que todos, tanto mujeres como hombres, escuchen en vivo y en directo el mensaje de Chimamanda, ese mensaje que dicta que se pueden defender los derechos de las mujeres desde unos tacones de muchos centímetros de alto con la boca pintada y con unos espectaculares aretes; que las cargas del hogar deben ser divididas por igual y que las mujeres deben despojarse del temor de querer trabajar, estudiar y tener una familia al tiempo, porque se debe partir de la base de la igualdad, donde los hombres ayudan en la casa y en la crianza de los hijos; que la negritud es concebida desde muchos pilares y que aceptarse negro es también tener la obligación de reclamar derechos desde la base del trabajo; que cada historia tiene varias verdades, que cada proceso carga consigo características y contextos que los haces ser únicos, y que por eso la lucha de las mujeres por conquistar la igualdad en el ejercicio de sus derechos puede demorar más en un lugar que en el otro, pero que justamente ahí, en la búsqueda de la igualdad, es donde las mujeres nos hemos sabido encontrar.

En mi caso, debo darme por bien servida, pues durante la mañana del sábado tuve la oportunidad de asistir a la rueda de prensa y ver cómo, pregunta tras pregunta, lo que durante mucho tiempo estábamos esperando fue real. Chimamanda habló en medio de tantas respuestas sobre educar, sobre el desafío que tenemos las familias para educar en la igualdad de deberes y derechos, si alguna vez queremos cerrar la brecha mental que existe entre mujeres y hombres debemos acabar con los estereotipos de que ciertas actividades solo pueden ser realizadas por niñas y otras solo pueden ser realizadas por los niños; del mismo modo, habló de los medios de comunicación, de la ficción que abunda en las redes sociales y del daño que esto está generando a las nuevas generaciones, entre otros temas, pero lo que atesoraré, como la apasionada por la literatura que soy, fue ese momento en el que la escritora nigeriana nos habló de alguno de sus libros.

Cuando escribió ‘Medio sol amarillo’ tomó como puntos de referencias a sus padres, en ese momento sentía una necesidad de volver a conectarse con la historia nigeriana, la que creía que se le estaba escapando de las manos, este es un libro muy político; cuando escribió ‘Algo alrededor de tu cuello’ fue un poco más crítica sobre la situación y dualidad que enfrentan inmigrantes en Estados Unidos, esos que se encuentran en búsqueda de la ‘propia identidad’, superando los tintes de la exclusión o del racismo. En esta obra nos podemos acercar tanto a personajes masculinos como femeninos y se rompe el estereotipo de que los africanos solo escriben para africanos y que las mujeres solo escriben para mujeres. Por último, Chimamanda nos habló del momento en que escribió Americanah, en ese momento la autora buscaba divertirse con el uso del lenguaje, con más experiencia y haciendo uso puntual de la cotidianidad escribió un libro que ha logrado conectar a muchas mujeres en todo el mundo, aquí sí escribió sobre raza, sobre clases sociales, sobre moda (entre líneas), y sobre feminismo puntualmente.

La cantidad de libros publicados de Chimamanda supera lo que hemos mencionado, pero caminando sobre las palabras que nos regaló en ese momento, queda evidenciada la universalidad de su obra literaria, razón por la que ha logrado atravesar fronteras e idiomas.

Posdata: A aquellas chicas que posan de feministas light, o de feministas fashionistas les hace falta mucha lectura, empezar por Chimamanda tal vez les sirva, para que no vayan maltratando a las mujeres que no han tenido la oportunidad de vivir en un mundo igualitario.

Es muy fácil decirse a sí mismas feministas si han nacido con derecho al voto, si en su casa se criaron con igualdad de derechos y deberes todos los hermanos, si han podido ocupar cargos con igual tipo de responsabilidades que los hombres, si no son juzgadas por no querer hijos, si han viajado solas por donde han querido… esa, es una vida muy diferente a la mujer que tiene que levantarse todos los días a vender empanadas para poder asegurar al menos el bachillerato del mayor de sus hijos, y este es solo uno de tantos ejemplos.

* Internacionalista de la Universidad del Rosario; Master en Análisis de problemas políticos y económicos contemporáneos de la Universidad Externado de Colombia y la Universidad de París III – Sorbona Nueva; Correctora de estilo de la Escuela Cursiva de la editorial Penguin Random House.

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